Según este último medio, la reorganización coincidiría con la inclusión de la nación antillana en la categoría de “prioridad 1” dentro del Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia, conocido en inglés como National Intelligence Priorities Framework (NIPF). En ese nivel también figuran adversarios como China, Rusia e Irán.
Aunque las autoridades no han divulgado oficialmente el alcance del operativo, las publicaciones apuntan a la incorporación de analistas, especialistas en actividades cibernéticas y oficiales encargados de captar y manejar fuentes humanas.
Luis Rodolfo Quiñonez, militar retirado y experto en seguridad, explicó en entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS que la nueva clasificación obliga a determinar la estabilidad del poder y la disposición de determinados sectores institucionales para respaldar una transformación interna.
“Hay que establecer qué tan débil está el régimen, si la gente tiene el deseo de deshacerse de quienes han controlado la isla durante décadas y si el momento resulta apropiado para un cambio”, afirmó.
Quiñonez, veterano de la guerra de Vietnam y expiloto de combate, trabajó posteriormente en el Pentágono y fue enlace del Departamento de la Marina ante el Senado. En 2016, Trump lo entrevistó como posible candidato a secretario de Asuntos de los Veteranos.
El analista distinguió dos componentes esenciales en esta fase: la vigilancia de las comunicaciones y la búsqueda de colaboradores sobre el terreno. El primero permitiría interceptar llamadas, transmisiones y señales electrónicas; el segundo, acceder a datos procedentes de personas cercanas a los centros de decisión.
Uno de los desafíos consistiría en localizar funcionarios, integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) u otros actores con influencia que pudieran favorecer una apertura. Paralelamente, las agencias federales procurarían reconocer a quienes intentarían impedirla.
“En un lugar tan cerrado como Cuba es difícil confiar completamente en alguien. Hay que actuar con mucho cuidado”, advirtió.
La captación de informantes conlleva el peligro de que los servicios cubanos infiltren colaboradores, suministren datos falsos o descubran a quienes mantienen contactos en el exterior. Cada fuente tendría que someterse a un riguroso proceso de verificación para evitar que la iniciativa sea utilizada en beneficio de la dictadura castrista.
El seguimiento podría extenderse a individuos vinculados con el aparato de espionaje de la isla en el sur de Florida. Quiñonez aseguró que el monitoreo de conversaciones ayuda a establecer conexiones y, en determinados casos, a convertir a un agente descubierto en una pieza de contraespionaje. Esta afirmación corresponde a su valoración y no pudo ser corroborada de forma independiente por este medio.
La estructura especializada permitiría a la CIA concentrar medios técnicos y humanos en objetivos concretos. Sus integrantes estudiarían las relaciones entre los principales dirigentes, las disputas sucesorias y los movimientos financieros dentro y fuera del territorio nacional.
“Todo tiene un propósito. Aquí se buscan las debilidades del sistema para poder utilizarlas en el momento adecuado”, manifestó.
El empleo combinado de datos públicos, labores clandestinas y desinformación también podría aumentar la desconfianza entre los círculos dirigentes. De acuerdo con el especialista, esa presión busca profundizar las divisiones internas y dificultar que los órganos de seguridad distingan entre movimientos auténticos, mensajes estratégicos y posibles operaciones encubiertas.
En el ámbito político, el interés se concentraría en las lealtades, rivalidades y mecanismos de sucesión. Dentro de las FAR, la atención recaería sobre la ubicación de unidades, sistemas de mando, armamento, instalaciones estratégicas y capacidad de respuesta.
La dimensión económica abarcaría el entramado de empresas controladas por los militares, las vías utilizadas para mover capital y la dependencia de determinados funcionarios respecto de negocios administrados por el Estado.
“Sabemos que la economía está por los suelos y conocemos buena parte de los problemas”, señaló el entrevistado. “Lo que falta decidir es de quién se puede depender y quién podría ayudar si se crean las condiciones adecuadas”.
Otro foco sería la cooperación de La Habana con Moscú y Pekín. La Casa Blanca ha denunciado que ambos países mantienen o desarrollan estaciones capaces de captar señales procedentes de territorio norteamericano y observar actividades castrenses en la región.
El experto cuestionó la explicación de que algunas instalaciones vinculadas con el Gobierno de Xi Jinping respondan únicamente a fines científicos o espaciales. En su opinión, su ubicación geográfica y características favorecen la captación de comunicaciones sensibles.
Cuba y China han negado que esos centros representen una amenaza. Washington sostiene, por su parte, que la presencia de recursos extranjeros de espionaje a unas 90 millas de Florida constituye un riesgo para la seguridad nacional.
Quiñonez habló de tres organismos trabajando de manera conjunta y atribuyó un papel relevante a los componentes especializados del Departamento de Defensa, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), los satélites, las aeronaves destinadas a captar comunicaciones y los medios disponibles desde la Base Naval de Guantánamo.
A su juicio, esos recursos permitirían seguir desplazamientos, localizar instalaciones, estudiar sistemas defensivos y determinar dónde se concentran los principales medios militares del régimen. La información pública no ha precisado cuáles serían las tres entidades mencionadas ni el alcance de sus respectivas funciones.
Los datos obtenidos ofrecerían a la Casa Blanca un panorama detallado sobre la situación interna y mayores alternativas frente a una crisis. El especialista consideró improbable un despliegue terrestre mientras existan mecanismos para ejercer presión sin exponer directamente a sus tropas.
Durante su encuentro con Trump en 2016, ambos conversaron sobre las consecuencias prolongadas de los conflictos armados. Según recordó, el entonces presidente electo expresó preocupación por las secuelas físicas y emocionales sufridas por quienes regresan del combate, además del costo económico de atenderlos durante años.
“Me dijo que no quería realizar una acción que exigiera enviar tropas por tierra porque sabía que el precio humano era demasiado alto”, relató. Esa posición, añadió, podría variar ante una necesidad extrema.
Las investigaciones consultadas no confirman la existencia de una operación bélica aprobada contra el Gobierno cubano ni respaldan las versiones difundidas en redes sociales acerca de un supuesto “golpe final”.
El mandato atribuido a la nueva unidad estaría orientado, hasta ahora, a la captación de informantes, el procesamiento de datos, las actividades cibernéticas y la influencia encubierta. No incluye autorización conocida para ejecutar acciones letales.
La Orden Ejecutiva 12333, que regula estas funciones, mantiene la prohibición de participar o conspirar en asesinatos. Cualquier uso de la fuerza tendría que responder a una base jurídica y una autorización distintas.
Aún así, las herramientas tecnológicas no pueden sustituir el respaldo de los cubanos ni la existencia de figuras preparadas para intervenir si las actuales estructuras dejan de sostenerse.
“Si no tenemos el apoyo del pueblo y de personas capaces de asumir el liderazgo, no podemos alcanzar ese objetivo”, enfatizó.
El viceministro cubano de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío reaccionó a las revelaciones con acusaciones de espionaje, subversión y desestabilización. Aseguró que las intenciones atribuidas a la CIA no constituyen una novedad dentro de la relación bilateral.
El oficialismo ha utilizado históricamente ese argumento para justificar su aparato represivo y vincular a opositores, activistas y periodistas independientes con una supuesta estrategia extranjera.
El nuevo escenario coincide con una de las crisis más profundas que atraviesa la nación, marcada por apagones, falta de combustible, escasez de alimentos, deterioro de los servicios públicos y creciente inconformidad social.
Esas condiciones pueden profundizar las fracturas internas, aunque la información disponible no permite anticipar hasta dónde llegará esta estrategia ni cuál será la respuesta del régimen.
Por favor utilizar foto relacionada con el tema y alguna que tengamos del entrevistado en archivo.
Pie de foto para el entrevistado: Luis Rodolfo Quiñonez, militar retirado y experto en seguridad.