jueves 2  de  febrero 2023
FLORIDA

¿Peligran las célebres ventanitas de café en restaurantes y cafeterías de Miami-Dade?

Sea para tomar la aromática bebida o simplemente 'tratar de arreglar el mundo', los populares minimostradores también sienten el peso de la pandemia de coronavirus

Por JESÚS HERNÁNDEZ

MIAMI.- Al pasar por las principales calles del Gran Miami encontrará al menos una docena de cafeterías con ventanitas habilitadas, que no solo sirven para servir café espresso y croquetas al transeúnte, sino también como lugar de encuentro, donde lo mismo se habla de la familia, que se plantean soluciones mágicas para componer el mundo. Cerrarlas, prohibirlas, aún en tiempo de pandemia por coronavirus, es considerado por muchos un “sacrilegio” y más.

“Comprendo la orden que fue emitida en Hialeah. Allí tal vez las cosas se fueron de la mano. Pero aquí en Miami guardamos la distancia y cerrar las ventanitas sería un error”, comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS Esteban, un señor de más de 70 años que esperaba su turno a los seis pies de distancia indicados en el suelo frente a la cafetería del Versailles.

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En efecto, Hialeah adoptó una orden ‘especial’ que está dirigida a regular la manera que las populares ventanitas son utilizadas: “Únicamente para acercarse, pedir algo, pagar y ya, nada más”, dijo el alcalde de Hialeah, Carlos Hernández, por medio de un vídeo que publicó en Instagram.

“No se permite que la gente permanezca a la ventana tomando café o conversando con alguien”, subrayó.

De hecho, el Condado Miami-Dade estableció la distancia de seis pies entre personas como medida excepcional para contrarrestar el contagio de coronavirus, orden que se cumple en la gran mayoría de los establecimientos comerciales de Miami y otras municipalizadas o zonas adyacentes.

Seis pies

A Mario le cuesta mucho mantener la distancia. Acostumbrado a conversar con tres y cinco amigos a la vez, situados todos frente a la ventanita del Versailles.

“No es fácil. Nosotros somos de hablar cerca, de poner la mano en el hombro, de reírnos y abrazar, pero entendemos la situación y cumplimos la orden”, aseguró Mario, mientras saboreaba una tacita de café y sostenía en la mano un cartucho con un par de pastelitos de guayaba y queso.

Temor hay de que una orden condal o municipal imponga cerrar el ‘sagrado’ lugar de encuentros o que al menos siga la iniciativa de Hialeah, de regularlas aun más por decreto, como ha sucedido con otras prohibiciones en Miami y Miami Beach, que luego de ser promulgadas por una o la otra son adoptadas por el resto de las administraciones.

Hace 22 años, en 1998, la autoridad estatal de Salud en Florida anunció que “mandaría a cerrar las ventanitas” por considerarlas “inadecuadas y antihigiénicas”, ya que “favorecía la presencia de insectos”.

Rápidamente, la opinión pública reaccionó, criticó la medida anunciada e incluso calificó a quienes la promulgaban desde Tallahassee “ignorantes”, por el desconocimiento que ello suponía.

Entonces el Gobierno condal, encabezado en aquel momento por Alex Penelas, reaccionó y pidió a la autoridad estatal “reconsiderar” la medida y el estado decidió no aplicar el cierre de las célebres ventanitas.

“Aquí se han vivido los grandes acontecimientos del país. Desde la victoria de Ronald Reagan en 1980 hasta la traición al niño Elián González y la muerte del tirano (Fidel Castro) hace tres años, y cada una de las cosas que han sucedido en este pueblo”, reclamó Mario, quien calificó cualquier intento de cierre de “sacrilegio” por el valor “histórico y social que tienen” y porque ellos, en Miami, “cumplen las medidas de distancia”.

Y es que pararse frente a una de ellas es tan popular, sea para tomar café, comer croquetas y pastelitos o simplemente ‘tratar de arreglar el mundo’, que supermercados como Publix y Winn Dixie han adoptado la idea e incluso la afamada cadena Starbucks abrió una ventanita similar en la muy sofisticada Miracle Mile hace dos años.

Tradición

La idea de las ventanitas fue establecida en Miami por los cubanos a finales de los años 1960, cuando comenzaron a pulular los negocios de la cocina de la isla.

Los mayores aseguran que la práctica de la ventanita no era muy usual al menos en La Habana. Que en la Cuba republicana, que corrió entre los años 1902 y 1958, la costumbre era “entrar a la cafetería o el bar que normalmente estaban protegidas del Sol por portales y mantenían las puertas abiertas”, recordó Armando, que administró un par de cafeterías en los años 1950 hasta que les fueron ‘apropiadas’ por la llamada revolución cubana.

Más tarde, en Miami, la idea de mantener las puertas abiertas no era lo ideal, ya que aquí no abundan los portales y se acostumbra a refrescar los lugares con aire acondicionado.

“A alguien se le ocurrió abrir una ventana para atraer a clientes que pasaban por el lugar y seguían su camino al ver la puerta supuestamente cerrada”, reflexionó Arturo, otro empresario que tuvo un par de restaurantes y ahora prefiere ser cliente y tomar café cada mañana en El Exquisito, en calle 8 y avenida 16.

Sigue el servicio

Entretanto, las ventanitas en el sector de Kendall siguen en operación, con las medidas de precaución correspondientes.

En un recorrido que hizo DIARIO LAS AMÉRICAS por los puntos que en ‘tiempos normales’ son muy concurridos en esta zona de Miami-Dade pudimos observar que los clientes de esos negocios guardaban distancia entre sí y esperaban su turno para ser atendidos, sin problemas aparentes.

Entre esas personas, que se declaran “habituales consumidores de café”, encontramos a uno en el restaurante Pasapoga, situado en la avenida 157 y la calle 72 del SW. “Yo salí de casa porque me hace falta el café, pero no puedo incumplir lo que dijo el alcalde [Carlos Giménez]”, dijo el sexagenario.

Pero, así como él, Rigoberto es un colombiano que se moviliza en una motocicleta, a quien “el encierro”, según contó, le da por “tomar mucho café”. Al preguntarle qué haría si cerraran las ventanitas de su área, el hombre de unos 55 años no dudó al responder: “Yo pondría una demanda contra todo el mundo”.

Asimismo, en el restaurante La Carreta, que opera en la calle 40 del SW y es uno de los negocios más populares en el condado, las ventanas de ese lugar seguían funcionando, con “líneas” de 10 o 15 personas, que asistían en busca de café u otro servicio.

Un hombre, con aparente acento cubano, que era uno de los últimos en la fila, dijo que su mujer estaba molesta porque “yo prefiero venir aquí, a tomarme una ‘coladita’, y no me tomo el café que ella hace”. A lo que acotó: “Chico, no es lo mismo”.

Otro sitio que frecuentan muchas personas del vecindario es El Rey de las Fritas, también ubicado en la calle 40 del suroeste. La ventana de este restaurante, al momento de nuestro recorrido, tenía en frente una fila de unas seis personas.

“Aquí yo siempre vengo a tomarme una ‘coladita’, pero baja en azúcar. No me quiero engordar más en esta cuarentena”, dijo, entre risas, un joven que tenía puesta una mascarilla, pero no usaba guantes.

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