JUDITH FLORES.-
Especial
La festividad honra a la patrona de los católicos nicaragüenses y fue establecida por los primeros exiliados del país centroamericano
JUDITH FLORES.-
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A sus 88 años, Violeta Ocampo continúa con fuerza y entusiasmo la tradición que heredó de su madre, la celebración de la Purísima en honor a la Virgen María, la patrona de los católicos nicaragüenses.
Ocampo fue la nicaragüense que llevó la festividad de la Purísima a la municipalidad de Sweetwater, enclavada al oeste de Miami. Este año celebrará la trigésima séptima edición, el lunes 7 de diciembre, en el lugar donde se realiza desde hace más de tres décadas, en el estacionamiento del centro comercial Holiday Plaza, en la esquina de la calle Flagler y la avenida 107, donde está ubicado el afamado restaurante Los Ranchos.
Sweetwater es el lugar donde se asentó la mayoría de los exiliados nicaragüenses en 1979. El lugar fue el escenario de la primera fesyividad de la Purísima y desde entonces se convirtió en una tradición que se ha extendido a otras rincones del Gran Miami, como la Pequeña Habana, Kendall y Hialeah, los lugares con mayor concentración de nicaragüenses.
Violeta Ocampo fue secretaria de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, durante el Gobierno de Anastasio Somoza, que fue derrocado por los sandinistas en 1979.Entonces, ella y su familia partieron al exilio, en julio de ese año, para resguardar sus vidas, y se exiliaron en Estados Unidos. Pero asegura que el triste y amargo episodio no logró despojarla de sus creencias y tradiciones.
Primera celebración
En aquel entonces, llegó el mes de diciembre y la nostalgia por estar fuera de la patria creció. Dolió no poder participar en la fiesta más grande para los católicos en Nicaragua.
En aquella época, trabajaba en la alcaldía de Sweetwater como policía de escuela.
“Me sentía triste porque mi madre era muy devota de la Purísima y nos inculcó la celebración. Le dije al alcalde en ese entonces, Armando Penedo, que quería celebrarla, y él me dijo que lo hiciera que él nos ayudaba. Así empezamos. Había poco dinero, recuerdo también que yo hacía nacatamales para ganar más dinero, fue un tiempo duro pero estoy feliz y agradecida con este país, mi segunda patria”.
Luego recordó cómo “ese año nos juntamos varios nicaragüenses, hicimos la novena, la celebramos en ocho casas, una cada noche, y el noveno día lo celebramos en la iglesia Divina Providencia. Hubo un órgano musical, flores y el Canto a la Virgen, que compuso Eduardo- Guayo González (ganador del Festival de la OTI en 1974), la pasamos contentos porque celebramos a nuestra patrona, la virgen María”.
Desde entonces, la festividad y su Purísima es una de las celebraciones más famosas y concurridas del sur de la Florida.
Ocampo cuenta que se prepara a lo largo del año, va comprando los regalos que harán durante la celebración con el dinero de su retiro, el aporte que le dan sus familiares y los miembros del comité de la Purísima, que trabajan junto a ella desde 1979. También se suman amigos y algunos políticos locales.
Luego prepara las golosinas, juguetes y canastitas alusivas a la Purísima, que repartirán a quienes lleguen a celebrar a la virgen.
“Recibimos apoyo. Todo esto es un homenaje a nuestra patrona. Todo lo llevo debidamente anotado porque esto no es un negocio como hacen otras personas con la Purísima, nosotros aportamos y de lo que recibimos lo distribuimos en la Purísima, a veces llega tanta gente que no alcanza, pero también guardamos para las emergencias”, relató con emoción.
De esta manera, la Purísima se ha convertido también en una tradición en la iglesia Divina Providencia, la celebran en el estacionamiento del templo católico, adonde acuden feligreses de otras nacionalidades para levantar altares con la imagen de la virgen.
Después de la misa inician los cantos a la imagen, luego el grito de ¡Quién causa tanta alegría!, seguidamente la distribución de regalos.
Este año la celebración de la Purísima en Sweetwater, que organiza el comité presidido por Ocampo, incurre en el gasto adicional de pagar el servicio de las operaciones municipales, como vigilancia policial, debido a la crisis financiera que enfrenta la ciudad.
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