Las autoridades federales también han solicitado a cuerpos policiales estatales y locales reforzar la vigilancia en infraestructuras críticas, lugares de culto, sedes diplomáticas y espacios públicos, ante el riesgo de que individuos radicalizados o pequeñas redes extremistas intenten trasladar las tensiones internacionales al ámbito doméstico.
En este escenario, DIARIO LAS AMÉRICAS consultó a dos especialistas en seguridad internacional y Medio Oriente: el analista de seguridad nacional Luis Fleischman y el profesor Joseph Hage, experto en política y geopolítica de Medio Oriente. Ambos coinciden en que, aunque la probabilidad de una escalada global es limitada, el principal riesgo se encuentra en represalias indirectas o acciones aisladas dentro de territorio estadounidense.
Posible punto de inflexión en Medio Oriente
Para Luis Fleischman, la actual ofensiva militar podría marcar un momento decisivo para el equilibrio de poder en Medio Oriente.
“El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán marca una nueva etapa de tensión, pero también puede ser la guerra que termine con todas las guerras si finalmente se logra un cambio de régimen”, explicó.
El analista sostiene que el régimen iraní atraviesa actualmente una etapa de vulnerabilidad tras los ataques dirigidos contra su infraestructura militar.
“En este momento los ataques están dirigidos contra el régimen, que ya está muy debilitado. Si se produce un cambio político en Irán, podría abrirse una etapa distinta en la región”, señaló.
Fleischman recordó además que la confrontación estratégica de Teherán no se limita a Israel.
“Irán financia organizaciones armadas, desarrolla misiles dirigidos contra Israel y también representa un peligro para países árabes sunitas, especialmente los del Golfo Pérsico”, indicó.
Según el especialista, un eventual cambio político en Irán podría modificar significativamente el equilibrio regional e incluso facilitar procesos de normalización diplomática entre Israel y varios países árabes, con consecuencias geopolíticas de largo alcance.
Riesgo de represalias indirectas
Sin embargo, Fleischman advierte que la respuesta iraní no necesariamente se limitaría al plano militar convencional.
“La forma de represalia que suele utilizar Irán es mediante células dormidas que pueden llevar a cabo ataques terroristas contra instituciones o civiles estadounidenses, israelíes o judíos”, afirmó.
Las llamadas “células durmientes” son individuos o pequeñas redes que permanecen inactivas durante largos períodos hasta recibir instrucciones para actuar. De acuerdo con el analista, estas estructuras pueden activarse en distintos países como forma de respuesta indirecta frente a presiones militares.
Fleischman también señaló que el régimen iraní ha recurrido en ocasiones a redes vinculadas al crimen organizado para ejecutar operaciones encubiertas.
“Irán mantiene relaciones con organizaciones criminales que pueden ser movilizadas para realizar atentados o acciones clandestinas”, explicó.
Amenazas híbridas y guerra informativa
Además del riesgo de atentados, el especialista considera que el conflicto también podría trasladarse a otros ámbitos menos visibles.
“Puede haber ciberataques y también campañas de propaganda. Irán ha demostrado capacidad para utilizar la propaganda y explotar divisiones políticas en otros países”, indicó.
Estas estrategias forman parte de lo que los analistas denominan amenazas híbridas, que combinan presión militar indirecta con operaciones informativas destinadas a influir en la opinión pública o debilitar el respaldo político a determinadas decisiones estratégicas.
Respecto a la posibilidad de una escalada mayor, Fleischman considera que el desarrollo del conflicto dependerá en gran medida de la evolución interna del régimen iraní.
“No parece probable una escalada global en este momento. El riesgo principal está en los ataques indirectos, especialmente a través de células durmientes o atentados terroristas en diferentes partes del mundo”, afirmó.
Vigilancia permanente desde el 11-S
Por su parte, el profesor Joseph Hage explicó que cada episodio de hostilidades en Medio Oriente genera automáticamente un aumento en los niveles de alerta dentro de Estados Unidos.
“Cada vez que hay hostilidades con fuerzas americanas y otras en la región del Medio Oriente, aumentan las alertas de terrorismo en Estados Unidos”, señaló.
Hage, indicó que las agencias de inteligencia estadounidenses mantienen vigilancia constante desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, que transformaron profundamente el sistema de seguridad nacional del país.
“Nunca han bajado la guardia desde el 9-11. El mundo de la seguridad nacional cambió antes y después de esos ataques”, afirmó.
Según Hage, el crecimiento de internet y de las redes sociales ha facilitado la difusión de propaganda radical y la captación de simpatizantes en distintos países, incluido Estados Unidos.
“Las potencias radicales y los islamistas tienen hoy acceso, a través de internet y de las redes sociales, a muchas personas en otros países y en particular dentro de Estados Unidos”, explicó.
Vigilancia e inteligencia preventiva
El especialista también se refirió al desafío que representa la identificación de posibles individuos radicalizados dentro del país.
Según explicó, en algunos casos las autoridades han reconocido haber perdido temporalmente el rastro de personas que ingresaron a Estados Unidos y que figuraban bajo supervisión internacional por posibles vínculos con organizaciones extremistas.
Sin embargo, Hage sostiene que esto no significa necesariamente que hayan desaparecido del radar de los servicios de inteligencia.
“Cuando dicen que le perdieron la pista, no quiere decir que desaparecieron en Estados Unidos. Lo que quiere decir es que no siguieron públicamente su ubicación, pero lo más probable es que las agencias sepan dónde están”, afirmó.
De acuerdo con el analista, en muchos casos las autoridades optan por mantener bajo vigilancia a ciertos individuos sin revelar información públicamente, con el objetivo de identificar posibles contactos, redes o conexiones con operadores en el extranjero.
El desafío de los “lobos solitarios”
Hage explicó que uno de los mayores desafíos para los servicios de seguridad es la detección de los llamados lobos solitarios, individuos que actúan de manera independiente sin vínculos operativos directos con organizaciones terroristas.
“Estos son más difíciles de detectar porque a veces se autorreclutan ideológicamente y actúan por iniciativa propia”, señaló.
El experto explicó que en estos casos las agencias de inteligencia analizan cambios de comportamiento, patrones de compra o comunicaciones sospechosas para detectar posibles amenazas antes de que se materialicen.
“Las agencias aumentan la vigilancia de llamadas, de internet y del comportamiento de personas que ya están bajo supervisión para detectar cualquier cambio que pueda indicar una operación”, explicó.
Ciudadanía alerta, pero sin pánico
A pesar de los riesgos potenciales, Hage considera que el sistema de seguridad estadounidense ha logrado prevenir la mayoría de los intentos de ataques dentro del país.
“El FBI y la Agencia de Seguridad Nacional monitorean el tráfico de comunicaciones y las conexiones con organizaciones sospechosas en el exterior”, afirmó.
El especialista insiste en que la amenaza existe, pero que las probabilidades de sufrir un ataque terrorista siguen siendo muy bajas en comparación con otros riesgos cotidianos.
“La probabilidad de que una persona sea víctima de un ataque terrorista en Estados Unidos es mucho menor que la de tener un accidente de carro”, explicó.
Por ello, el experto recomienda mantener una actitud de vigilancia ciudadana sin generar alarma.
“La ciudadanía debe reportar cualquier sospecha. Si alguien ve algo fuera de lo normal, debe decirlo”, indicó.
Redes internacionales y riesgo regional
Hage también advirtió que organizaciones vinculadas a Irán, como Hezbollah, han mantenido presencia en distintas regiones del mundo y podrían intentar establecer vínculos con estructuras criminales.
Según explicó, algunos agentes vinculados a estas redes han operado en países de América Latina, lo que obliga a las agencias de inteligencia a mantener un monitoreo permanente de posibles conexiones internacionales.
“Esta gente tiene recursos y puede intentar operar a través de redes criminales o estructuras locales si se les da la oportunidad”, señaló.
Para el especialista, el desafío principal para los servicios de seguridad consiste en reforzar los mecanismos de infiltración, monitoreo e intercambio de información internacional para anticipar cualquier intento de ataque.
“Hay que analizar no solo lo que ellos quieren hacer, sino también cómo las agencias de seguridad pueden infiltrarlos y detener cualquier intento antes de que ocurra”, concluyó.
En este contexto de creciente tensión geopolítica, las autoridades estadounidenses insisten en que el refuerzo de los sistemas de vigilancia busca anticipar posibles escenarios de riesgo y evitar que el conflicto en Medio Oriente se traduzca en amenazas concretas dentro del territorio nacional.