viernes 3  de  julio 2026
PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

La ruina de todos

MADRID.- Está pasándolo mal e imagino que no va a gustarle este artículo. No lo sé. Admiro a Amando de Miguel desde niño, cuando leía sus ensayos sociológicos como si fueran tebeos. Me asombraba la facilidad con la que podía engancharte su prosa. Incluso tratando a veces temas que podían resultar tediosos, sabía hacerlos amables. 

 

Diario las Américas | ITXU DÍAZ
Por ITXU DÍAZ

MADRID.- @itxudiaz

Está pasándolo mal e imagino que no va a gustarle este artículo. No lo sé. Admiro a Amando de Miguel desde niño, cuando leía sus ensayos sociológicos como si fueran tebeos. Me asombraba la facilidad con la que podía engancharte su prosa. Incluso tratando a veces temas que podían resultar tediosos, sabía hacerlos amables. Lector incansable, apasionado de la lengua española, y autor de más de 150 libros. Es el sociólogo más importante de España y una personalidad académica reconocida en todo el mundo. Una mente privilegiada, un gran conocedor de la sociedad española, un hombre culto, profesor ante todo –además de España, universidades de Yale, Florida, y Texas entre otras han requerido sus servicios académicos como profesor visitante-. Inmensamente trabajador, defensor implacable de la causa de la libertad –le costó la cárcel y la expulsión de muchos medios-, privilegiado analista de asuntos españoles e internacionales que se ha prodigado durante décadas en la prensa, la radio, y la televisión. Amando, un buen hombre en una mala racha. Está en la ruina. Por la mala fortuna, por una mala gestión de sus dineros. ¿Qué más da? En la ruina.

Dos son sus tesoros: una casa construida en los años felices, diseñada alrededor de su lujosa y querida biblioteca, y una de las colecciones personales de libros más completas del mundo. Cuenta con 13.000 obras de todas las materias. La casa abraza su biblioteca y viceversa. Así define su situación: “Posesiones millonarias y una vida de indigente”. Tiene 77 años.

Han pasado los días de bonanza. Ligerísimamente envejecido, ya no pagan como antes en los medios, ya nadie parece interesado en editar sus obras, y ni siquiera consigue vender aquellas cosas de las que querría deshacerse, como su automóvil. Los bancos aprietan, los impuestos asfixian, la buena estrella se ha apagado, la nevera está literalmente vacía, y sólo le ha quedado una solución desesperada: contar el drama que atraviesa en periódicos y poner a la venta su bien más preciado, su biblioteca, valorada en 270.000 dólares.

Al dolor de tener que desprenderse de los libros que ha ido acumulando en toda una vida, se suma el de una triste realidad: la de comprobar que, al cabo de los años y a pesar de la sabiduría, el trabajo, y el talento derrochado para los demás, a la vejez le ha seguido el olvido profesional. Y al olvido, la ruina. A pocos parece inquietarle el hecho de que uno de los intelectuales españoles más importantes de nuestro siglo no tenga ni para comprar carne o pescado. Se ha visto obligado a reconocerlo en la prensa hace tan sólo unas semanas: por culpa de sus penurias económicas, se alimenta sólo de vegetales, fruta, y queso, y se ducha en agua fría para no gastar la caliente.

Tras la humillación de exponer su paradójico caso, con posesiones de lujo y vida de pobre, el catedrático emérito de Sociología busca ahora una tabla de salvación. Muchos de sus exalumnos, al conocer lo ocurrido, se han acercado a su casa para llevarle comida o algo de dinero. Otros se están organizando a través de su Facebook para apoyarle. Hablé con él hace algunas semanas para que iniciara una colaboración semanal en el Diario Neupic que dirijo, donde fácilmente podrían canalizarse parte de esas ayudas. Allí es posible suscribirse a la maravillosa saga de artículos que está publicando, “Memorias póstumas de Amando”, por menos de veinte dólares anuales, y colaborar a que el viejo sociólogo salga poco a poco de su bache de la manera en que lo merece: con sus letras, con sus vivencias, con su trabajo. Suscribirse a sus columnas en Neupic es una buena manera de empujar pero no la única: también está liquidando estos días cientos de ejemplares de sus obras y novelas.

La ruina de Amando de Miguel es la ruina de todos. Es el fracaso de una generación que no ha sabido respetar y cuidar a sus mayores, que se permite el lujo de despreciar la sabiduría y el sentido común de sus viejos profesores, y que prefiere encumbrar a gallos de corral que pasean su basura en televisión antes que escuchar la voz serena de la experiencia, la elegante llamada de la cultura, la dignísima defensa de la libertad.

Espero de corazón que Amando de Miguel salga de esta. Y que aprendamos la lección.

 

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