MIAMI.- El senador Marco Rubio no ganó en el condado Miami-Dade, tampoco en el vecino Broward ni en Palm Beach. Perdió siete de los ocho condados más grandes de Florida, pero en todos ellos le fue mejor que al presidente electo, Donald Trump.
MIAMI.- El senador Marco Rubio no ganó en el condado Miami-Dade, tampoco en el vecino Broward ni en Palm Beach. Perdió siete de los ocho condados más grandes de Florida, pero en todos ellos le fue mejor que al presidente electo, Donald Trump.
En las encuestas previas a la elección el oponente de Rubio, Patrick Murphy, parecía ir a un empate técnico y en algunos casos el representante demócrata superaba al senador republicano, cubanoamericano.
A pesar de que a Rubio no le fue bien en su bastión electoral del sur de la Florida, en Miami-Dade pudo conquistar más votos que Trump. El senador obtuvo 419.623 votos, mientras que el nuevo inquilino de la Casa Blanca logró 333.666. El desempeño electoral de Rubio fue mejor que el del magnate de Nueva York en 23 condados del Estado del Sol.
Pero lo más impactante es ver las cifras electorales de Florida, en el norte y centro norte y en el área del Panhandle. Por ejemplo: en el condado Walton, Trump obtuvo casi cuatro veces más votos que su oponente (76.6%-20.4%). En el condado Jackson fue casi lo mismo (67.8%- 30.4%), en el condado Liberty fue incluso peor (77.1%-19.8%).
En los nueve condados en los que ganó Clinton la diferencia fue parecida, pero nunca las encuestas reflejaron la enorme participación de la comunidad blanca no hispana. La primera señal de que ese sector demográfico se había movilizado no apareció sino cuando fueron publicadas las cifras del voto temprano en Florida.
El canal CNN informó, tres días antes de la elección, y basado en el voto temprano, que los demócratas superaban a los republicanos en Florida y que los hispanos habían batido records, lo que significaba además, en teoría, que la gran mayoría estaba a favor de Hillary Clinton.
Según Politico, 429,000 latinos habían votado en Florida una semana antes de la elección, es decir, un incremento del 158% en comparación con 2012. Eso para los seguidores de Hillary eran buenas noticias porque, supuestamente, apenas un 18% de hispanos estaba con Trump. También los afroamericanos (13%) y los blancos no hispanos (41%) habían votado más por anticipado que en la última elección presidencial, aunque no en las mismas cifras.
Participación hispana
Lo que no anticiparon algunas encuestas es que un 30% de hispanos votaran por uno de los candidatos más antiinmigrantes que haya habido en la historia reciente del Partido Republicano, en un estado en el que hay una gran proporción de ellos provenientes de varios países de América Latina.
El Wall Street Journal, en su edición del pasado viernes, trató el tema de los sondeos de opinión y su “cadena de impresionantes errores alrededor del globo: ver de manera incorrecta el voto por el Brexit, el proceso de paz en Colombia y ahora las elecciones en Estados Unidos”. El diario consultó la opinión de los encuestadores y ellos dijeron que “hay una confluencia de cambios que están haciendo su trabajo más difícil: la gente está cambiando la manera de comunicarse, está pasando de las líneas telefónicas tradicionales a los celulares e internet. Eso hace más difícil obtener muestras más grandes tomadas al azar”.
Chris Wilson, presidente ejecutivo de la empresa Wilson Perkins Allen Opinion Research, dijo al WSJ que “las encuestas tradicionales no van a sobrevivir, van a desaparecer en su formato actual”.
Fernand Amandi, socio principal de la empresa encuestadora Bendixen & Amandi especializada en el mercado hispano, indicó a DIARIO LAS AMÉRICAS que “las encuestas en Florida fueron acertadas. Dijimos que la contienda estaba reñida, que el margen era un empate técnico a favor de Clinton o de Trump. Nuestra empresa hizo una encuesta en el Condado Miami-Dade, dijo que Hillary Clinton iba a ganar por un margen de 30 puntos, y así sucedió. También teníamos que la candidata demócrata perdía el voto cubano 49 a 42 y el resultado final fue 52 a 41.”
Colegio electoral
Aclaró que en el panorama nacional hubo problemas porque todas las encuestas hablaban de que Hillary iba a ganar en el colegio electoral por un amplio margen cosa que, por supuesto, no sucedió en lo absoluto.
Amandi no tiene las preocupaciones que expresaron sus colegas al WSJ. Pero sí cree que hay encuestadores que “tratan de complacer el apetito que hay por los sondeos, toman atajos que se convierten en puntos ciegos en metodología, como hacer encuestas sólo por teléfono, computarizadas, no tener traductores bilingües y depender demasiado en modelos de participación que no se validan en la realidad”.
En el punto de las dificultades por conseguir que la gente responda las encuestas, Amandi puntualizó que siempre hay una tasa de rechazo, pero ese índice no es “dramático hasta el punto que perjudique los resultados”. Sin embargo, advirtió que “no se pudo esperar la enorme participación de los blancos o de personas que no habían votado en décadas. Tampoco la baja participación de los demócratas. Todo eso sólo se supo al final”.
Según este encuestador, de tendencia demócrata, hubo diez millones menos de votantes que en las dos elecciones de Barack Obama. “Eso no se podía predecir”, enfatizó.

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