viernes 23  de  octubre 2026
RELATO

Márquez Sterling, de nuevo en la ONU

Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión

Diario las Américas | CAMILO LORET DE MOLA
Por CAMILO LORET DE MOLA

El régimen de Cuba ha confundido la supuesta virilidad que quieren exhibir, a nivel mundial, con una galopante chusmería, que se les desborda dondequiera que tenga la oportunidad de hacer una declaración pública.

Han vestido con la guayabera de la intransigencia a una grosería de moda, que reina en los cuatro puntos cardinales de lo que va quedando del castrismo.

Ahora mismo sus funcionarios creen que ganan cualquier polémica en la medida que sean ellos los que lancen la primera mala palabra o el mayor descalificativo a quienes consideren el rival del momento.

Para los tiempos modernos y las conductas públicas de los representantes de La Habana a nivel internacional, Nikita Jrushov clasifica como un niño de teta.

Recordemos que durante muchos años el colmo del irrespeto internacional fue el momento en que el líder soviético protagonizó un famoso incidente el 12 de octubre de 1960 durante una sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York

Durante un apasionado debate sobre el colonialismo y las críticas del delegado filipino a la Unión Soviética, Jrushchov mostró una fuerte y ruidosa oposición. Dicen que no solo aporreo la mesa con sus puños, sino que llegó a quitarse uno de sus mocasines y a golpear el pupitre que tenía enfrente de manera sonora y estridente.

Para suerte de Jrushchov no quedó foto ni video que diera fe del desaguisado y las imágenes que hoy perduran del enano soviético zapato en mano son montajes fáciles de desacreditar. Por lo que el episodio del mocasín ha quedado como una leyenda no corroborable.

Pero el zapatazo de Nikita desluce ante las groserías de Roberto Robaina cuando el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996: El canciller improvisado decidió presumir de sus cojones que, aparentemente, los cargaba de sobra, quizás tres o cuatro, como si más que un diplomático fuera un fenómeno de circo.

Que conste que antes que Robaina ya otros representantes del régimen habían presumido del plural de sus testículos. En una grabación de los pilotos de los Mig 23, que gritaban el adjetivo genital para celebrar el abusivo derribo de las avionetas civiles en aguas internacionales.

Ahora, en pleno siglo XXI, los nuevos representantes de la diplomacia cubana han ensayado un coro de histéricos desesperados que no toleran la presencia de representantes de la oposición cubana en los predios de Nueva York.

Las imágenes los muestran montando un típico mitin de repudio en los pasillos de Naciones Unidas, acusando de mercenarios y traidores a quienes acudieron a la invitación del embajador de Estados Unidos para presentar un escenario alternativo a la versión oficial: Opositores y figuras del exilio que mantuvieron una compostura digna ante los insultos y provocaciones de la chusma cubana.

La delegación de estos meritorios cubanos, (incluso aquellos con los que no comulgo) llegaron tranquilamente y con la cabeza en alto para demostrar que los del régimen y sus representantes son victimarios y no víctimas.

De paso dejaron descartados y a punto de recibir sanciones internacionales a los que aullaban desesperados para que no se pusiera en duda su alegada legitimidad como representantes de los intereses cubanos. Título que, por demás, les queda demasiado grande.

En su chapurreado inglés, el líder de la pandilla, de apellido Soberón insistía que Cuba son ellos y no los de afuera. Pero cuando decidieron atacar en español fue la histeria y la verborrea la que iluminó su discurso.

Las poses de guapo de barrio asumida por los diplomáticos del régimen son un fenómeno general ahora mismo dentro de las filas de los defensores del régimen: igual gritan y ofenden como fieras cuando se disfrazan de ciberclarias en las redes sociales, o cuando se enfrentan a los manifestantes en las calles de los apagones del momento.

Si un escrito o video les molesta en internet, acuden en masa, siempre con perfiles falsos, siempre descalificando al autor del documento o video. Con una uniformidad descabellada pululan entre ellos las acusaciones de homosexuales, mercenarios, comemierdas e hijos de puta para todo el que critique el régimen o muestre inconformidad con la política oficial del castrismo.

A los pobres cubanos de a pie, que desesperados cierran calles o tocan cazuela, siempre les visten de mercenarios pagados “por la mierda del exilio y los mafiosos corruptos de la oposición”.

Han perdido el disfraz de intelectuales, no existen los émulos de Raúl Roa o Carlos Rafael Rodríguez, que trataban de explicar y darle un sentido al absurdo derrotero del sistema inventado por Fidel Castro.

Precisamente de Fidel no heredaron la pasión por hablar durante horas, ahora son frases cortas, grotescas, violentas y barrioteras. No hay ingenio tampoco, no pasan de mentar madres a diestra y siniestra, o calificar a todos de meretrices desgastadas por practicar el oficio más vejo del mundo.

Admiro la actitud asumida por Orlando Gutiérrez, José Daniel Ferrer y Luis Manuel Otero, entre otros integrantes de la pequeña avanzada, desfilaron erguidos, sonrientes y hasta haciendo la ele de libertad con sus dedos frente a la vulgar brigada de gritones que les emboscaba en los pasillos del edifico de las naciones unidas.

Ellos eran, en ese momento, la virtud doméstica, hicieron brillar el principio que destacaba el maestro del periodismo cubano y diplomático de verdad, Manuel Márquez Sterling, como remedio criollo para hacerle frente a la injerencia extraña.

Una virtud de casa que hay que defender para que perdure en las nuevas generaciones, porque, no les quepa duda, ninguno de los que desfilaron callados y sonrientes ante la chusma diligente, eran cobardes. Eso sí, no se rebajaron ante la provocación sucia de los perros de La Habana.

Lucieron como gigantes ante los gritos. Tipos dispuestos a darlo todo por la libertad de Cuba, pero sin convertirse en payasos o caer en el fanguero a que le inducían los improvisados del régimen.

Martianos como nunca en ese instante: arte entre las artes y montes cuando toca estar en los montes.

Temas

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar