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MIAMI.- El fervor que le tienen numerosos cubanos y personas de otras nacionalidades a la Virgen de la Caridad quedó demostrado este domingo cuando miles de fieles se reunieron en el Wastco Center de la Universidad de Miami, para venerar en su día a esa representación mariana.

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La celebración de la Virgen de la Caridad, fechada por la Iglesia católica el 8 de septiembre, tuvo este domingo una atmósfera de fiesta que conjugó la fe por esa deidad, a la que se le atribuyen muchos milagros y favores, y el reconocimiento al legado de monseñor Agustín Román, primer obispo cubano en Estados Unidos, en sus 40 años de ordenación episcopal.

Cargada en hombros, como ya es costumbre todos los años, la imagen de la Virgen ingresó al escenario, en donde era esperada por los feligreses, principalmente cubanos que portaban elementos alusivos a la isla y a su religión, que hacían gestos de reverencia al paso de la emblemática figura.

“Cachita”, como la llaman con cariño sus devotos, recorrió los bordes del auditorio del claustro universitario y después ingresó por el pasillo central hasta un altar presidido en ese momento por el padre Fernando Hería, rector del Santuario Nacional Ermita de la Caridad.

Previo a la misa, el público pudo escuchar la interpretación del tradicional “Ave María”, en la voz del reconocido artista cubano Armando Terrón, quien fue precedido por el solista Enrique Estrada, con el tema “María”. Ambos artistas fueron aplaudidos largamente por el público.

Exaltación de monseñor Román

La eucaristía frente a más de 3.000 personas fue dirigida por el arzobispo de Miami, Thomas G. Wenski, quien elogió la trayectoria de monseñor Román, como el forjador del templo que hoy alberga a la imagen de la Virgen de la Caridad, que llegó a Miami en 1961.

En una publicación que fue distribuida entre los participantes en la fiesta religiosa, Wenski exaltó la campaña de “kilos prietos” (centavos) que emprendió en su momento el religioso Román, lo que permitió hacer realidad el proyecto de construcción de la Ermita de la Caridad, con la ayuda de firmas comerciales, personalidades de la vida pública y residentes de Miami.

El jerarca de la Iglesia católica en Miami recordó que en 2003 “él [monseñor Román] me abrazó, metió la mano en su bolsillo y presionó su rosario en mi mano. ‘Toma esto’, me dijo. ‘Este es mi rosario. Te lo doy a ti’. Qué hermoso regalo y qué gesto tan conmovedor”.

Entretanto, el padre Fernando Hería, en la misma publicación, reivindicó el “esfuerzo pastoral” de monseñor Román y “todo su trabajo evangelizador”, con “la libertad de Cuba” siempre en su mente.

Hería, parafraseando a monseñor Román, escribió que “la devoción a la Virgen de la Caridad ya no es solamente para cubanos, sino que los cubanos la celebran en todas partes del mundo y ya está el contagio de las cosas buenas”.

Reacciones y elogios

Uno de los asistentes a la ceremonia, el exalcalde de Miami y actual director de Radio Televisión Martí, Tomás Regalado, dijo que este día es muy importante porque se le hace un “merecido homenaje” a un religioso como monseñor Román, “que es nuestro obispo cubano”.

Agregó que “en Cuba y en otras partes del mundo, hoy los cubanos quisieron salir a las calles a expresar su rechazo a la persecución del régimen, y no lo pudieron hacer en la isla; por eso cada día se hace más necesario buscar los favores de la Virgen”.

Por su parte, el comisionado de Miami Manolo Reyes afirmó que “esta tradición se mantiene porque ella es la Virgen Mambisa, que siempre ha acompañado a los cubanos en todo momento”.

Recordó que durante la Guerra de Independencia de Cuba, “todos los cubanos, nuestros miamenses, se encomendaban a la Virgen, y siempre recibieron muchos milagros de nuestra Virgen de la Caridad. Yo soy un gran devoto de la Virgen”.

Como aspecto predominante cabe señalar que algunas mujeres lucieron prendas de vestir alegóricas a los girasoles, una flor que, junto al color amarillo, simboliza la creencia en Oshún, una deidad de la religión yoruba sincretizada con el catolicismo en Cuba.

Asimismo, un gran número de creyentes asistió a la celebración con ramos de flores amarillas en sus manos, mientras que otros feligreses exhibieron pinturas y afiches alusivos a la que también se conoce como la “Virgen de los Cubanos”.

La Virgen de la Caridad

Según la leyenda, la efigie de la Virgen fue avistada en el extremo este de Cuba por tres esclavos, uno negro y dos indios, quienes la encontraron mientras flotaba en las aguas del mar Caribe.

Los jóvenes, que habían ido en busca de sal, divisaron la imagen de la “Virgen” con el “Niño Jesús” en brazos cuando se acercaba flotando en una tabla, donde podía leerse la frase “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

Días más tarde, la figura fue trasladada a un hospital contiguo a una iglesia construida cerca de una mina de cobre, a unos 20 kilómetros de Santiago de Cuba. Hacia mediados del siglo XVII la imagen pasó a ser eje de veneración y culto en la zona.

Desde entonces, los cubanos descendientes de españoles (criollos) comenzaron a identificarse con esta creencia y la Virgen de la Caridad se convirtió en escudo espiritual de los mambises y “en referente de la nación que querían construir”, opina Emilio Cueto, en su libro “La Virgen de la Caridad del Cobre en el alma del pueblo cubano”.

En 1915 los veteranos de la Guerra de Independencia cubana escribieron al papa Benedicto XV para pedirle que proclamara a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba, como en efecto ocurrió el 10 de mayo de 1916.

Monseñor Román

Monseñor Agustín Román, quien falleció en 2012 y es conocido como el “Padre espiritual del exilio cubano” estuvo tan ligado a la Virgen de la Caridad del Cobre que fue el promotor de la construcción del Santuario Nacional de la Ermita de la Caridad, obra que se inició en 1967 y terminó en 1973, junto a la Bahía de Biscayne, en Miami.

Román llegó a Miami en 1966. Un año después fue nombrado párroco asistente de la Catedral de St. Mary, ubicada en noroeste de Miami. Luego el arzobispo Coleman Carroll le encomendó la construcción de la Ermita de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

En 1979, Román se convirtió en el primer cubano nombrado obispo en Estados Unidos, por designación del papa Juan Pablo II.

Su autenticidad, pasión por los desvalidos y amor por la comunidad que le abrió sus puertas lo convirtió en la voz más respetada entre los cubanos del exilio.

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