miércoles 24  de  junio 2026
OPINIÓN

Los votantes secretos de Donald Trump

Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

La elección del próximo presidente de Estados Unidos podría estar en manos de personas que no han revelado aún el nombre del candidato de su preferencia. Estos son los votantes secretos, quienes ni siquiera han compartido su intención con sus familias.

¿Por qué? Porque en privado, están planeando votar por Donald Trump, y por eso nadie sabe exactamente cuántos son.

En todo caso, hay un significativo número de estadounidenses que, aunque no apoyan a Trump por convicción ni les gusta su estilo, de todas maneras lo van a elegir, porque no toleran el sistema político actual influenciado por Wall Street, en beneficio de las grandes empresas y los súper ricos, por encima del resto de la población.

Esto puede parecer descabellado porque después de todo, Trump, como empresario de las grandes ligas, es parte de esa élite. Sin embargo, él no forma parte del molde político tradicional y de hecho, no tiene bagaje político alguno, circunstancia que atrae especialmente a esos votantes secretos.

Las encuestas no reflejan a este grupo, ya que se guardan mucho de compartir su secreto y representan una mezcla tal de personas, que ni el mismo Trump esperaría contar con ellos como aliados.

Este tejido social está formado por demócratas cansados del presidente Barack Obama y que no quieren a Hillary Clinton como sucesora, pero también incluye a miembros de otros círculos, como profesores, intelectuales, hombres de negocios e incluso algunos de los que Trump suele atacar negativamente como los ciudadanos de origen musulmán, quienes están admitiendo que podrían votar por él, mientras otros se mostrarían más cuidadosos en apoyar a Clinton ante los potenciales problemas de salud.

Estas elecciones podrían ocasionar un fenómeno extraño porque no hay seguridad de que, tanto republicanos como demócratas, vayan a honrar la línea de sus respectivas lealtades políticas.

La razón es que los dos nominados son posiblemente los aspirantes presidenciales menos populares de los tiempos modernos. Por eso, la membresía partidista ya no puede ser vista como un termómetro confiable para predecir quién ganará el 8 de noviembre.

Y aunque algunos políticos de alto perfil y simpatizantes republicanos han prometido votar por Clinton, horrorizados ante la posibilidad de un Trump presidente, probablemente muchos más votantes, quienes bajo otras circunstancias habrían considerado una opción diferente, ahora piensan seriamente en apoyar al magnate porque desean a alguien distinto para ser líder de la nación.

Sin embargo, bajo el complejo sistema de elección presidencial estadounidense, el ganador no necesariamente es el candidato con mayor número de votos. Y esto es gracias a la influencia de los llamados estados clave, que pueden incidir en el patrón de votación por el tamaño de su población, y así determinar el número de electores de cada estado en el Colegio Electoral.

Sólo basta recordar que en el año 2000, el republicano George W. Bush ganó la presidencia con 50,5 millones votos, a pesar de que Al Gore, su adversario demócrata tenía la ventaja numérica de 51 millones. Esta situación también ocurrió en dos elecciones presidenciales de Estados Unidos, en el siglo XIX.

No se puede descartar, que los dos candidatos presidenciales enfrenten un final similar, y esos votantes secretos de Trump podrían desempeñar un papel decisivo en los resultados, siempre y cuando haya un número significativo de ellos en esos estados clave.

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