ROMA.- El Palacio Apostólico del Vaticano recibió el jueves 1ero. de octubre al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, para reunirse con su homólogo vaticano, el cardenal Pietro Parolin.
ROMA.- El Palacio Apostólico del Vaticano recibió el jueves 1ero. de octubre al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, para reunirse con su homólogo vaticano, el cardenal Pietro Parolin.
La única información que existe sobre la audiencia privada fue el correo que recibimos los periodistas acreditados ante la Santa Sede.
“Las partes presentaron sus respectivas posiciones sobre las relaciones con la República Popular China, en un ambiente de respeto, distensión y cordialidad. También se habló de algunas zonas de conflicto y crisis, en particular el Cáucaso, Oriente Medio y el Mediterráneo Oriental. La reunión duró unos 45 minutos”, se lee en las breves líneas, que confirmaron que la reunión se llevó a cabo con la presencia de Mons. Richard Gallagher, el secretario de Relaciones con los Estados. El gran ausente: el papa Francisco, que se negó a recibirlo.
El gran despliegue de seguridad en Via della Conciliazione y la llegada del enviado de Donald Trump a los sagrados palacios, en compañía de la embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, Callista Gingrich, esposa de Newt, exlíder del Partido Republicano, fue el tercer round y la última imagen de relevancia mediática que quedará para la historia del polémico paso de Pompeo por Italia. Una visita de sólo dos días, pero que generó numerosos cortocircuitos entre los altos vértices de Italia y el Vaticano, ambos con clara cercanía al régimen de Pekín.
ROUND 1: Comparación
El simposio “Defender la libertad religiosa a través de la democracia” fue el primer compromiso de la agenda de Mike Pompeo en Roma, a su llegada el miércoles 30 de septiembre.
En las palabras de apertura del evento organizado por la Embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede, comparó a Bergoglio con la figura del papa Wojtyla, quien hizo de la Iglesia el baluarte de la libertad religiosa porque “supo correr el riesgo de defenderla”, subrayando además que el Partido Comunista Chino (PCCh), “como todos los regímenes comunistas”, pretende ser la suprema autoridad moral de su país.
“En ningún lugar del mundo la libertad de religión está tan amenazada como en China”, advirtió e hizo una solicitud concreta: “Pido a todos los líderes religiosos que encuentren el valor para enfrentarse a la persecución religiosa contra sus propias comunidades y las de otras religiones”. Tales palabras fueron pronunciadas ante el canciller vaticano Mons. Gallagher, con quien compartió las palabras de apertura del evento.
Desde antes de su llegada a Italia, ya era evidente la posición de Trump contra el acercamiento de la Santa Sede y China. “Hace dos años, la Santa Sede llegó a un acuerdo con el Partido Comunista de China, con la esperanza de ayudar a los católicos de China. Sin embargo, el abuso de los fieles por parte del PCCh solo ha empeorado. El Vaticano pone en peligro su autoridad moral, si renueva el trato”, escribió el secretario de Estado de EEUU en Twitter, el pasado 19 de septiembre.
Gallagher, en cambio, mantuvo guantes de seda durante su discurso de apertura y en sus comentarios a los periodistas, aseguró: “No hablé de China, no mencioné ningún país. No cité a nadie, no culpé a nadie”.
Pero seguramente no fueron bien digeridas las palabras de Pompeo, pues remarcó la “instrumentalización” de su presencia en Vaticano en plena campaña electoral.
Por su parte, el cardenal Parolin, a quien le tocó las palabras de clausura, destiló su inconformidad por la frontalidad de Pompeo: “Ya estaba previsto un encuentro con el vértice de la Santa Sede, nos parecía que el lugar más adecuado para hablar de estas cosas”, dijo a los periodistas.
ROUND 2: No a China
Luego tocó el turno del canciller italiano Luigi Di Maio: “El Partido Comunista Chino está tratando de explotar la presencia económica en Italia con fines estratégicos, no están aquí para hacer asociaciones sinceras de interés mutuo”, indicó Pompeo durante la rueda de prensa conjunta y luego instó al Gobierno italiano “a considerar cuidadosamente la seguridad nacional y la confidencialidad de los datos de sus ciudadanos”.
La política estadounidense hacia China es bastante clara: los actores que “pueden acabar con el régimen autoritario del Partido Comunista Chino, deben hacerlo”.
En cuanto a Venezuela, “he hablado [al canciller italiano] de cuánto es importante estar al lado del Gobierno legítimo de Juan Guaidó y también del pueblo venezolano, como más de 60 países, entre los cuales la Unión Europea, para que los venezolanos puedan reconquistar la propia democracia”.
El canciller italiano evadió por completo el tema de Venezuela y, en cambio, aseguró que, aunque Italia está “firmemente anclada a Estados Unidos y la Unión Europea” a través de la OTAN, no pretende sacrificar su relación con China. “Está claro que un país dinámico como el nuestro está abierto a la inversión”, dijo refiriéndose también indirectamente a posibles inversiones chinas.
Instrumentalización
El paso de Mike Pompeo por Italia no sólo generó momentos de tensión, sino además fue evidente la instrumentalización en los medios vaticanos y los ataques en los medios italianos controlados por el gobierno PD-M5S.
El periódico de la Santa Sede L’Osservatore Romano publicó como título de apertura de su página 3: “Biden lidera las encuestas”. Mientras que en portada incluyó la intervención del cardenal Parolin en la conferencia sobre libertad religiosa, publicada en su totalidad junto con el discurso del arzobispo Gallagher, sin hacer referencia al discurso de Pompeo. Sólo dedicó una pequeña noticia a la visita de Pompeo al Vaticano.
Por su parte, los medios italianos sí hablaron mucho de la presencia de Pompeo en Italia, pero omitieron completamente su mención a Venezuela durante la rueda de prensa en la sede de la cancillería e hicieron alarde de la negativa del Papa a recibirlo.
Curiosamente, en días anteriores habían ignorado que la misma suerte había sufrido el cardenal Joseph Zen, el obispo emérito de Hong Kong, que a pesar de sus 88 años atravesó el mundo para tratar de hablar con el Papa y advertirle el peligro que significa la renovación del acuerdo para el nombramiento de los obispos en China.
“Pensar en hacer tratos con Beijing es una locura. Es como hacer acuerdos con el diablo, no puedes dialogar, ni aquí ni allá”, señaló al periódico Brújula Cotidiana.
