jueves 13  de  agosto 2026
EL DRAMA DE LOS RECIÉN NACIDOS

Los pequeños sobrevivientes del Tifón Haiyan en Filipinas

La vida de 20 bebés estaba en peligro y las comadronas tenían que actuar rápido

La ola del tsunami inundó la planta baja del hospital provincial de Tacloban en pocos minutos. Cuando las comadronas notaron el agua en sus tobillos entendieron que había que actuar rápido. La vida de 20 recién nacidos estaba en juego. n

Habían escogido el peor momento para venir al mundo aunque no lo sabían. Dormían plácidamente ante la preocupada mirada de sus padres. Fuera, el viento huracanado había arrancado ya árboles, tejados e incluso coches. Todo volaba por los aires y el sonido era atronador. n

El agua no paraba de subir y la oscuridad era completa. Ya no había electricidad y entonces el equipo médico decidió subirlos a la capilla, que estaba en la segunda planta. Durante los próximos cinco días, en los que el hospital estuvo en la más completa oscuridad, los santos y los crucifijos sirvieron para colgar goteros y los bancos de improvisadas cunas.

La capilla se convirtió en un refugio de esperanza para mantener a aquellos pequeños con vida. u201cNo fue fácil, estábamos en la más completa oscuridad. No había electricidad para las incubadoras, tampoco para los respiradores ni para los goteros, la medicación teníamos que ponerla a ojo u201d, recuerda Annie, la comadrona jefe. nAunque el día del tifón todos se aferraron a la vida, seis de ellos murieron en los días posteriores.

u201cHacía muchísimo frío para ellos. Sobre todo cuando caía la noche, era una pesadilla u201d, explica emocionada. u201cEra muy deprimente, teníamos manos pero no electricidad ni equipos para salvarles, no teníamos a nadie para ayudarnos u201d. n

El equipo de neonatos tuvo que tomar entonces la decisión más difícil de toda su carrera profesional. u201cHablé con mis superiores y nos planteamos dar a los bebés de alta a las 24 horas de su nacimiento. Un hospital sin luz, inundado y sin ningún tipo de higiene es un foco de infecciones.

Estos pequeños supervivientes tendrían más opciones en sus casas, por muy destrozadas que estuviesen, que aquí. No puedo ni explicar lo que sentí cuando se lo dije a los padres. A estas alturas desconozco si los niños han sobrevivido o no u201d, concluye sin poder contener las lágrimas. nLos generadores han traído de nuevo la electricidad al hospital y aunque la situación es precaria, los recién nacidos han salido ya de la capilla.

Sus padres les atienden con mimo, como Mary, que no puede dejar de mirar a su bebé. u201cEl tifón fue terrible. Estaba muy preocupada porque ya me habían dicho que necesitaría una cesárea. Aunque estaba todo inundado, en cuanto pude vine al hospital. Creí que me moría, lloré muchísimo porque ya estaba de parto. Me vio un médico y me dijo que me relajara, que la única opción era que consiguiese dar a luz.

Había muchos voluntarios que me ayudaron y finalmente la niña nació u201d, recuerda sin poder contener el llanto. nLos niños son las grandes víctimas de Yolanda. No entienden lo que ha pasado y se comportan de manera extraña. Lloran sin tener motivo, se ponen histéricos o se quedan pasmados durante horas, en silencio y con la mirada perdida. Muchos no lo entienden porque no tienen quién se lo explique.

Yolanda ha dejado a miles de huérfanos, algunos de padre y madre como los cuatro hermanos Negru Dacuno, que se refugian en la Iglesia de los Redentores, ahora convertida en un inmenso albergue.

La cabeza de familia es ahora Shylyny quien a sus 15 años no sabe cómo explicarles a los tres pequeños por qué mamá y papá ya no van a volver. También se enfrenta al enorme complejo de culpa que la persigue desde el 8 de noviembre, cuando su casa se partió en dos y el quinto hermano Negru se soltó de su mano. n u201cNos habíamos subido al tejado pero de pronto la casa se rompió.

La primera en caer al agua fue mi madre. Oí a mi padre preguntar por ella pero de pronto le perdí de vista. Me quedé con mis hermanos, en el tejado, pero de pronto se hundió.

A Richard Lawrence lo llevaba agarrado de la mano pero se soltó y ya no pude verlo u201d, recuerda entre lágrimas. Los golpes del tifón se pueden ver en su cuerpo, lleno de cortes y magulladuras. n

Lo único que les queda a estos niños son sus tíos, que también han perdido a un hijo en el tifón. También tienen a su abuelo Ricardo, quien a sus 87 años está muy preocupado por el futuro de sus nietos.

La única ayuda que reciben por ahora es la de Brenda Claridad, una voluntaria de la parroquia.

u201cElla es una niña muy madura y muy responsable. Saldrá adelante pero esta familia necesita a alguien que les ayude para que no terminen en un hospicio para huérfanos u201d.

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