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Con la extensión a Miami Beach, Bal Harbour y Surfside del impuesto a las bebidas y alimentos que se cobran en los restaurantes y otros establecimientos, se recogerán al año entre 5 y 6 millones de dólares que van a las arcas del Homeless Trust de Miami-Dade (HT).

Estos nuevos recursos complementarán los ya existentes para intensificar la tarea de sacar de las calles a los últimos indigentes que quedan en el Condado Miami-Dade. Y una de las claves es el modelo de la “primera vivienda”.

“Es un modelo muy costoso, pero es la única manera que, en el ámbito local y nacional, recomiendan los expertos si se quiere poner fin a la indigencia y lidiar con los desamparados crónicos, quienes son los más difíciles de arrancar de las calles y atraerlos a los refugios temporales”, explicó Ron Book, presidente del HT.

La experiencia ha indicado que si a esos individuos que persisten en la indigencia no se les ubica en una vivienda estable, regresan a las calles. “El HUD (Departamento federal de Vivienda) nos ha presionado para ser más agresivos en llevar a los desamparados crónicos a tener un techo estable”, precisó Book.

Los costos

De los 1.008 desamparados que existen en Miami-Dade, el 70% son crónicos. De acuerdo con los cálculos de Book, la renta para cada uno de esos individuos tendría un valor de 12.000 dólares al año. Si a eso se le suman otros servicios, serían entre 17-18.000 dólares anuales.

“Vamos a redoblar nuestros esfuerzos y nuestro compromiso para poner fin a la indigencia”, enfatizó Book. Miami Beach es clave. Él cree que si se unen los recursos de ese municipio con los del Homeless Trust, no habrá desamparados en los límites de esa ciudad.

Book está convencido de que una inversión intensa en la estrategia de la primera vivienda o vivienda permanente, conducirá al éxito. “Debemos hablar con los propietarios de inmuebles, con los administradores de edificios de apartamentos para que tengan más unidades disponibles para nosotros”, recalcó el presidente del HT.

“Ellos tendrán un pago garantizado de la renta y la garantía, de nuestra parte, de que al final del contrato de arrendamiento se les devolverá su propiedad en la misma condición en la que fue arrendada para los indigentes. Tenemos un fondo para reparar los posibles daños”, puntualizó Book.

Una vivienda permanente requiere, al mismo tiempo, un trabajo estable, pero no sólo eso. “Es importante también entender que queremos reentrenar a estos individuos, de tal manera que queden en posición de aceptar un empleo”.

Eso quiere decir que aquellos individuos en tránsito de abandonar las calles, logren encontrar una ocupación que se ajuste a sus habilidades y destrezas. En últimas, se trata de que no abandonen ese empleo y, sobre todo, que sean exitosos.

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