Almeida expuso los detalles el jueves 30 de julio, a partir del minuto 23 de su programa de YouTube Juan Juan al Medio. Aseguró que numerosos aviones han circundado el país, pero solo tres habrían intentado tocar suelo nacional o lo consiguieron. Ninguno mostraba en la plataforma Flightradar24 referencias habituales como matrícula, país de registro, origen o destino, afirmó.
La ausencia de esos elementos en un servicio civil de rastreo no significa que los aparatos carecieran de plan de vuelo. Las misiones militares, gubernamentales o reservadas pueden limitar el contenido difundido públicamente; además, la señal podría perderse por cobertura insuficiente, restricciones aplicadas por el operador o interrupciones en la transmisión. Por esa razón, un rastro incompleto permite documentar lo visible, pero no reconstruir por sí solo todo el recorrido.
El primero de los tres trayectos señalados por Almeida ocurrió el 26 de julio. De acuerdo con su relato, partió de Miami, llegó a Santiago de Cuba y posteriormente abandonó la zona acompañada por varias aeronaves que se encontraban en las inmediaciones. El analista vinculó temporalmente la llegada con la presencia en esa provincia de Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, quien cumplió años el 29 de julio, y planteó la posibilidad de un encuentro. No aportó pruebas públicas de que ambos hechos estuvieran relacionados ni identificó a quienes iban a bordo.
Tres días después, otro aparato trató de aterrizar en Camagüey. Sostuvo que transportaba a los senadores Jack Reed, Jeanne Shaheen, Gary Peters, Angus King y Alex Padilla, además del representante Mike Rogers, dirigentes vinculados con comités de Fuerzas Armadas, Relaciones Exteriores, Seguridad Nacional, Inteligencia, Asignaciones y Justicia del Congreso.
Según su versión, y constatado por un testigo desde esa ciudad, presuntamente la neblina frustró dos aproximaciones y obligó a la tripulación a regresar, por lo que la delegación no habría desembarcado. Hasta el momento no existe confirmación pública de las oficinas de los legisladores ni de las autoridades americanas sobre ese desplazamiento o su objetivo. En consecuencia, la identidad de los pasajeros descansa únicamente en lo divulgado por Almeida.
El episodio más enigmático se produjo el 30 de julio. El conductor de Juan Juan al Medio describió una aeronave que dejó de aparecer en Flightradar24 a las 12:08 p.m., cuando descendía desde unos 29.000 pies. La última referencia antes de perderse la señal la situaba a aproximadamente 16.000 pies y muy cerca de la terminal aérea de Holguín, indicó.
El rastro reapareció a la 1:53 p.m., ya de regreso hacia EEUU y sin un destino final visible. Almeida estimó que pudo permanecer cerca de 20 minutos en tierra, lapso que, a su juicio, habría permitido dejar o recoger a una persona, documentos o alguna carga. Esa lectura constituye una inferencia: la interrupción del seguimiento no confirma por sí misma que el aparato aterrizara, en qué pista lo habría hecho ni cuánto tiempo estuvo detenido.
La selección de Santiago de Cuba, Camagüey y Holguín resulta relevante para la tesis presentada en el programa. Las tres provincias forman parte de la estructura territorial subordinada al Ejército Oriental, uno de los tres grandes mandos de las FAR, cuya jefatura se encuentra en Holguín. En esa región también está Cayo Saetía, enclave utilizado durante años por Raúl Castro y otros integrantes de la cúpula.
Almeida afirmó que los contactos no se desarrollan con funcionarios civiles, dirigentes del Partido Comunista (PCC) ni con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y exjefe de la escolta personal de Raúl Castro, conocido como “El Cangrejo” y señalado como uno de los principales interlocutores de La Habana en las conversaciones recientes con la administración de Donald Trump, sino con oficiales de alto rango.
Mencionó específicamente al general de división Eugenio Rabilero Aguilera, jefe del Ejército Oriental, como uno de los supuestos participantes. La naturaleza de esos intercambios y la intervención del mando militar no han sido confirmadas oficialmente.
El señalamiento coincide con un momento de comunicaciones excepcionales entre las fuerzas armadas de ambos países, aunque no prueba la hipótesis. El 29 de mayo, el jefe del Comando Sur, general Francis Donovan, se reunió en el perímetro de la Base Naval de Guantánamo con una delegación cubana encabezada por el general de cuerpo de ejército Roberto Legrá Sotolongo, viceministro primero y jefe del Estado Mayor General de las FAR.
Ambas partes dijeron entonces que abordaron la seguridad perimetral y acordaron mantener el diálogo entre los mandos. El reporte oficial no situó a Rabilero Aguilera entre los participantes identificados.
Los movimientos descritos por Almeida son diferentes de las operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento detectadas durante los últimos meses cerca de Cuba. En estas últimas han aparecido plataformas como el P-8A Poseidon, el RC-135V Rivet Joint y el sistema no tripulado MQ-4C Triton, cada una con funciones particulares y capacidad para obtener datos desde áreas internacionales.
Octavio Pérez, coronel retirado del Ejército de Estados Unidos y analista político explicó que un P-8 y un dron MQ-4 reportados recientemente habrían partido de Jacksonville. Aclaró que ninguno necesita penetrar territorio hostil porque sus sensores pueden recopilar datos desde la periferia.
“Ambas plataformas tienen una multiplicidad de funciones de captación de telemetría, guerra electrónica y monitoreo de frecuencias de comunicaciones en diversas bandas”, señaló Pérez. A su juicio, la reaparición de estos medios unos 90 días después de la última operación documentada de un P-8 alrededor de Cuba devuelve a la isla a un primer plano dentro del panorama estratégico regional.
El especialista advirtió que “tales capacidades ya han sido utilizadas en este teatro de operaciones, por lo que una presencia aislada puede considerarse rutinaria”. El significado cambiaría, sostuvo, “si la frecuencia aumentara o surgiera un patrón diario, semanal o repetido cada cierto número de jornadas. Solo entonces podría valorarse si existe algo más que reconocimiento”.
Pérez también consideró que las acciones envían una señal a actores externos con intereses en el país, particularmente China, a la que atribuyó instalaciones de interceptación de comunicaciones. Sobre una eventual respuesta del régimen cubano, apuntó que “sus defensas antiaéreas no son de última generación y que atacar aparatos estadounidenses que permanezcan fuera del límite soberano entrañaría una escalada de enorme riesgo”.
José Adán Gutiérrez, comandante retirado y exoficial de Inteligencia Naval de Estados Unidos, introdujo una distinción esencial: “las plataformas observadas no cumplen exactamente la misma tarea, sino que conforman una arquitectura complementaria de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, conocida por las siglas ISR”.
Asimismo, refirió que “el MQ-4C Triton proporciona permanencia a gran altitud y cobertura sobre amplias extensiones marítimas y litorales; el P-8A Poseidon puede investigar contactos específicos, seguir embarcaciones y participar en misiones antisubmarinas o antisuperficie, mientras el RC-135V Rivet Joint detecta, identifica y geolocaliza señales dentro del espectro electromagnético. La integración de sus sensores permite elaborar un panorama operacional más completo que el obtenido por un solo medio”.
Las descripciones coinciden con las funciones publicadas por las propias fuerzas estadounidenses.
“La Marina define al P-8A como una aeronave multimisión para patrulla marítima, guerra antisubmarina, combate contra unidades de superficie e ISR. La Fuerza Aérea atribuye al Rivet Joint capacidad de recopilar, analizar y distribuir inteligencia casi en tiempo real mediante sensores capaces de localizar emisiones electromagnéticas. Las características exactas, los objetivos asignados y los resultados de cada recorrido permanecen clasificados”.
Gutiérrez subrayó que operar cerca de Cuba no equivale a violar su soberanía. Los itinerarios públicos que examinó se mantuvieron principalmente en zonas internacionales, algunos a unas 30 millas de la costa, mientras el espacio aéreo nacional se extiende sobre el territorio y el mar jurisdiccional de 12 millas náuticas. Tampoco debe confundirse una región de información de vuelo con los límites soberanos.
“No he visto evidencia pública concluyente que permita afirmar que estas misiones hayan violado deliberadamente la soberanía aérea cubana”, precisó. El número visible, agregó, representa únicamente un mínimo documentado porque las operaciones castrenses pueden ocultarse total o parcialmente de los sistemas civiles. Aun así, sería especulativo calcular cuántas permanecieron fuera de esas pantallas.
Para el exoficial, Washington probablemente observa, advierte y preserva opciones al mismo tiempo. La exposición pública de parte de los recorridos demuestra acceso, persistencia y superioridad informativa, pero no significa necesariamente que cada aparición constituya un mensaje político planificado. La seguridad del tránsito también puede exigir transmisiones detectables.
“La diferencia entre vigilar y prepararse para actuar radicaría en la movilización simultánea de otros recursos. Un cambio de postura incluiría un incremento sostenido del reconocimiento, aviones cisterna, sistemas de mando y control, medios de guerra electrónica, cazas, bombarderos, transporte estratégico, unidades navales ofensivas, refuerzo logístico, equipos de búsqueda y rescate de combate, modificaciones en Guantánamo y advertencias políticas acompañadas de exigencias concretas.”
De acuerdo con su criterio, ninguno de esos componentes, visto por separado, permitiría anunciar una intervención. “El indicador determinante sería la transición desde una estructura orientada a recopilar datos hacia otra capaz de sostener acciones mediante inteligencia, protección, combustible, municiones, rescate y fuerzas ejecutoras trabajando de manera conjunta”.
Además, alega, que la vigilancia también podría responder a varios intereses paralelos. “Entre ellos figuran el seguimiento de buques de Rusia, China o Irán, posibles transferencias de combustible, armamento o tecnología, la lucha contra el narcotráfico, el control migratorio y la actualización de datos sobre las FAR. Atribuir todas las misiones a un solo objetivo reduciría un escenario mucho más complejo”.
El mayor peligro inmediato, según José Adán, no sería un ataque cubano deliberado mientras los aparatos permanezcan claramente en áreas internacionales, sino una identificación equivocada, una falla técnica, una aproximación agresiva o la interpretación errónea de las intenciones contrarias. Cualquiera de esos factores podría provocar una escalada que ninguna de las partes hubiera planeado.
Así, los tres trayectos revelados por Almeida amplían las preguntas, pero todavía no ofrecen respuestas definitivas. Se desconoce quiénes viajaron en los aparatos vinculados con Santiago de Cuba y Holguín, si el último llegó realmente a tierra y qué propósito perseguía la delegación que, según dijo, intentó arribar a Camagüey.
Lo comprobable es que Cuba ha recuperado relevancia dentro del dispositivo estadounidense de observación regional y que existe un canal inusual de comunicación entre mandos de ambos países. La incógnita es si las rutas opacas expuestas en Juan Juan al Medio guardan relación con esos contactos, responden a gestiones distintas o, forman parte de una estrategia más amplia que Washington y La Habana mantienen fuera del escrutinio público.
“Estados Unidos no está simplemente mirando a Cuba. Está construyendo conocimiento, ejerciendo presión y recordándole al régimen que la iniciativa estratégica no le pertenece”, concluyó Gutiérrez. Pero entre demostrar capacidad y decidir emplearla, advirtió, todavía existe una distancia considerable.