MIAMI.- JESÚS HERNÁNDEZ
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@hesushdez
Los proveedores no logran repartirse el pastel que supone el sur de la Florida
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Corrían los años 1980 cuando la televisión por cable llegó a nuestra ciudad y propuso una variada programación que despertó el interés de quienes esperaban algo diferente a la propuesta convencional de antena. Hoy, tras 30 y tantos años de evoluciones, aquella oferta se convirtió prácticamente en una necesidad pública que tiene a los proveedores al mando de los precios y a los usuarios contra la pared.
“Entonces pagábamos apenas 10 dólares al mes. Es cierto que sólo teníamos 30 y pico de canales, pero hoy tenemos que pagar un precio 10 veces superior por 100 canales que no nos interesan”, manifestó a DIARIO LAS AMÉRICAS Carlos González, vecino de La Pequeña Habana, la barriada miamense que colinda con el centro de la ciudad.
El año pasado la fusión de Comcast y Time Warner Cable fue aprobada por Federal Communications Commission y con ella fue concebida la creación de un gigante que podría dictar pautas, a pesar de la existencia de las normas antimonopolio.
Según el estatuto establecido por esta agencia federal de comunicaciones, mejor conocida por sus siglas en inglés FCC, las autoridades municipales, sea ciudad o condado, deberían regular el servicio de televisión básica paga pero no están obligados a hacerlo.
Precios
“La tarifa por el servicio de televisión por cable y otras utilidades, como paquetes expandidos de canales, son establecidos por el proveedor”, reza el comunicado oficial de la administración federal. En otras palabras, el precio de la factura, salvo el impuesto municipal, además del estatal y el nacional, es únicamente fijado por la empresa que provee el servicio.
Por ejemplo, Comcast es la mayor compañía de televisión por cable en el país. También es la mayor proveedora de internet, la tercera abastecedora de teléfonos fijos en casa o negocios y, además, dueña y señora de NBCUniversal, la gran productora de televisión, cine y cable. No es sólo la gran empresa estadounidense, sino, también, la compañía de comunicaciones más grande del mundo con una ganancia superior a 7,000 millones de dólares al año.
“El gran corredor de Miami, que abarca prácticamente el 50% de la población, es atendido por Comcast. Esto no es fruto de favoritismo, sino que es la compañía que ha sido capaz de invertir dinero y expandir sus servicios como ninguna otra”, manifestó el gerente de ventas regional, Mariano Menéndez.
Al servicio de televisión por cable debemos añadir el coste de otras utilidades, como servicio telefónico, internet e incluso vigilancia contra robo, a cambio de obtener un descuento por 6 o 12 meses.
Hoy el servicio es prácticamente limitado a paquetes como única alternativa viable. Por ejemplo, 99 dólares al mes por 100 canales de televisión, internet 25Mbps y teléfono fijo con llamadas gratis dentro del país. Un año después la tarifa podría subir sorpresivamente a 150 dólares mensuales.
Sin embargo, si tiene la suerte de residir en una zona atendida por varios proveedores, podría tener la oportunidad de elegir, obtener un paquete similar por menos dinero o simplemente probar las alternativas hasta convencerse por sí mismo cuál es la mejor.
De cualquier manera, la fuerza de Comcast persiste ante el avance del servicio de televisión por satélite y algún otro proveedor menor. Aparentemente, AT&T U-verse y otros proveedores, como Atlantic Broadband, no cuentan con los medios para expandir su servicio y convertirse en las opciones que tal vez podrían frenar el alza de precios.
“Trabajamos constantemente para mejorar y proveer una red más amplia. Mientras tanto, sugerimos que estén al tanto de nuestra expansión”, manifestó el encargado de servicios y jefe de estrategias de AT&T Inc., John T. Stankey.
Reflexiones
Y mientras tratamos de digerir estas cifras, entendemos porqué David Cay Johnson, el cronista ganador del premio Pulitzer 2001 en finanzas, tituló su ensayo sobre la manipulación de servicios y precios The Fine Print: How Big Companies Use ‘Plain English’ to Rob You Blind, o la letra pequeña: cómo grandes empresas usan inglés sencillo para robar a ciegas.
Según Johnson, “ningún otro país moderno da tanta libertad a las corporaciones para manipular a los usuarios”.
De hecho, el ganador del premio Pulitzer 2001 cuestiona porqué el consumidor tiene que pagar una larga lista de cargos, por servicios que posiblemente no desee.
“Las empresas se dan cuenta que si añaden esos cargos por separado podrían aumentar el precio más tarde, sin que el cliente se moleste demasiado. Depende de ellos, nosotros, poner en práctica nuestros derechos y renombrar a las grandes corporaciones servidores y no hábiles maestros del manejo de la economía”.
