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MIAMI.- Atrás quedaron los tiempos cuando un partido ganaba mayoría absoluta en las elecciones y aseguraba la presidencia del Gobierno español. Pedro Sánchez se quedó con las ganas, a pesar de presidir la agrupación más votada en las elecciones el pasado mes de mayo y de tratar de pactar con el único que le mostró interés: Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza.

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Y es que la fórmula de las elecciones en España es diferente a la que practica otras democracias. Mientras la vida política en EEUU cuenta mayormente con dos grandes partidos y la elección directa de presidente, legisladores y alcaldes, los españoles suman más de 20 agrupaciones y votan por listas de aspirantes partidistas.

De esta manera, el partido político que obtenga más escaños en el Congreso español podría nombrar el presidente de Gobierno o al menos pactar con otra agrupación, para sumar los votos necesarios.

Pactar

Pero pactar es cada día más difícil en España. “La proliferación de partidos no tiene otra causa que la fragmentación ideológica y la radicalización por un asunto u otro”, opinó a DIARIO LAS AMÉRICAS el profesor de derecho de la Universidad de Lleida, la más antigua de Cataluña, Ferran Espaser.

Por ello, Sánchez trató de obtener los apoyos necesarios para formar gobierno. Primero miró a la agrupación Ciudadanos, de centro derecha medio liberal, pero tuvo un rotundo ‘no’ por respuesta.

Pidió al Partido Popular, la contraparte histórica de su agrupación, un pacto de Estado y que se abstuviera para formar gobierno pero tampoco le escucharon.

Los votos de los partidos regionalistas, como Esquerra Republicana y otros, no serían suficientes, pero Sánchez tampoco quiso que lo acusaran de pactar con independentistas. Ya lo hizo antes y Ciudadanos le cobró factura con su ‘no’.

Así, que la opción disponible era el ahora débil Podemos, los pocos 42 diputados, pero suficientes, de la polémica agrupación que dirige Iglesias. El mismo que tilda a la monarquía parlamentaria del Estado español de “inadecuada”, reclama que la solución de Cataluña sea un referendo, aunque vaya en contra de la Constitución española, y justifica de alguna manera las dictaduras en Cuba y Venezuela.

Pero Podemos tampoco pactó, no se conformó con una par de ministerios secundarios, aunque trató de lograr más para “entrar” en el Gobierno y convertirlo en otro de coalición.

“Sánchez no podía hacer mucho más. Trataba de negociar con una persona (Iglesias) que, como él, tiene muchas ansias de poder”, señaló el profesor Espaser.

Ceder

“Sánchez sabe que si Iglesias, aun poniéndose a un lado, entra en el Gobierno terminaría convirtiendo la gestión en un infierno: dos gobiernos en uno, como él mismo dijo”, añadió el académico.

Ahora queda esperar por una nueva ronda de conversaciones, la esperada solución de un pacto o el otro, o simplemente la convocatoria a nuevas elecciones en noviembre “que podrían resultar en otro bloqueo”, anticipó el profesor de la universidad catalana.

Mucho o poco por hacer, España vive una de las etapas más difíciles de su democracia: la búsqueda del punto medio entre los intereses políticos de un partido u otro, las ansias de poder o la responsabilidad de Estado que exige el electorado.

“España afronta una seria encrucijada que reclama un cambio en la forma que elegimos el Gobierno”, sentenció.

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