MIAMI.- La proporción de personas de la tercera edad aumenta constantemente en todo el mundo. Se prevé que entre 2019 y 2050 esa proporción se duplicará. Si hablamos de cifras absolutas se cree que pasemos de los 900 millones actuales a 2.000 millones de personas mayores de 60 años.

Con la edad las personas son más propensas a contraer alguna enfermedad o sufrir trastornos mentales. Más de un 20% de las personas mayores de 60 sufre algún trastorno mental.

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El impacto de las enfermedades mentales en este grupo de edad es tal que un 6.6% de la discapacidad en los ancianos se debe a trastornos mentales.

El 3.8% de este grupo poblacional está afectado por trastornos de ansiedad. El 1% abusa de sustancias psicotrópicas y el 25% de las muertes por daños autoinflingidos corresponden a personas mayores de 60 años.

Este es el panorama que rodea a la vejez. La dependencia es la condición hacia la que se dirigen muchos de los adultos mayores.

La dependencia

Las personas mayores forman parte del grupo de población más vulnerable. En esa etapa de la vida los trastornos mentales representan el principal impedimento para conservar la autonomía.

Por lo tanto, la enfermedad mental en los mayores les inhabilita y les obliga a depender de los cuidados ajenos.

En esta etapa, los trastornos mentales más prevalecientes son la demencia, que impacta al 5.8% de los ancianos; la depresión mayor, que sufre el 2%; y la distimia (un tipo de trastorno afectivo) que padece el 2%.

En la actualidad, el número de personas de la tercera edad que presentan algún tipo de demencia es bastante elevado. Hace unos años esto era una situación compleja de sobrellevar. Hoy día, existen políticas públicas y programas de salud encaminados a mejorar la calidad de vida de aquellos adultos mayores con dependencias debido a trastornos mentales.

Los ancianos afectados por la pérdida o debilitamiento de las facultades mentales pueden sufrir diferentes tipos de demencias como el Alzheimer y la Demencia Vascular.

El Alzheimer es responsable de entre el 60 y 80% de los casos de demencia. Desafortunadamente no tiene cura, pero hay algunos tratamientos que pueden ralentizar el avance de la enfermedad.

Por su parte, la Demencia Vascular es una pérdida gradual y permanente del funcionamiento cerebral que afecta al habla, la memoria, el pensamiento y el comportamiento. La demencia vascular es causada por una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares que lesionan zonas del cerebro.

Cuidados en instituciones sanitarias

Las enfermedades mentales de las personas de la tercera edad muchas veces obligan a la familia a asumir el cuidado de su ser querido mucho antes de que intervengan el personal sanitario experto o las instituciones sanitarias.

Cuando la familia asume el cuidado de su ser querido dependiente por enfermedad mental, esta situación le genera mucho sufrimiento, sobre todo cuando la dependencia del ser querido excede la capacidad de la familia.

En esta situación es imprescindible contar con un servicio de cuidados especializados que asuma la atención del ser querido. Este personal será capaz de detectar y tratar rápidamente los trastornos mentales y neurológicos de los ancianos bajo su cuidado.

Un cuidado especializado puede mejorar la salud física y mental del anciano. Puede detectar y atender las enfermedades mentales que padezca y sirve para detectar y tratar los síntomas del comportamiento que puedan revelar una enfermedad mental. En caso de enfermedades crónicas la atención especializada ayuda a su control.

Cuidado en casa

No obstante existen familiares que prefieren cuidar a los seres queridos afectados por la demencia.

Es muy difícil comunicarse con una persona que padece de demencia. Existen algunas técnicas de comunicación que pueden disminuir el estrés durante el tiempo que duren los cuidados y mejorar la relación con el ser querido afectado por la demencia.

Se debe generar un entorno positivo para abordar las interacciones con el ser querido bajo su cuidado. Para ello debe hablarle de manera agradable y respetuosa. Se debe controlar el tono de la voz y recurrir al contacto físico para trasmitir un mensaje de cariño.

Es importante lograr que la persona afectada de demencia le preste atención. Para ello debe reducir las distracciones y los ruidos del entorno. Por ejemplo, antes de interactuar con ella puede apagar el televisor, o cerrar las ventanas si por ellas entra mucho ruido. Se debe crear un ambiente y antes de hablar debe asegurarse de que el ser querido le está prestando atención.

Para comunicarse con una persona con demencia es clave utilizar lenguaje sencillo. Si su ser querido no le entiende, repetir lo dicho, utilizando las mismas palabras.

Otro consejo útil es organizar las actividades en una serie de pasos. Primero esto y después lo otro. Si al ser querido se le olvida algún paso por muy sencillo que sea recuérdeselo o ayúdele con mucha paciencia.

En muchas ocasiones la persona con demencia se siente confundida, ansiosa e insegura. Puede confundir la realidad y hacer referencia a hechos que jamás ocurrieron. Sin embargo, lo aconsejable es evitar persuadirlo de que están equivocados. Al contrario, busque una conexión sentimental. Demuéstrele apoyo y serenidad. La palmadas, los apretones de mano, los abrazos y los elogios suelen funcionar.

Cuando estamos cuidando a un ser querido con demencia surgirán momentos difíciles. Lo importante es distraerlo. Si lo nota nervioso o algo disgustado, lo recomendable es cambiar de entorno o de tema. Salir a dar un paseo suele ayudar. Lo más importante es mantener la comunicación emocional y ser muy comprensivo.

Hay comportamientos problemáticos que pueden ser muy difíciles de tratar por una persona sin conocimientos especializados.

Quienes padecen de demencia pueden llegar a deambular de forma errante, podrían llegar a padecer de incontinencia, son personas fácilmente irritables, pueden repetir la misma palabra muchas veces. Algunos sufren de paranoia desconfían del quienes le cuidan y lo más doloroso es que a veces les acusan de robo o maltrato. Muchos tienen dificultades para alimentarse y algunos no guardan las normas de higiene socialmente aceptadas.

Para cuidar a un anciano con demencia es necesario preparar el entorno familiar, apelar a la responsabilidad, al humor, al amor y a los consejos del personal especializado.

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