Ante los reclamos de levantar las sanciones impuestas por la Administración Trump que limitan el envío de remesas a Cuba desde EEUU, varias interrogantes han de ser respondidas, acorde a un artículo de Diario de Cuba. Para manipular la información, tergiversar los hechos y presentarse como víctima, el régimen cubano utiliza a académicos norteamericanos en labores de cabildeo, así como a otros agentes de influencia que disfrazan sus discursos de medias verdades mezcladas con la denuncia de calamidades que necesitan ser apaciguadas para evitar una "catástrofe humanitaria en la Isla". A este grupo de influencers hay que sumar el trabajo de agencias de prensa y diarios que llevan años escondiendo la realidad cubana y que sirven de escudos protectores del régimen.

Lo primero que hay que aclarar es que la Administración Trump no eliminó los envíos de remesas a Cuba, destaca Diario de Cuba, lo que hizo fue sancionar a las empresas militares cubanas que tienen el control de las remesas y lucran con ellas. Para ello prohibió a las entidades norteamericanas hacer transacciones de remesas con dichas empresas. Es decir: las sanciones de la Administración Trump no prohíben el envío de remesas a Cuba siempre y cuando estos se hagan a través de empresas ajenas al control de la estructura empresarial de las Fuerzas Armadas. Por lo que, cada vez que un cabildero de La Habana declare que la administración Trump eliminó las remesas a Cuba, hay que decirle que no existe ninguna sanción que soporte ese argumento.

Si Western Union no ha podido regresar a Cuba después de seis meses de haber sido puesta en vigor la medida que prohíbe las transacciones de remesas de empresas norteamericanas con empresas pertenecientes a las Fuerzas Armadas cubanas, no con empresas civiles, ha sido por la resistencia de GAESA (GAE S.A) a ceder el control del negocio de envío de remesas a Cuba. En este sentido, a finales de noviembre de 2020, tras varias advertencias al Gobierno cubano mediante sanciones previas a las empresas FINANCIERA CIMEX S.A1 y AIS S.A2, el Banco Central de Cuba otorgó las licencias correspondientes para tramitar envíos de remesas a la empresa RED S.A, entidad financiera no bancaria perteneciente al propio Banco Central.

A estas alturas, esa nueva ruta no ha sido activada ni conectada con ninguna de las empresas norteamericanas que habitualmente enviaban remesas a Cuba a través de las empresas Financiera CIMEX S.A y AIS S.A. Si hoy no llegan remesas, es por culpa única y exclusiva del Gobierno cubano, que no ha intervenido para que GAESA se aparte del negocio y permita que las remesas se canalicen por la nueva ruta establecida por el Banco Central. Esto muestra claramente que GAESA manda y el Gobierno cubano obedece. Obviamente, GAESA no quiere perder su principal fuente de financiamiento. Queda claro, por tanto, que la pelota está del lado cubano.

La otra ruta de entrada de remesas son los vuelos a Cuba, limitados por La Habana a causa de la pandemia, descontrolada en el país. Las aerolíneas norteamericanas que aún vuelan a la Isla lo hacen una vez a la semana, a lo que hay que añadir las férreas condiciones de cuarentena que se impone en Cuba a los viajeros, cobradas en dólares en muchos de los casos.

Actualmente, las remesas a Cuba pueden tramitarse por el Banco Metropolitano, el Banco de Crédito y Comercio y el Banco Popular de Ahorro. Ninguno de los tres forma parte de la estructura empresarial de las Fuerzas Armadas. Las remesas no pueden tramitarse por el Banco Financiero Internacional (BFI), al ser este una entidad de GAESA y, por tanto, hallarse sancionado por los departamentos de Estado y del Tesoro de Washington.

Reproducimos el artículo de Diario de Cuba

¿Por qué el Departamento de Estado de EEUU sancionó a las empresas militares que controlan el negocio de las remesas a Cuba?

La respuesta a la pregunta anterior es sencilla: porque las remesas no llegan a sus destinatarios en las monedas en que son enviadas, sino que permanecen en cuentas bancarias en terceros países, a merced de los diferentes usos que la cúpula militar y mafiosa cubana quiera darles. Entre esos usos destacan la financiación de proyectos hoteleros y la compra de productos alimenticios y de todo tipo que después se venden a los ciudadanos con un sobreprecio de al menos el 240 %, en cadenas minoristas dolarizadas, administradas y controlados por GAESA.

Parte de ese capital también se utiliza en la compra de equipos e insumos que necesitan las fuerzas represivas del Gobierno para sus tareas de represión y control de la población, y para el enriquecimiento ilícito de quienes son los dueños reales de estas empresas.

Desde hace mucho tiempo las remesas a Cuba se han convertido en el brazo financiero de GAESA. Constituyen la línea de crédito más jugosa y desprovista de intereses de una mafia que controla el poder en Cuba a su conveniencia; un caudal multimillonario de dólares que es manejado con total discreción, sin ser auditado por la Contraloría General del país, el Gobierno o la Asamblea Nacional del Poder Popular. Son recursos que no provienen de una actividad productiva de empresas cubanas, sino del sacrificio de cientos de miles de emigrados, principalmente asentados en Estados Unidos (más del 90% de las remesas a Cuba salen de ese país).

De esta manera, la mafia que controla Cuba ha convertido la migración en una maquila de generar dólares y lavar capital. La materia prima es fácil de generar: los cubanos descontentos y agobiados por un sistema que los asfixia económica, social, política y emocionalmente, y que no les deja otra opción que escapar y soñar con ayudar a los seres queridos dejados atrás. La maquila se alimenta de los negocios que giran alrededor de esta tragedia.

En un principio estos negocios fueron el envío de dinero y mercancías (principalmente alimentos, ropa y medicinas). Luego todo tomó una dimensión más amplia y se sumaron nuevos elementos: el pago de pasajes aéreos y de hospedaje en hoteles, el envío de electrodomésticos, el alquiler de autos, las recargas telefónicas y de conexión a internet, y cuanta cosa se pueda pagar desde el exterior.

Hasta 2016, en pleno deshielo entre Washington y La Habana, las remesas se convirtieron en la principal fuente de financiamiento de miles de negocios en la Isla. Solo que entonces la mafia gobernante clausuró cualquier simulacro de reforma con el objetivo de detener el empuje de los emprendedores y matar la clase media que venía desarrollándose y desplazaba ya a las empresas del Estado.

Con esa medida, la diáspora se convirtió en el brazo financiero que alimenta exclusivamente a la cúpula que controla el país.

Cuando la administración Obama liberó las remesas a Cuba en 2009, con el objetivo de empoderar al pueblo cubano, olvidó analizar las vías formales de envío. El frenesí que generó la llegada de turistas norteamericanos, los cientos de vuelos de las aerolíneas, la avalancha de cruceros y de miles de hombres de negocios, puso una venda en los ojos de la Administración y le impidió ver a dónde iban a parar miles de millones de dólares que nunca llegaron a manos de sus destinatarios, quedando atrapados en las cuentas bancarias de las subsidiarias de GAESA en un tercer país.

Mientras el ejecutivo norteamericano empujaba el deshielo en apresuradas reuniones con con La Habana, las autoridades cubanas tejían su juego político, sus falsas promesas, sus estrategias dilatorias y sus habituales trabas, poniendo cortapisas a todo intento de avance que internamente catalogaban como injerencista. Llegado el momento de mayor apogeo del cuentapropismo y de mayor avalancha por parte de la Administración Obama en su cruzada por abrir nuevos frentes de acercamiento, el régimen paró en seco las reformas y echó mano a los ataques sónicos. Todo se vino abajo de golpe. Al final, lo que interesaba al régimen era llenar el país de turistas y remesas. Nada más.

Y al mismo tiempo que este ajedrez estratégico se producía entre ambos gobiernos, el pasadizo financiero por el que se tramitaban las remesas se desarrolló a toda máquina, y nadie en la Administración Obama puso atención.

En 2010, GAESA dio el golpe estratégico y se apoderó de la CORPORACION CIMEX S.A, la joya de Fidel Castro. La CORPORACION CIMEX S.A tenía entre sus líneas de negocio el control de los envíos de remesas al país, así como el envío de paquetes y los viajes a Cuba desde Estados Unidos. Era la verdadera centrífuga de hacer dinero. A fin de cuentas, se trataba de la mayor corporación del país, creada años atrás por el propio dictador a su medida y sin límites, para apropiarse de las principales riquezas de la nación.

Quien dude de esto último solo necesita ver la declaración jurada de Mali Suris Valmaña, actual abogada de la Corporación CIMEX [AQUÍ LA DECLARACIÓN ÍNTEGRA], en la demanda interpuesta por la compañía EXXON MOBIL a la Corporación CIMEX S.A y a CUPET, que en su punto 23 (Figura 2) expresa que la dueña de la Corporación Cimex S.A, creada en Cuba en 1995, es la CORPORACION CIMEX S.A creada en Panamá por órdenes de Fidel Castro en 1978.

¿Qué significa esto? Muy sencillo, que la CORPORACIÓN CIMEX S.A en Cuba es una sucursal de la compañía panameña CORPORACION CIMEX S.A, creada en Panamá por orden de Fidel Castro, en 1978. Dicha empresa es la dueña mayoritaria de la CORPORACION CIMEX S.A creada en Cuba en 1995 (a la que Valmaña llama CIMEX-CUBA en su declaración jurada), cuando nació el mercado dolarizado a raíz de la crisis del "período especial", con el objetivo de captar las remesas autorizadas a finales de 1993 por el propio Castro.

Hoy en día, todas las ganancias de las subsidiarias, divisiones y empresas que están bajo la sombrilla de la CIMEX-CUBA, van a parar a CIMEX-PANAMA. En otras palabras, los accionistas de CIMEX-PANAMA, y no los ciudadanos cubanos, son los verdaderos beneficiarios de todos los negocios que maneja CIMEX-PANAMA en su red de empresas. Y dentro de estos negocios se encuentra el de las remesas.

En el punto 38 de la nombrada declaración jurada, Valmaña reconoce que American International Services, S.A (AIS S.A) es una sociedad anónima panameña propiedad absoluta de CIMEX-PANAMA.

Esto significa que todas las remesas que se canalizan por esta vía van a parar a manos de CIMEX-PANAMA. En otras palabras, todas las remesas que se tramitan a través de AIS terminan en una cuenta bancaria en un tercer país. Mientras, la compañía FINACIERA CIMEX S.A entrega su equivalente en pesos cubanos a los destinatarios a quienes iban dirigidas las remesas, o las convierte en un dólar digital en las llamadas tarjetas magnéticas AIS, que solo pueden usarse en las tiendas de los propios militares en la Isla. De esas tarjetas no se pueden extraer dólares en efectivo, sino pesos cubanos. Estas tarjetas tampoco se pueden usar en un tercer país.

Por tanto, para que se entienda de una vez: los dólares enviados a la Isla no llegan nunca a manos de los cubanos; se quedan en las cuentas bancarias de las empresas manejadas por CIMEX-PANAMA en un tercer país.

tifican las sanciones impuestas por el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro a las empresas y entidades involucradas en el negocio de las remesas identificadas en el gráfico.

Después de analizar toda esta información, es fácil comprender entonces por qué fueron sancionadas las empresas militares que controlan el negocio de las remesas.

Una de las pruebas más concluyentes de cómo utilizan las remesas para lavar capital y convertirlas en activos financieros, es la construcción de hoteles que se incorporan año tras año a la red hotelera de la compañía Gaviota S.A, la cual ya cuenta con 105 instalaciones, siendo la empresa de mayor cantidad de hoteles y número de habitaciones en Latinoamérica.

El mito del deshielo

Quienes se empecinan en revivir el deshielo practicado por el presidente Obama con La Habana, deben entender dos puntos que ayudarán mucho a definir el futuro de las relaciones entre Cuba y EE.UU.

El primer punto es entender que el Gobierno cubano no estaba preparado para los retos que implicaba un deshielo. Este se convirtió en una prueba de gran valor histórico para comprender que el Gobierno cubano no había cambiado su pensamiento táctico-estratégico como modelo, como sistema. Su mentalidad —a diferencia de la de sus socios rusos, chinos y vietnamitas— estaba anclada en el pensamiento retrógrado de Fidel Castro y en su doctrina de administrar el país como una economía medieval, tratando a los cubanos como esclavos en pleno siglo XXI.

El segundo punto es que el deshielo no respondió a un acto voluntario de Raúl Castro de buscar un acercamiento a Estados Unidos, sino a una necesidad ejecutada con urgencia ante la grave enfermedad de Hugo Chávez, que terminó con su muerte en 2013, lo que en aquel entonces significaba la posibilidad real de perder el mayor subsidio de la revolución cubana tras la caída de la Unión Soviética en 1991.

El Gobierno cubano ingresaba miles de millones en petróleo que después multiplicaba en la venta a terceros. Además ganaba millones en la venta de servicios médicos y otros negocios opacos en Venezuela. El temor a perder ese valioso colchón financiero y a sabiendas de que no había un nuevo financiador en el horizonte, fue el verdadero detonante del llamado deshielo. La posibilidad de que el chavismo perdiera el control en Venezuela era real por aquel entonces. El deshielo fue un plan B.

Desde entonces, la injerencia de Cuba en Venezuela se hizo más profunda. Al final se apostó por controlar el poder en Caracas y no por adaptarse al deshielo y desarrollarlo a plenitud, con todas las oportunidades que planteaba.

¿Por qué? Porque la cúpula mafiosa cubana no quiere cambios. Tras seis décadas de un sistema hecho a su medida, con una estructura financiera que les garantiza incluso sacar las riquezas del país sin ser cuestionada ni por las propias instituciones del Gobierno, para qué cambiarlo.

Conclusiones

Los envíos de remesas a Cuba están bloqueados por el Gobierno cubano, no por las sanciones que impuso la Administración Trump para apartar a los militares del control de las remesas y limitarles su principal fuente de financiamiento. Es el Gobierno cubano el que no ha provisto una ruta para el envío de remesas fuera del alcance de la estructura empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas.

Para que retornen los envíos de remesas desde Estados Unidos a Cuba tendrían que cumplirse dos condiciones irrevocables:

1. Que los militares se aparten del negocio de las remesas y lo canalicen a través de una empresa fuera de su control, y

2. Que las remesas sean entregadas íntegra y directamente en dólares a sus destinatarios, y que sean ellos quienes decidan qué uso dar a las mismas.

Eliminar las sanciones a las empresas militares que controlan los envíos de remesas a Cuba significa empoderar nuevamente a la cúpula militar cubana, no al pueblo cubano. Eliminar esas sanciones y tramitar nuevamente las remesas a través de estas vías o hacerlo a través del BFI, es convertirse en cómplice de la dictadura.

Todos los cubanos emigrados quieren ayudar a sus familiares y amigos en la Isla a través de los envíos de remesas. Pero para que esta ayuda sea efectiva tiene que llegar directamente. Es hora de poner punto final al robo descarado del dinero que con tanto sacrificio los cubanos en el exterior envían a sus familiares en Cuba.

La impunidad no puede secuestrar a la sensibilidad. Hay que impedir de una vez por todas el robo de capital que la cúpula militar mafiosa cubana hace de las remesas. Las remesas pertenecen al pueblo cubano, no a los tiranos.

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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