jueves 22  de  octubre 2026
Opinión

Deber sagrado

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“Los hombres no abandonan la lucha cuando la causa es justa” Pedro Luis Boitell

La Fundación Nacional por la Democracia le ha otorgado el prestigioso galardón de Campeón por la Libertad y la Democracia al congresista Mario Díaz Balart. Escogieron bien. El congresista, nuestro congresista del sur de la Florida, ha dejado claro desde que asumió el cargo que su función es defender los intereses de la seguridad de los Estados Unidos y asegurarse de que existan fondos disponibles para promover la democracia donde sea necesario, siempre que sean bien utilizados. Consecuentemente, así lo ha hecho, contribuyendo a fortalecer la democracia porque nada es más importante para la seguridad de un país que defender su libertad.

Hablando sobre la experiencia de sus padres y cómo perdieron todo cuando comenzó la dictadura de Fidel Castro disfrazada de revolución libertaria, el congresista destacó que, aunque él no lo vivió y nació en el mejor país del mundo, destacó la importancia de la libertad. “Sin ella no hay nada”, dijo en el evento cargado de simbolismo y emoción en la icónica Torre de la Libertad. Hijo de cubanos exiliados, nacido en Ft. Lauderdale, su padre Rafael, se dio a la tarea de asegurarse de que sus hijos entendieran la importancia de los valores de la democracia y, sobre todo, la responsabilidad que conlleva defenderla. El primer año de la revolución, cuando prevalecía la borrachera colectiva de pedir paredón públicamente en apoyo a los fusilamientos, ya Rafael Díaz Balart había fundado la organización opositora La Rosa Blanca, para luchar contra el comunismo. Porque sí, ya mucho antes de que Fidel Castro lo anunciara, había quienes sabían que era el comunismo lo que había llegado a Cuba.

Hace años, entrevisté a Rafael sobre sus cuatro hijos. Ya el mayor con su mismo nombre era un banquero; Lincoln comenzaba su carrera como legislador estatal, Mario trabajaba de asistente del alcalde en la ciudad de Miami y José se desempeñaba en la televisión. Rafael no tenía duda alguna de que a sus hijos les aguardaban grandes logros. Con cuidado extremo de no mostrar preferencia por ninguno, de Mario dijo que era sólido como una roca. Cuán certera fue su visión.

Mario Díaz Balart es una institución dentro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, basta escuchar el respeto y la admiración con la que hablan sus colegas sobre él. Preside la delegación de la Florida, es el vicepresidente del comité de apropiaciones y preside el de seguridad nacional del Departamento de Estado y programas relacionados; también es parte del subcomité de defensa de los Estados Unidos. No está mal para el hijo de refugiados que ha entendido que la libertad hay que defenderla día a día, sin tregua. Sin miedo, al costo de asumir posiciones que no serán las más convenientes, pero sí las más dignas. Ni los vientos de Washington ni los del conformismo o la ambición han logrado desviar su rumbo.

Su defensa de la libertad no se ha limitado a Cuba, qué tan de cerca le toca. En el evento estuvo el expresidente de Colombia Álvaro Uribe, dándole las gracias personalmente, como también lo hizo el expresidente Iván Duque a través de un video agradeciendo su invaluable ayuda a Colombia. También lo hicieron dos extraordinarias mujeres, que agradecieron su apoyo en sus respectivas luchas, la líder venezolana María Corina Machado y la vicepresidenta de Taiwán, Hsiao Bikim, y el parlamentario de Letonia, Zygmantis Pavlionis, en nombre de Ucrania. Tuve el honor de hacerlo a nombre de Cuba en un panel con representantes de Venezuela, Nicaragua y Colombia, porque sí, aunque vivimos en el exilio y a pesar de lo que diga el régimen totalitario de Cuba, nadie nos puede quitar nuestra nacionalidad, otorgada no por ellos, sino por la patria que nos vio nacer.

Y en esa emotiva ceremonia, donde presenciamos un video de quien también hizo historia en el Congreso de los Estados Unidos, Lincoln Díaz Balart, se oyó hablar de lo orgulloso que estaba de su hermano. Del tronco de esa familia viene la solidez que no lo ha dejado desviarse.

En el año 2003, me di a la tarea junto a Mirta Iglesias de publicar un libro, Cuba Mía, porque nuestra es, sobre lo que representaba Cuba para 240 cubanos del exilio, algunos nacidos en Cuba, otros hijos de exiliados. Los testimonios fueron extraordinarios, conmovedores. La respuesta de Mario Díaz Balart a la pregunta qué representa Cuba para ti fue: “Deber sagrado”. Presenciando el homenaje donde fue galardonado con el reconocimiento de Campeón de la Libertad y la Democracia, me di cuenta de que esa respuesta, “deber sagrado”, que me dio hace más de 20 años, ha marcado su carrera política, su vida y sus decisiones. Y ese deber sagrado deberíamos hacerlo nuestro, abrazarlo, que sea parte de lo más profundo de nuestro ser, no solo cuando se trate de Cuba, sino con todo lo que tenga que ver con nuestra lucha por la libertad.

Gracias Mario por ser más que un campeón de la libertad y la democracia, pero por ser luz que ilumina el camino haciendo más fácil el alzar nuestras voces cuando la causa es justa.

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