En Jerusalén, donde la confrontación sorprende prácticamente a cada instante, el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, irrumpió en la explanada del Monte del Templo, donde existió el templo judío de Jerusalén que los romanos destruyeron y hoy encontramos el sitio sagrado musulmán la Cúpula de la Roca.
El ministro israelí quiso reivindicar con su visita lo que califica “el derecho de los judíos a utilizar este enclave histórico para la oración”, lo que despertó el mal recuerdo de la Segunda Intifada (2000-2005), cuando un suceso similar disparó un sinfín de ataques suicidas y fuertes reacciones militares de Israel.
“Hemos logrado avances significativos en la soberanía de Israel aquí; nuestra política es permitir la oración judía”, declaró el controvertido ministro a través de la red social X, quien además aprovechó la visita para prometer “la destrucción de Hamas”.
Sin embargo, la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rápidamente desvinculó la visita de Ben-Gvir a la explanada prohibida para judíos de la política a seguir por el Gobierno de Israel.
“Ben Gvir hizo lo que muchas veces dijo que haría, pero su visita no significa lo mismo que la visita que hizo el entonces líder de la oposición israelí Ariel Sharon, que teóricamente impulsó la intifada”, declaró a DIARIO LAS AMÉRICAS el especialista en asuntos del Medio Oriente y exfiscal de Israel Mookie Tenembaum.
“No creo que suceda una rebelión respuesta a la visita de Ben Gvir porque saben que el Gobierno israelí tiene muy poca paciencia en este momento. Creo que la respuesta sería feroz”, resaltó.
Por otra parte, Netanyahu criticó a su ministro de Defensa, Yoav Gallant, luego de llamar “disparate” públicamente al mensaje del Gobierno de haber logrado una “victoria total” sobre Hamas en Gaza.
"Si Gallant adopta la narrativa antiisraelí, perjudica las posibilidades de llegar a un acuerdo de liberación de rehenes", señaló la oficina del primer ministro en un comunicado.
“La victoria sobre Hamás y la liberación de los rehenes”, amplió el comunicado, es la “directiva clara del primer ministro Netanyahu y el gabinete, y obliga a todos, incluido Gallant”.
Por otra parte, un grupo de judíos extremistas, igualmente calificados de terroristas, atacaron una pequeña villa palestina en Cisjordania.
El ataque ocurrió en la aldea de Jit, cerca de la ciudad de Naplusa, donde mataron a un palestino e hirieron gravemente a otros, según informaron funcionarios de la zona.
Parecido a lo que sucedió el 6 de octubre, cuando cientos de militantes de Hamás atacaron poblados cercanos a Gaza, judíos enmascarados, según reportaron testigos, entraron a la aldea, dispararon a palestinos, quemaron casas y automóviles y dañaron camiones cisterna de agua.
El primer ministro Netanyahu condenó el acto barbárico y señaló que toma “en serio” el ataque y que los israelíes que cometan actos criminales serían procesados.
Negociaciones
La guerra de Israel contra Hamás en Gaza suma 10 meses, con sólo una pausa de una semana, a finales de noviembre. Ese alto el fuego temporal condujo al regreso de 50 rehenes israelíes capturados durante el ataque de Hamás el 7 de octubre a cambio de 150 prisioneros palestinos, muchos de ellos terroristas, lo que generó esperanzas de que se llegaría a otro acuerdo.
Esas esperanzas fueron frustradas repetidamente tras infructuosas reuniones. Mientras tanto, las tensiones en Medio Oriente aumentan.
En realidad, la diplomacia internacional, incluidos Estados Unidos, la Unión Europea y países árabes, creen que un alto al fuego en Gaza ayudaría a suavizar las tensiones con Irán.
Inclusive la prensa iraní recoge cómo el alto mando del país persa renunciaría al prometido ataque militar si Israel acepta un acto al fuego en Gaza.
“No veo claro el acuerdo en este momento”, señaló el especialista Tenembaum.
“No creo que Netanyahu acepte un acuerdo de esa envergadura porque se le caería el gobierno de coalición”, que comparte con tendencias políticas menos moderadas.
El presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró que “no renunciaría” a un acuerdo, pero que “se estaba volviendo más difícil”.
De cualquier manera, todos sostienen conversaciones para persuadir a Irán de atacar a Israel en represalia por el asesinato del jefe político del grupo terrorista Hamás, Ismail Haniyeh, en Teherán.
Irán culpa a Israel por la muerte de Haniyeh, que visitaba Teherán.
Israel no ha confirmado ni negado si estuvo detrás del ataque, aunque, según The New York Times, funcionarios estadounidenses reconocen en privado que así fue.
Entretanto, el grupo terrorista Hezbolá, que mantiene sus ataques a la zona norte de Israel bajo la sombrilla de Irán, se mantiene al margen de las negociaciones.
Y aunque muchos aconsejan a Israel invadir al Líbano para debilitar la fuerza militar de Hezbolá, hay muchos otros que aconsejan no hacerlo.
“Espero que Israel no invada el sur del Líbano. Sería una muy mala idea. Y espero que Israel actúe de una manera más inteligente”, replicó Tenembaum.
Según informes de Inteligencia israelí y estadounidense, Hezbolá cuenta con miles de misiles que podrían incluso llegar a Tel Aviv, la ciudad israelí donde vive cerca de medio millón de personas.
Gaza
En el sur de Israel la guerra contra Hamás en Gaza continúa, tras la masacre del grupo terrorista gazatí el 6 de octubre. Y con la guerra las necesidades humanas y las muertes no paran de aumentar.
Según la autoridad de Salud en Gaza, dirigida por Hamás, más de 40.000 personas han muerto en 10 meses de guerra, de los que Israel afirma unos 20.000 eran soldados terroristas.
De hecho, el periódico The York Times recoge comentarios de altos militares estadounidenses que afirman que “Israel ya logró en Gaza todo lo que puede hacer militarmente”, destruir la fuerza operativa de Hamás.
Y que ahora los bombardeos “sólo aumentan el riesgo de afectar a civiles”.
En efecto, los altos militares mencionados opinan que “Israel ha causado mucho más daño a Hamás de lo que anticipamos cuando comenzó la guerra en octubre”.