Nueve de cada diez pacientes buscan a su médico en internet antes de agendar una cita. Ana María Silva reconoce a ese paciente apenas entra.
La creadora de contenido médico lleva años analizando cómo internet influye en las decisiones de salud
Nueve de cada diez pacientes buscan a su médico en internet antes de agendar una cita. Ana María Silva reconoce a ese paciente apenas entra.
No hace falta que hable todavía. Ya viene con el teléfono en la mano, o con la mirada de quien pasó la noche leyendo y llegó a la cita con más preguntas que antes de empezar. Lleva años atendiéndolo. Y lleva años pensando en lo que encontró antes de sentarse frente a ella.
Ayuda a mejorar la salud mental sobre todo en personas que tienen enfermedades neurodegenerativas
Porque eso es lo que determina buena parte de lo que ocurre adentro.
Pediatra colombiana formada en la Universidad Surcolombiana y especializada en el Hospital Alemán de Buenos Aires, madre de cuatro hijos, creadora de contenido médico con audiencia en más de veinte países. Todo eso pesa menos, dice, que el hecho de haber estado del otro lado. De haber buscado a las dos de la mañana con un recién nacido en brazos y haber encontrado de todo, lo riguroso mezclado con lo que no tenía ningún respaldo, sin forma fácil de distinguir uno del otro.
Eso no lo enseña la especialización. Lo enseña la experiencia.
El estudio El Paciente Digital Mexicano 2025 de FUNSALUD documentó que el 73 por ciento de los usuarios utiliza buscadores para temas de salud y que nueve de cada diez investigan a un especialista antes de agendar. El 41 por ciento lo hace de forma frecuente. No esporádica. Frecuente. La búsqueda es un hábito, y ese hábito existe con o sin médicos que decidan participar en él.
Ahí está el problema que Silva lleva años nombrando.
Cuando un médico no está en los espacios donde sus pacientes buscan, ese espacio no queda vacío. Lo ocupa quien decide estar, con o sin formación para hacerlo. Las familias que llegan al consultorio convencidas de algo que ninguna evidencia respalda no eligieron mal. Encontraron lo que había disponible.
No lo dice como declaración de principios. Lo dice como descripción de un problema operativo que tiene una respuesta práctica: más médicos con formación verificable en los lugares donde sus pacientes buscan antes de llegar.
Lo que Ana María Silva construyó apunta exactamente ahí. No como alternativa al consultorio. Como lo que ocurre antes, en el momento en que todavía no hay cita agendada y la familia ya está tomando decisiones.
El primer consultorio del siglo no tiene dirección.
Tampoco espera a que nadie lo busque.
