MIAMI.- El padre Fernando Hería, figura entrañable del exilio histórico y brújula espiritual para la comunidad cubana en el sur de la Florida, falleció el martes en Miami, a los 75 años.
El sacerdote y exrector de la Ermita de la Caridad murió a los 75 años; deja un legado de patriotismo y servicio tras una vida que transitó entre el Ejército, la abogacía y el sacerdocio
MIAMI.- El padre Fernando Hería, figura entrañable del exilio histórico y brújula espiritual para la comunidad cubana en el sur de la Florida, falleció el martes en Miami, a los 75 años.
La Arquidiócesis de Miami confirmó el deceso del presbítero, quien tuvo bajo su custodia el corazón del exilio al servir como rector del Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad entre 2017 y 2022.
Su partida no solo representa una pérdida para la Iglesia, sino que marca el cierre de un ciclo para una feligresía que encontró en él a un pastor singular, capaz de conjugar la firmeza de la ley con la infinita misericordia del Evangelio.
El sacerdote Alberto Cutié escribió en Facebook: "Un buen amigo ha muerto. Murió un gran sacerdote, un hermano y un buen amigo: el padre Fernando Hería (75). Descanse en paz este gran hombre de Dios".
Aunque acumuló títulos académicos y reconocimientos profesionales, Hería siempre prefirió la sencillez. En una recordada entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, el sacerdote se definió a sí mismo con una palabra que resumía su identidad: "guajiro".
Con este término, aludía a sus raíces en el campo cubano y a su conexión con la gente común, lejos de las pretensiones que a menudo acompañan al éxito.
Esa humildad marcó su estilo pastoral, caracterizado por un lenguaje directo y cercano que resonaba tanto en los exiliados de la vieja guardia como en los recién llegados.
Hería nació en Pinar del Río, Cuba, el 13 de octubre de 1950. Su vida cambió radicalmente a los 11 años, cuando el comunismo lo obligó a abandonar su tierra.
A diferencia de los miles de niños que salieron solos bajo la Operación Pedro Pan, él logró viajar a Estados Unidos acompañado por sus padres, Ángel Manuel y Adelaida, y su hermana.
La familia se estableció en el sur de la Florida, donde el joven Fernando se integró a la cultura estadounidense sin perder su esencia cubana.
Se graduó de la Hialeah High School, una etapa que cimentó su arraigo en la comunidad de inmigrantes trabajadores de esa ciudad.
Antes de su vida religiosa, Hería recorrió un camino secular intenso. Sirvió con honor en el Ejército de los Estados Unidos, una experiencia que forjó su disciplina y patriotismo.
Posteriormente, se dedicó al estudio de las leyes y ejerció durante 13 años como abogado defensor criminalista.
En los tribunales conoció de primera mano las complejidades de la condición humana, una escuela de vida que más tarde enriquecería sus homilías y consejos en el confesionario.
El llamado al sacerdocio llegó en la madurez. A los 40 años, decidió dejar atrás su carrera legal para ingresar al seminario.
Fue ordenado sacerdote en 1996 y sirvió en diversas parroquias, destacando su largo periodo en la iglesia St. Brendan. Sin embargo, su rol más visible llegó en 2017, cuando asumió la rectoría de la Ermita de la Caridad.
Desde ese púlpito, defendió incansablemente los derechos humanos en Cuba y mantuvo al Santuario como un faro de esperanza y cubanía.
Tras su retiro de la Ermita en 2022, continuó su labor como juez en el Tribunal Metropolitano de la Arquidiócesis, donde aplicó su experiencia jurídica en el derecho canónico.
Los detalles sobre sus exequias se darán a conocer en las próximas horas, mientras la comunidad llora al "cura guajiro" que nunca olvidó de dónde venía.
