miércoles 15  de  mayo 2024
MUNDO

Israel, en la mira de todos

La nación hebrea libra una eterna batalla contra grupos terroristas y la amenaza inminente de Irán, mientras el pueblo de Gaza malvive atado al adoctrinamiento del desprecio hacia los judíos

Por JESÚS HERNÁNDEZ

TEL AVIV.- Una visita repentina a Israel, justamente cuando la nación hebrea libra otra batalla contra los grupos terroristas Hamás y Hezbolá, además de la amenaza de Irán, sirve para conocer a fondo la situación en torno al pequeño país del Medio Oriente.

Dos días después de que Irán lanzara un ataque a Israel, el 13 de abril, DIARIO LAS AMÉRICAS llegó a Tel Aviv cuando la ciudad israelí aún vivía el impacto de las sirenas que alertaron a la población.

Irán atacó con drones y misiles a Israel ese día, en respuesta al atentado israelí a un anexo del consulado iraní en Damasco en busca de un terrorista, pero ningún proyectil causó daño y la vida volvió a la normalidad, aunque aún se percibe mucha tensión y abundante vigilancia militar.

En torno a Gaza, desde donde el grupo terrorista Hamás lanzó más de 3.000 cohetes destructores y asaltó localidades en territorio israelí el 7 de octubre, la situación es más tensa.

Unos 1.140 israelíes fueron asesinados ese día, alrededor de 1.000 resultaron heridos y 250 civiles y soldados israelitas fueron tomados como rehenes a la Franja de Gaza, entre ellos 30 niños.

El Gobierno israelí respondió con un ataque militar sin precedentes para combatir a Hamás, lo que, dada las circunstancias operativas del grupo terrorista, que se escuda en lugares urbanos densamente poblados, ocasiona la muerte de miles de civiles palestinos.

Según Hamás, las pérdidas humanas superan los 33.000, de los que, acorde con el informe de Israel, unos 13.000 eran soldados terroristas.

De los 250 israelíes secuestrados, aún 133 permanecen en manos de Hamás.

Por qué

Desde los tiempos inmemoriales del Imperio romano, cuando los judíos fueron perseguidos y más tarde los musulmanes ocuparon territorios, ninguna de las partes logra prescindir de prejuicios religiosos y enfrentamientos que culpan a uno y otro.

En 1516 el Imperio otomano conquistó esas tierras y tras perder los territorios durante la Primera Guerra Mundial, en 1917, comenzó el inicio de un conflicto que un siglo después continúa vivo.

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Eretz Israel, la tierra prometida a los judíos desde tiempos bíblicos, es el territorio que los británicos propusieron repartir entre judíos y musulmanes y que la Organización de Naciones Unidas adjudicó en 1947 para crear dos estados: uno israelí y otro palestino.

Entonces, los árabes no aceptaron la repartición de tierras y un ataque conjunto puso a prueba la existencia del recién creado estado israelí.

Tras 75 años de enfrentamientos militares y la insistencia de los dogmas religiosos judío y musulmán, la confrontación continúa.

De un lado, los israelíes viven con el desasosiego de sufrir un ataque terrorista o militar en cualquier momento, y del otro los palestinos malviven atados al adoctrinamiento del desprecio hacia los judíos.

Hamás

El grupo armado palestino Hamás, que gobierna la Franja de Gaza desde el 2006 y no reconoce la existencia del Estado de Israel, asaltó localidades en territorio israelí el fatídico 7 de octubre.

Una visita a la zona asaltada por Hamás sirve para conocer las imágenes dantescas que recogen las evidencias del fuego a viviendas, civiles que fueron quemados vivos y otros que fueron obligados a salir para ser asesinados sin piedad o ser secuestrarlos.

Y si vemos los vídeos de la matanza, que fueron grabados por los asaltantes y publicados en redes sociales, la sensación es aún peor. Dantesca, al estilo de la Edad Media, que quita el sueño.

En la comuna agrícola israelí Be'eri, apenas a un kilómetro de Gaza, el aire aún huele a muerte.

En este lugar, adonde palestinos acudían a trabajar y ganarse el pan de cada día, 130 personas fueron asesinadas, incluyendo a la activista pacifista Vivian Silver, que clamaba por un entendimiento entre ambas partes.

Allí las pequeñas casas parecen narrar el horror del asalto. Viviendas calcinadas, manchas de sangre impregnadas en las paredes y restos de pertenencias yacen por doquier.

A un par de kilómetros de allí, en una explanada campestre, donde miles de israelíes acudían a un festival de música, 364 personas fueron asesinadas y cientos más heridas por soldados de Hamás.

Cientos de automóviles fueron asaltados, acribillados con metralletas o incendiados, cuando los ocupantes trataban de huir del lugar.

Los secuestrados fueron llevados a Gaza, donde, según recogen los vídeos grabados por Hamás, fueron recibidos con vítores y maltratos.

Sorpresa

Acorde con informes extraoficiales, el asalto de Hamás tomó por sorpresa al Ejército israelí.

Incluso hay quien dice que el alto mando militar no tomó en cuenta “los signos de ciertos movimientos” que sucedieron durante días y semanas anteriores.

¿Cómo es posible que el Ejército israelí, apoyado por uno de los sistemas de inteligencia más fructíferos en el mundo, haya permitido un asalto de esta envergadura y demorado horas en responder?

“Es cuestión de concepto”, declaró a DIARIO LAS AMÉRICAS el coronel de fuerzas especiales Ofer Schmerling, que acudió al lugar del asalto tan pronto fue avisado.

“Los altos mandos no tuvieron en cuenta lo que los subalternos dijeron”, señaló.

“Hay que hacer caso a quien vigila y entiende lo que ve a diario”, subrayó.

Cómo, cuándo y quién será analizado por el supuesto error táctico es un asunto que el Gobierno israelí prefiere atender más tarde.

“Ahora lo más importante es cuidar las fronteras”, norte, sur, este y oeste, contestó el militar experto.

“Después, ya veremos. Pero hay que hacerlo”, recalcó.

Entretanto, el frágil gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, que logró asumir la jefatura de la nación tras alcanzar un pacto con otras agrupaciones políticas, luego de tres elecciones generales, está en la mira de la opinión pública que pide nuevos comicios.

Convivencia

Jerusalén, la ciudad tres veces santa, tanto para judíos como para cristianos y musulmanes, es el lugar donde todos confluyen de una manera u otra.

En torno al viejo Jerusalén, enmarcado por la centenaria muralla, es usual ver a unos y otros andar por las calles, prácticamente codo a codo.

Hay momentos en que se escucha el rezo de judíos, a la par de las campanadas de una iglesia católica o el llamado de un imán desde el minarete de una mezquita.

Adara, una señora palestina, que vive en el barrio árabe de Jerusalén, frente a la hermosa puerta centenaria de Damasco, tiene una hija que vive en Gaza, donde está atrapada entre los escombros de lo que fue la ciudad gazatí y la fe ciega de quienes gobiernan el pequeño territorio que apenas alcanza 365 kilómetros cuadrados.

“Que se vayan (los israelíes)”, señaló la señora, que cubría su cabeza con un paño negro.

“Este lugar es nuestro. Aquí hemos vivido por más de 500 años y no queremos que extranjeros ocupen nuestras tierras”, recalcó, en referencia a la convicción de que el territorio asignado al Estado de Israel fue repoblado por judíos inmigrantes de diversos orígenes.

Durante el paso de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando más de seis millones de judíos fueron exterminados por los nazis y sus aliados europeos, el entonces recién creado Estado de Israel optó por recibir a los semitas que temieran persecución.

De esta manera, el antiguo territorio hebreo, que fue en parte expurgado de judíos por los romanos primero y musulmanes después, fue mayormente repoblado por los descendientes de quienes habitaron esa tierra siglos atrás.

“Aquí estamos, y quiero pensar que la convivencia es posible”, comentó Samuel, originario de Argentina, de abuelos judíos, que emigró a Israel hace 15 años.

“Compartimos las mismas calles y los mismos hospitales, incluso nos saludamos, pero no sabemos si quien nos saluda es miembro de Hamás o apoya lo que hace. Esta convivencia es ilusoria. En el fondo no nos soportamos”, así de claro lo manifestó Samuel.

El joven israelí lo resumió de esta manera: “Mientras no haya un cambio de mentalidad, que dejen de pensar que nos robamos la tierra y acepten que fue un acuerdo internacional y que solo queremos vivir tranquilos en este lugar que nos asignaron, las cosas no cambiarán”.

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