domingo 22  de  febrero 2026
Miami

"¿Miedo? Ni en la pandemia", así piensan en el Jarrón de Oro

El Jarrón de Oro de Kendal alimenta el espíritu de optimismo de sus dueños, dos emprendedores que llegaron a Miami porque "aquí estamos más seguros"
Por ELKIS BEJARANO DELGADO

MIAMI.- Hace tres años los esposos Del Vecchio Morgillo decidieron emigrar a Estados Unidos buscando un poco de tranquilidad, porque en su amada Caracas ya “no podían ni salir a la calle. “Si estás mucho tiempo en un sitio público parado, llega alguno para asaltarte”.

Pero ésta no era la primera vez que migraban. Hace más de cincuenta años, ambos en fechas diferentes, viajaron desde su natal Italia para establecerse junto a sus padres en un país de América Latina que brindaba oportunidades, ese país era Venezuela. Ella migró a los 9 años, él viajó a los 19. Adaptarse a Caracas, a sus costumbres, a sus comidas no les fue difícil, por lo que cada uno se acostumbró a vivir su nueva realidad.

En Caracas se conocieron, echaron raíces, tuvieron hijos y construyeron una vida, que tuvieron que dejar atrás por la conocida “situación país”.

Miami, y no Italia, fue su mejor opción. Y desde que iniciaron con el negocio Jarrón de Oro de Kendall en 2017 han trabajado sin descanso de lunes a lunes, no solo para cumplir su sueño americano, sino para proteger al patrimonio que le quieren dejar a sus hijos.

“Aquí estamos más seguros y más tranquilos, pero también se trabaja más” afirma Elvira Morgillo de Del Vecchio quien no lo menciona, pero es la que llevas las riendas del Jarrón de Oro, un pequeño comercio que entra perfectamente en el ramo de la quincallería, donde cualquier cliente se pierde en un sinfín de artículos, desde adornos para el hogar, cintas, algo de ropa, inciensos, arreglos de Primera Comunión, juguetes, inflables, vasijas de vidrio, de porcelana, jarrones o detalles para elaborar recuerdos de nacimiento. Y al final del local, una agencia de festejos que alquila mesas, sillas y utensilios diversos para la realización de fiestas.

Pero la pandemia lo paralizó todo y tuvieron que cerrar el local por más de un mes. Detenidos en el negocio, pero con el entusiasmo intacto, los esposos lograron pagar las cuentas y salir adelante. No les gusta hablar de las dificultades. Evaden recordar los difíciles momentos.

“Miedo?, ni en la pandemia. Si sientes miedo nada te sale bien. Gracias a Dios hemos podido pagar las deudas, porque la cuarentena paralizó todo, pero no lo que tienes que pagar aquí” asegura Elvira quien sonríe mientras se le pregunta si éste fue un tiempo difícil.

“Ahora usamos máscaras y si a algún cliente se le olvida le vendemos una para cuidarnos todos. Estamos en tiempos de coronavirus”.

Pero a pesar de su entusiasmo este año ha sido difícil. A cada temporada le han sacado provecho, pero esta vez no hubo manera de vender lo que normalmente vendía. “Este año se ha dejado de vender todo lo relacionados con celebraciones familiares como bautizos, baby shower, o primeras comuniones; pero sí se vendieron muy bien las máscaras faciales o los geles antibacteriales. Nos adaptamos a todo”.

“Este es un comercio de clientela fija de muchos años. La gente conoce el sitio y ahora nosotros ya los conocemos a todos. Pero lo bueno que ha traído la pandemia es que mucha gente, que antes trabajaba todo el día, como tiene más tiempo libre nos ven, se acercan y nos dicen que no sabían que aquí había un sitio como éste. Eso es bueno, porque tenemos nuevos clientes”. Así lo dice Donatangelo Del Vecchio quien cuenta sin dudarlo historias de su juventud y de cómo sus habilidades como zapatero-aprendiz lo llevaron a reunirse con su padre, en un pequeño local en Caracas.

Así mantienen su local, con un optimismo que no permiten que entren malos pensamientos. Y si entra alguno, un buen incienso de la India, que ofrecen como regalo, lo espanta.

@elkisbejarano

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