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@camila_mendoza

MIAMI.- “Dos tercios de los trabajos que se crean en EEUU, requieren de educación post secundaria. Es decir, si una persona simplemente se conforma con un diploma de High School va a ser parte de un círculo de pobreza por el resto de su vida”.

Con estas palabras el Dr. Eduardo J. Padrón, presidente del Miami Dade College desde el año 1995, instala el debate sobre la democratización del acceso a la educación superior. Misión de vida que lo ha hecho merecedor de múltiples reconocimientos y con la que rinde honor a sus padres, quienes teniendo apenas 15 años lo impulsaron a partir de Cuba a EEUU, en la década del 60 durante la operación Pedro Pan.

“Fue un episodio difícil, pero tuve la fuerza para afrontarlo gracias a la promesa que le hice a mis padres. A quienes les dije que iba a esforzarme por ser un hombre de bien. Todo lo que en la vida vale la pena es la perseverancia, la fe y los sacrificios. Eso es lo que nos define e impulsa a movernos hacia adelante”, dijo Padrón a DIARIO LAS AMÉRICAS, al ser consultado sobre uno de los episodios más dolorosos de su vida.

“Me ayudó en aquella época darme cuenta de que en la vida siempre hay gente que está peor que uno, y darle gracias a Dios todos los días por las bendiciones”.

EDUCACIÓN PARA EL FUTURO

Visionario, original, audaz y profundamente apasionado. Eduardo J. Padrón ha sido capaz de adentrarse en las honduras del sistema académico americano, cuestionando a importantes líderes políticos sobre qué queremos enseñar, hacia dónde vamos como país y cuál es nuestro horizonte cuando hablamos de educación.

“Nuestro mayor desafío es darnos cuenta de que es un deber brindar a la gente carreras universitarias -cortas o largas- que preparen a la población para funcionar eficazmente en el siglo XXI, y en medio de un mundo globalizado donde la actividad tecnológica reina en todos los empleos”.

“Uno de los mayores problemas que tenemos hoy es que el costo de las carreras es casi imposible de cubrir para la gran mayoría de las personas. Además, hay un sentido elitista en los establecimientos en términos de a quién se le da entrada y a quién no”.

“No podemos conseguir prestigio en base a cuántas personas excluimos de nuestros establecimientos, por eso la misión del Miami Dade College es seguir siendo una incubadora de inclusión y de sueños, capaz de reconocer que el talento es universal, a pesar de que las oportunidades en muchos lugares sean escasas”.

EL ABRAZO DE SU COMUNIDAD

Para Eduardo J. Padrón la pedagogía, más que ser una ciencia, es un arte. Casi un sacerdocio, así lo denomina. Razón que lo ha llevado a consagrar al MDC como el hogar de miles de familias de inmigrantes. Hecho que lo ha hecho merecedor de la medalla de la libertad, el más alto honor civil que entrega el gobierno de EEUU, entre otros importantes galardones al que ahora se suma su reciente reconocimiento tras ser electo miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

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Para Eduardo J. Padrón la pedagogía, más que ser una ciencia, es un arte.
Para Eduardo J. Padrón la pedagogía, más que ser una ciencia, es un arte.

“Cada vez que me honran pienso en mi madre. Ella ha sido mi inspiración toda la vida, ya que a pesar de que solo pudo conseguir hasta un tercer grado, fue la mujer más brillante del mundo. Siempre me inculcó la importancia de la educación: ‘Para ser libres hay que educarse’, me decía, y esa frase siempre quedó conmigo”, recordó.

“Formar parte de la Academia Americana de Artes y Ciencias es un gran honor en mi vida. Un reconocimiento que muy pocos reciben de manos de esta organización que fue fundada por John Adams y otros padres de la patria”.

“Este año fueron aceptados por la academia el presidente Barack Obama, la jueza de la Corte Suprema, Sonia Sotomayor, la viuda de Steve Jobs, así que fue un grupo formidable del que me sentí muy orgulloso de formar parte”.

“Siento que es un premio a nuestra comunidad y al esfuerzo que los inmigrantes realizamos cada día”, dijo Padrón, sin dejar de mencionar otro gran reconocimiento que se ha convertido en su motor de vida.

“El premio más importante que recibo es la bondad de tanta gente. Me conmueve cuando se me acercan las personas más humildes. Cuando me paran en la calle y me dicen: ‘Gracias al Miami Dade College cambió mi vida’. Eso me emociona y es la única razón por la que estoy aquí, porque esta institución abre caminos y aplaude el éxito de quienes perseveran”.

SU GRAN BATALLA

Consciente de que su trabajo es vital para el desarrollo no solo de Miami, sino del país, el Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior es la gran batalla que librará toda su vida, una que lo ha llevado a convertir -junto a un equipo de profesionales que comparten su pasión- al Miami Dade College en la universidad más democrática del país.

En el Sur de La Florida, más de 2 millones de personas han pasado por esta institución, consagrándola como la casa de estudios con más estudiantes, y de la que más hispanos y afroamericanos gradúa.

Sin duda, la primera experiencia universitaria para miles cubanos y extranjeros, hecho por el que cinco presidentes de EEUU, han reconocido la incansable labor del Dr. Padrón.

“Todos los líderes con los que me he sentado a hablar de educación me han impactado e inspirado, porque cada uno de ellos es muy diferente en su manera de afrontar las situaciones y de ver el mundo. He aprendido mucho en ese sentido de los presidentes con los que he trabajado”.

¿Hay algún presidente o líder con el que jamás se sentaría a platicar? -le consultamos.

“No, yo creo que sería un gran error. Hasta con los enemigos hay que hablar y colaborar, porque a través de la conversación y el intercambio de ideas se puede trasformar la forma de pensar de la gente”.

“Yo no le cierro la puerta a nadie que piense distinto a mí, eso sería un gran error”, respondió, agregando a que pesar que se ha sentido agredido por muchas de las declaraciones del presidente Donald Trump, tampoco descarta buscar consensos con él.

“Me he sentido tocado como inmigrante, sería muy hipócrita si no lo digo. Este fue un país fundado por inmigrantes que se ha nutrido de ellos. Nuestra diversidad cultural es lo que nos ha hecho grandes como nación”.

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El Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior es la gran batalla que librará toda su vida.
El Dr. Padrón reconoce que romper el elitismo de la enseñanza superior es la gran batalla que librará toda su vida.

“Estas políticas que se han implementado en los últimos dos años por parte del presidente son muy mal aconsejadas. Desconocen y ofenden a aquellas personas como yo, que vienen con el mejor espíritu de lograr el sueño americano, de contribuir al país y cuidar a sus familias”.

DE ECONOMISTA A DOCENTE

El presidente Barack Obama dijo que el Miami Dade College era una fábrica de sueños, ¿cómo lo definiría usted? – le consultamos.

“Yo creo que el presidente dio en el clavo. Aquí vienen individuos de todas las razas, religiones y continentes. De todos los estratos sociales y económicos, y encuentran un lugar que les da la mano, que los acoge y los acompaña. Por eso esta institución ha sido la cuna de los líderes más importantes de nuestra comunidad en el sector público y privado”.

“Yo me siento parte de ese grupo, porque el Miami Dade College fue la única universidad que me abrió las puertas. Si MDC no hubiese existido yo no estaría aquí. Ellos fueron la puerta de entrada para todo lo que yo represento, y por eso siento esta pasión tan grande por esta institución”.

“Yo traté de entrar a muchas universidades. Todos mis ahorros de 4 y 5 empleos limpiando inodoros, lavando carros, etc., lo gasté pagando cuotas de aplicaciones que fueron rechazadas. La única universidad que me abrió las puertas fue el Miami Dade College y por eso estoy eternamente agradecido”, confesó el Dr. Padrón, para quien su idea del sueño americano también fue moldeada por esta institución.

“Yo quería ser un empresario muy rico, pero gracias a que unos profesores me incentivaron a venir a MDC a enseñar y retribuir a la institución lo que había recibido de ella, fui capaz de darme cuenta de que esto era lo que quería hacer el resto de mi vida: ayudar a educar”.

“El poder de un profesor es inmenso. Inspirar, moldear las mentes y dar un mensaje de esperanza se convirtió en mi gran vocación y en mi religión. Me siento el hombre más afortunado del mundo por hacer lo que hago y trabajar en un lugar en el que se cambian las vidas de miles de personas todos los días”.

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