La evolución de este conflicto revela una transformación crítica en la guerra moderna, donde la interdependencia económica se convierte tanto en una vulnerabilidad como en un arma. Las acciones de Irán en el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb ilustran cómo los conflictos regionales pueden escalar rápidamente hacia crisis globales que afectan los mercados energéticos, la seguridad alimentaria y las cadenas de suministro. Para los responsables de políticas públicas y los planificadores estratégicos, esto señala la necesidad de reevaluar doctrinas militares tradicionales e incorporar resiliencia económica, seguridad marítima y respuestas a amenazas híbridas en los marcos estratégicos de largo plazo.
El actual conflicto en Oriente Medio, iniciado hace un mes, bajo la denominada Operación "Furia Épica", ofensiva combinada de Estados Unidos e Israel que busca neutralizar proactivamente la amenaza regional planteada por Irán, ha transformado radicalmente las percepciones sobre la eficacia del poder militar convencional en el siglo XXI.
Lo que comenzó como una campaña quirúrgica de alta intensidad, destinada a desmantelar la capacidad de lanzamiento de misiles de largo alcance, la anulación de la infraestructura de desarrollo de armas nucleares y del descabezamiento de la estructura de mando política, militar y religiosa de la República Islámica de Irán objeto propiciar las condiciones para un cambio de régimen, ha derivado en una conflagración de desgaste asimétrico que Teherán parece haber anticipado con la precisión de una partida de ajedrez.
A pesar del éxito inicial en el logro de los objetivos planteados, Irán ha logrado desplazar el centro de gravedad del conflicto desde el campo de batalla táctico hacia las arterias vitales de la economía global, demostrando que su verdadera fuerza no reside en la simetría de capacidades militares, sino en su capacidad de generar un caos sistémico.
El estrangulamiento de las arterias energéticas y el bloqueo de Ormuz
La respuesta iraní ha evitado el enfrentamiento directo de flotas, optando por una que utiliza la geografía como arma de destrucción económica de alcance global. El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha hecho que el tránsito habitual por esa importante línea de comunicaciones marítima disminuya el flujo de combustibles en un 90%, impactando principalmente al mercado asiático. De los cerca de 120 buques tanque que cruzaban dicha arteria de flujo marítimo, en la actualidad solo transitan aquellos autorizados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). A esta parálisis se suma el bloqueo del 25% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL), afectando severamente la seguridad energética de Europa y Asia. La sofisticación de esta estrategia se manifiesta en que el daño no es solo energético, como veremos a continuación.
Crisis de suministros: El impacto global en el mercado de fertilizantes
Otro aspecto crítico, y a menudo subestimado, en este bloqueo es el impacto en el suministro de fertilizantes. Al ser la región del golfo Pérsico un proveedor neurálgico de urea, amoníaco y fosfatos, la carencia de estos insumos en los mercados internacionales proyecta una caída drástica en los rendimientos agrícolas para la próxima temporada de siembra. Esta interrupción podría constituir una amenaza directa a la seguridad alimentaria global. La parálisis de las exportaciones de fertilizantes desde las terminales del golfo podría derivar en bajas importantes en alimentos básicos que constituyen insumos clave en economías vulnerables y, por otra parte, una inflación en los alimentos, convirtiendo la resistencia iraní en un factor de desestabilización social a escala planetaria que trasciende el ámbito puramente militar.
El reto: ultimátum presentado y la reacción
La interrupción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, ha significado un interesante movimiento de piezas sobre el tablero de ajedrez del conflicto. Como se indicara en párrafos anteriores, la afectación de tan importante arteria energética mundial ha escalado el conflicto fuera del área geográfica de la región, implicando importantes alzas en los combustibles a nivel global. En Latinoamérica, el aumento de los precios de las bencinas ha promediado un 20%. De esta forma, Irán, ha podido llevar este conflicto directo al bolsillo del ciudadano común, estando por verse si, en el más largo tiempo, afectará a la producción de alimentos también.
Esta realidad ha llevado al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a plantear un ultimátum al régimen iraní, indicando que, de no levantarse las restricciones de tránsito que ha impuesto sobre el estrecho de Ormuz, en una siguiente fase, los ataques norteamericanos se centrarán sobre la infraestructura energética iraní.
El mandatario norteamericano publicó en su cuenta de la red Truth Social: “A petición del Gobierno iraní, por la presente declaro que voy a aplazar 10 días el plazo para la destrucción de la central energética, hasta el lunes 6 de abril de 2026 a las 8 de la tarde, hora del Este. Las negociaciones siguen en curso y, a pesar de las declaraciones erróneas en sentido contrario difundidas por los medios de comunicación sensacionalistas y otros, están yendo muy bien”.
Respuesta a lo antes expresado vino de parte del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, quien negó cualquier tipo de acercamiento, además de un recrudecimiento de los ataques, tanto sobre Israel como sobre infraestructura militar y civil en países árabes del Golfo Pérsico, no solo bases, sino también instalaciones de tratamiento de combustibles.
Las gestiones que realiza el presidente estadounidense van en directa línea a lograr un control del valor del crudo; sin embargo, el reloj juega en contra del éxito de estas acciones.
La pinza estratégica: El papel de los hutíes y el estrecho de Bab el-Mandeb
En el flanco sur, la irrupción de los hutíes de Yemen, grupo islámico proiraní, ha completado una pinza estratégica de gran envergadura. En apoyo a las acciones desarrolladas por Irán, los hutíes reiniciaron los ataques con misiles de largo alcance sobre territorio de Israel.
El peligro de la reaparición de este grupo en la escena se debe a la amenaza que constituyen para el tráfico marítimo normal por el estrecho de Bab el-Mandeb, por donde transitan diariamente un promedio de 35 a 70 buques cargueros. Esta vía gestiona entre el 20% y el 25% del comercio marítimo mundial, incluyendo millones de toneladas de carga, gas natural y una quinta parte del petróleo hacia el Canal de Suez y por este hacia Europa.
De materializarse esta maniobra coordinada, afectaría, nuevamente, a la navegación comercial, obligando a las naves a circunnavegar África por el Cabo de Buena Esperanza, incrementando en varias veces los costos de flete y extendiendo los tiempos de entrega en semanas. La eficacia de los hutíes, actuando como una extensión descentralizada de la estrategia de Teherán, ya fue probada en el pasado y, con ello, subraya la resiliencia de un modelo de guerra que no depende de una jerarquía centralizada, sino de una red de actores capaces de hostigar constantemente los puntos de paso obligados del comercio marítimo internacional.
Degradación de la proyección de poder: Ataques a habilitadores críticos
El impacto táctico en las capacidades de Estados Unidos ha sido igualmente disruptivo mediante el empleo masivo de drones Shahed de bajo costo y misiles de crucero. Irán ha logrado saturar las defensas de bases críticas en Arabia Saudita, como la Base Aérea Prince Sultan, apuntando específicamente a los habilitadores críticos: los aviones de reabastecimiento en vuelo KC-135 Stratotanker, cinco de los cuales habrían sido impactados en días pasados.
Esta pérdida afectaría la disponibilidad de las diferentes aeronaves que están operando en el teatro y sobre el cielo iraní, en momentos clave cuando la permanencia en el área es relevante para afectar las capacidades iraníes de lanzamiento de misiles remanentes y la amenaza que implican las baterías móviles de misiles cruceros y vehículos no tripulados en las cercanías del golfo Pérsico. Al golpear estos activos invaluables con tecnología barata, Teherán ha invertido la relación de costos de la guerra, forzando a la coalición a un desgaste logístico importante, aumentando los costos de la operación.
Resiliencia estructural: La Guardia Revolucionaria y la preparación para el asedio
La resiliencia demostrada por la República Islámica de Irán tras ser descabezada en los primeros días del conflicto evidencia una preparación meticulosa para el escenario de "continuidad de gobierno" bajo asedio. Aquí, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha emergido como el verdadero pilar del Estado, funcionando como una organización política, militar y económica paralela, operando de forma descentralizada.
La capacidad de sus células para mantener la presión en el Estrecho de Ormuz, atacar las monarquías del Golfo y coordinar ofensivas con vehículos no tripulados y misiles, desde múltiples puntos de lanzamiento, sugiere que el sistema fue diseñado para sobrevivir a la pérdida de su liderazgo central. En un conflicto prolongado, esta estructura celular ha permitido a Irán absorber daños que colapsarían a un Estado convencional, transformando cada provincia en un bastión de resistencia asimétrica que desafía la lógica de la victoria por decapitación político-militar.
Conclusión: El desafío de la asimetría prolongada
La prevalencia de la guerra asimétrica en este conflicto ha demostrado que el descabezamiento de las cúpulas políticas, militares y religiosa, en este caso para un Estado teocrático, no equivale a la derrota militar. La combinación de bloqueos marítimos estratégicos, el uso de proxis, como los hutíes, y el ataque deliberado a las bases de predespligue, empleadas para el soporte logístico, ha permitido a un Irán disminuido mantener bajo asedio la estabilidad global.
La lección de este primer mes de la Operación "Furia Épica" es que, en la interconectividad del siglo XXI, la ventaja tecnológica puede ser neutralizada por un enemigo dispuesto a sacrificar la infraestructura propia para colapsar los sistemas de los que depende el resto del mundo. El desafío para Occidente ya no es solo militar, sino de supervivencia económica ante un adversario que ha convertido su propia vulnerabilidad en una herramienta de coacción global persistente.
Tres ideas clave
- Irán ha utilizado eficazmente la guerra asimétrica para neutralizar sus desventajas militares convencionales e imponer costos económicos globales.
- Puntos críticos estratégicos como el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb se han convertido en teatros centrales del conflicto con implicaciones de gran alcance.
- Estructuras descentralizadas como el IRGC y redes proxy fortalecen la resiliencia iraní, desafiando los conceptos tradicionales de victoria militar.
Leonardo Quijarro Santibáñez, Contraalmirante (R) de la Armada de Chile, miembro sénior, MSI²
Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com