miércoles 22  de  julio 2026
RAZONES PERSONALES

Legado, política y cintas de video

He visto cómo mi pueblo se deshoja como la margarita en primavera. He observado cómo los ángulos se juntan y se separan las tendencias, tanto que encontrarse será más difícil que cortar líneas paralelas. Sufro una polarización excesiva de las posiciones politicas y sociales; falta quien junte, quien funde, quien amarre los mejores acervos de nuestra actual historia

Diario las Américas | JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ
Por JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ

Los hijos son nuestro mayor orgullo, pero antes seguro hemos experimentado esos pasos que nos anuncian sobre nuestras relaciones con los padres: al principio queremos ser como ellos, luego nos parece que ya no son tan imitables, y al final los criticamos porque están viejos y esto es cosa de jóvenes.

Solo hay un detalle que pasamos por alto: todos vamos por ese camino.

En estos días, por razones muy personales, he mirado alternativamente las noticias que han sucedido y luego a mi hija recién nacida. Lo he hecho porque a los niños hay que vigilarlos atentamente. También por el orgullo que he sentido durante los tres períodos en que les he cambiado los pañales cagados a mis tres hijas.

Así vi a Kerry mientras izaban la bandera norteamericana en el malecón de La Habana, muy cerca de donde un águila estuvo recordando un crimen nunca bien explicado; a la vista de la entrada de la bahía donde a principios del siglo pasado ondeaba la nuestra, acompañada de aquella otra que ahora a muchos emociona como si fuera lo único o lo más querido.

Miraba la bandera norteamericana subir el asta de su embajada y bajaba la mirada hasta Lucía, pensando que en un abrir y cerrar de ojos esta niña estaría preguntando qué hacía ella y qué hacía yo mientras ocurría un indudable hecho histórico. En ese momento me pregunto qué podemos legar a nuestros hijos, a los que tienen ya años para entender o los que han nacido en estos días de constante bregar en la política cubana y el diferendo con los norteamericanos.

¿Cómo explicarle a mi hija de 16 años o qué decirle a esta dentro de 16 años, sobre las acciones que mis coterráneos han tomado? ¿Cómo explicarle la alegría por el reencuentro entre dos naciones que me vendieron como enemigos jurados? ¿Qué decirle sobre la división entre los que nos llamamos cubanos respecto a este hecho que, según todo indica, es importante pero no define, aún, los derechos que perdimos ni la comida que nos falta?

De qué manera podré en unos años explicar cómo tantos priorizamos pequeñas ideas por encima de la idea principal de la Patria, del Hogar Común.  No sé cómo explicarle que cuando más necesitamos poner por encima los encuentros, nos dimos a la tarea de buscar las diferencias, de detectar debajo de la ropa los colores y los sabores que distinguen a las personas. En qué momento el precepto que me legó mi padre de poner en la misma mesa todas las corrientes, porque la familia era lo más importante, pasó a un plano tan lejano que ni siquiera por asomo lo tenemos en cuenta.

He visto cómo mi pueblo se deshoja como la margarita en primavera. He observado cómo los ángulos se juntan y se separan las tendencias, tanto que encontrarse será más difícil que cortar líneas paralelas. Sufro una polarización excesiva de las posiciones politicas y sociales; falta quien junte, quien funde, quien amarre los mejores acervos de nuestra actual historia.

Estamos tan empeñados en separar los colores que hemos olvidado que empezamos siendo primarios y sin sentido de las ideas, puros como niños recién nacidos, héroes como los que disfrutamos en la televisión, no importa la edad ni la latitud desde la que nos tocó vivirlo. Olvidarnos del comienzo no permitirá que encontremos el futuro.

Miro en mis brazos y temo que cuando crezca esta o me reclamen aquellas, poco podré decir que hicimos por evitar la fragmentación de una nación que tuvo como objetivo ser de “todos y para el bien de todos”, y terminó por ser excluyente y provocadora de una diáspora que rompió con todos los récord de nuestra propia historia.

Peor me siento cuando veo que el talento de algunos artistas depende de la bandera que muestren frente a la Casa Blanca o de las cintas de video con un discurso errático y mal hablado (mal educado como siempre, pero en sentido contrario a los cánones acostumbrados) que se le ocurrió subir a las redes.

Cansados. Cansados de mal periodismo; del secuestro de los mejores valores de la historia; de sentencias de quienes no son ni serán jueces. De la poca representatividad, aunque digan lo contrario. Nada que ver con lo que opinan y quieren las mayorías cansadas de tanta política, como me dijo públicamente una querida amiga; mala política, quisiera agregar.

Espero que al final de la jornada, ambas banderas ondeen donde les toca. La mía sobre todas las otras en su tierra, con la frescura y los mensajes que increíblemente tiene la otra, la de similares colores y muchas estrellas, aunque de esas estrellas, ninguna sea la mía.

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