La propuesta de que Estados Unidos “se hará cargo” de la conflictiva zona de Gaza, continúa generando reacciones y opiniones.
Calificada de "revolucionaria y creativa" por unos e “inviable” por otros, la idea de sanear la conflictiva zona parece producir un golpe de reacciones entre los palestinos, que beneficia a Israel
La propuesta de que Estados Unidos “se hará cargo” de la conflictiva zona de Gaza, continúa generando reacciones y opiniones.
Tras largos meses de guerra entre Israel y el ejército terrorista Hamás, además de años de sistemáticos ataques de terror y confrontamientos militares, Gaza se mantiene tanto en la palestra israelí como internacional.
“Estados Unidos se hará cargo de la Franja de Gaza”, reafirmó el presidente Donald Trump, días después del sorprendente anuncio realizado durante la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a la Casa Blanca.
“Crearemos un desarrollo económico que proporcione una cantidad ilimitada de empleos y viviendas para la gente de la zona. Un verdadero trabajo”, señaló.
Rápidamente, Hamás rechazó el plan porque ello significaría la salida del poder en Gaza, si no salen antes a la fuerza tras advertencia de Estados Unidos e Israel por suspender la entrega de rehenes.
Tanto la Autoridad Palestina como el grupo armado Hamás, cuya guerra de 16 meses con Israel ha causado una devastación generalizada en Gaza, reiteraron que “la tierra palestina no está en venta".
Por otra parte, países árabes vecinos y europeos rechazaron la propuesta de Trump porque conllevaría “la salida forzosa de cientos de miles de palestinos”, sino más de un millón, que ninguna nación vecina, al cierre de esta edición, estaría dispuesta a recibir.
Arabia Saudita, el poderoso país árabe, aliado a medias y entre comillas de Estados Unidos, también refutó la propuesta.
Incluso Egipto y Jordania crearon un frente común árabe para rechazar la propuesta. Ambos países, que son los más cercanos a Gaza, junto a Israel, rehúsan recibir más palestinos “porque no deben abandonar sus tierras”.
Pero otra advertencia fue emitida por la Casa Blanca, “suspender las ayudas a quienes no colaboren”.
China, como era de esperar, expresó su desacuerdo con la propuesta de sanear Gaza y, Turquía desató su retórica antisemita habitual contra Israel.
No obstante, el gobernante ruso, Vladimir Putin, que también tiene intereses injerencistas en la zona, declaró, a través de un portavoz, "vale la pena esperar por los detalles si estamos hablando de un plan de acción coherente".
Más tarde, durante una entrevista en Fox News, Trump prometió construir "hermosas comunidades" en otro lugar para los palestinos de Gaza.
"Construiremos comunidades seguras, un poco lejos de donde están ahora, donde ahora tienen todo este peligro. Mientras tanto, yo sería dueño de eso", lo que da a entender que se trataría de un proyecto urbanístico privado.
"Piensen en un desarrollo inmobiliario para el futuro. Sería un hermoso lugar. No se gastaría mucho dinero", aseguró.
Luego explicó que los palestinos no tendrían que regresar a Gaza porque sus vidas serían "mucho mejores" en ese otro lugar.
Ante la prensa, a bordo del avión presidencial Air Force One, Trump redobló su plan: "Estoy comprometido con comprar y ser dueño de Gaza", pero sin explicar cómo lo haría.
Netanyahu elogió la propuesta de Trump como "revolucionaria y creativa", pero buena parte de la prensa en Israel, basada en la experiencia inmediata de tener que lidiar con la realidad árabe-israelí, califica la iniciativa de “fantasía”.
Por ejemplo, el influyente periódico The Jerusalem Post planteó: “Desde el comienzo del conflicto palestino-israelí hubo judíos que deseaban que los árabes no estuvieran aquí, y también viceversa. Sin embargo, sólo los chiflados pensaban que las expulsiones eran una buena idea”.
Luego añadió: “Dividir Tierra Santa en dos estados o en un solo estado binacional –con o sin igualdad de derechos– parecía ser la única alternativa real, y eso sigue siendo la propuesta”.
Por otro lado, hay quienes opinan que “probablemente no haya necesidad de analizar demasiado todo esto, porque la propuesta, si se puede llamar así, está muerta”.
Sin abordar conceptos de ética y posibles reclamaciones internacionales que puedan surgir, el profesor emérito de Derecho de la Universidad de Lleida, en Cataluña, España, Ferran Espaser planteó: “No olvidemos que Trump es, ante todo, un hombre de negocios y siempre mira más allá de la pared que tiene enfrente”.
“Por muy irrealizable que la propuesta parezca, sin el visto bueno de los árabes ni de Europa ni de las Naciones Unidas, y sin tener adonde llevar los palestinos, sobre todo los terroristas o problemáticos, Trump pudiera estar pensando en dar un golpe de reacciones para amedrentar a Hamás y permitir a Israel ganar tiempo”, reflexionó.
Amedrentar a Hamás significaría “crear una quinta columna dentro de Gaza, entre la población y parte de los militantes del grupo terrorista, que pudiera dar un soplo de esperanza como alternativa para la reconstrucción de la zona y el bienestar de la población”, señaló.
“Que luego no suceda, por la falta de apoyos, tanto humanos como financieros, aquí lo importante es dar el golpe, tal como el mismismo Trump hizo con el muro con México y otros asuntos”, concluyó.
Por otra parte, el especialista en asuntos del Medio Oriente y exfiscal de Israel Mookie Tenembaum comentó: “El desafío central es la evacuación de la población de Gaza. Para que un plan de estas dimensiones funcione, es necesario definir cómo se sacará a la gente y hacia dónde se enviará. Es poco probable que todos quieran salir voluntariamente, lo que deja abierta la posibilidad de una remoción forzosa”.
Luego aclaró: “Sin una estructura internacional capaz de imponer orden, el ‘derecho internacional’, vuelve a demostrar su naturaleza ficticia. Todo derecho solo es efectivo cuando existe una amenaza creíble de violencia para respaldarlo, algo que en este caso no se da”.
De cualquier manera, la recepción del plan es positiva para Israel. “La posibilidad de eliminar la amenaza permanente de Gaza representa una solución al conflicto palestino. Mientras tanto, la Autoridad Palestina, que durante décadas financió a terroristas en prisión en un esquema que premiaba el asesinato de judíos, anunció que dejará de hacerlo. Este cambio no es casualidad, sino un reflejo del impacto que tiene la estrategia de presión de Trump”, aseguró el especialista en asuntos del Medio Oriente y exfiscal de Israel.
Y concluyó: “Trump demostró que sus amenazas generan resultados. Enfrentó a Colombia con la repatriación de inmigrantes ilegales, y en pocas horas el gobierno colombiano los aceptó tras la advertencia de sanciones comerciales. A México y Canadá los llevó al límite antes de concederles un respiro temporal. Y en Gaza, el patrón se repite. No hay resistencia efectiva a su plan, y cada declaración suya moldea la realidad. Con cuatro años por delante, las piezas del conflicto se reacomodan en función de su estrategia”.
La Franja de Gaza, o simplemente llamada Gaza, es un pequeño territorio de apenas 141 millas cuadradas, 24 veces más pequeño que la isla de Puerto Rico, que se encuentra en el extremo noroccidental de Israel y colinda con el mar Mediterráneo y Egipto.
Ocupada durante siglos por el Imperio Otomano, hoy turcos, hasta el fin de la Primera Guerra Mundial (1918) y posesionada por Gran Bretaña, Israel, Egipto e Israel otra vez, pasó a manos de la Autoridad Palestina tras la firma de Acuerdos de Oslo en 1993.
Densamente poblada, mayormente por refugiados palestinos y sus descendientes, con más de dos millones de habitantes, fue gobernada primero por el partido laico Fatah, facción de la Organización para la Liberación de Palestina, hasta que la agrupación política musulmana sunita Hamás, aliada de Irán, tomó el poder tras unas cuestionadas elecciones en 2006 que condujeron a una guerra civil palestina.
Desde entonces, la sociedad gazatí, influenciada por la doctrina del odio hacia los judíos, se ha caracterizado por el enfrentamiento político y militar con Israel y ataques terroristas a poblaciones civiles israelíes vecinas, al mismo tiempo que ha sido objeto de un riguroso bloqueo que regula la entrada y salida de palestinos, productos alimentarios y otros servicios, como combustible y electricidad.
Más recientemente, el 7 de octubre de 2023 Hamás perpetuó un barbárico asalto a comunidades israelíes cercanas a Gaza y asesinó a 1.139 personas, hirió alrededor de 1.000 y secuestró a 251 que fueron llevados como rehenes a Gaza, entre ellos 30 niños.
Al menos 44 países calificaron entonces de terrorismo el despiadado hecho, mientras otros culparon a la ocupación israelí de territorios palestinos como la causa fundamental de la agresión armada.
Israel desató una ofensiva militar contra Hamás tras el 7 de octubre que prácticamente inmovilizó la fuerza beligerante terrorista.
Decenas de túneles que conformaban el vasto laberinto subterráneo de Hamás, donde escondían armamentos y albergaban centros de mando, fueron destruidos.
También escuelas y hospitales fueron bombardeados, donde Israel asegura radicaban destacamentos terroristas.
Entretanto, el mundo mira sorprendido la destrucción y las muertes en Gaza. Hasta la fecha, según datos del gobierno gazatí, hay más de 47.000 muertes, incluyendo unos 20.000 terroristas.

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