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Con una crisis epidémica latente, la dolarización y prolongados apagones que superan las 20 horas continuas, la fecha del 24 de diciembre pasará inadvertida para los cubanos
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LA HABANA. - Mientras Miguel Díaz-Canel, presidente designado, caminaba hacía el estrado del plenario en el Palacio de Convenciones, en La Habana, para pronunciar el discurso clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), en el poblado de Santa Marta, Matanzas, a unos 140 kilómetros de la capital, Guenady, padre de dos hijos, descargaba su frustración en el muro de Facebook de la empresa eléctrica local.
“Me ‘resingo’ en la madre de los delincuentes que gobiernan el país. Abajo el comunismo. Ni una mentira más”, escribió después de 27 horas de apagón. Cada vez más, muchos cubanos se quejan insultando a funcionarios encargados de administrar servicios básicos. O al designado: “Díaz-Canel es el peor gobernante que ha tenido Cuba en su historia. Ocupa el cargo porque es un capataz de confianza de Raúl Castro. Es muy difícil que salgamos de la crisis con este imbécil”, dice molesto.
Guenady es mecánico de refrigeración y su esposa es mucama en un hotel del polo turístico de Varadero. “Años atrás esa pincha (puesto de trabajo) dejaba dinero por las propinas y el invento. Los militares, los dueños de esos hoteles, en estos momentos sin apenas turistas, todo lo controlan y no permiten que se lleven ni un rollo de papel sanitario. El salario de mi mujer es muy bajo, cuatro mil y pico de pesos mensuales, equivalente a diez dólares. La jugada está apretada. Y los precios en la calle no paran de subir. Hace dos años que no celebramos las navidades. El fin de año, si resuelvo un pedazo de carne de puerco, compro una botella de ron y esperamos el 2026. Pero lo más seguro es que ese día sea igual que otro cualquiera. 2025 ha sido un año negro”.
Ni siquiera promesas
En esta ocasión, en su discurso, Díaz-Canel no prometió mejoría para el próximo año. “Desde 2020 hasta 2024, el 'sin casa' (un eufemismo utilizado por los cubanos de a pie para evadir el calificativo 'singao', sancionado por las leyes nacionales) siempre decía que en el año venidero iba a mejorar la economía. Era un chiste de mal gusto, porque cada año estábamos peor. Ahora en 2026 el panorama pinta muy feo. Tienen a la gente entretenida con el nuevo mercado cambiario de divisas. Pero cuando apliquen el último paquetazo gubernamental, subirán los precios de la luz, gasolina y alimentos, entre otros. El que sobreviva a esto queda loco”, comenta un chofer de ómnibus.
A veinte personas, DIARIO LAS AMÉRICAS les preguntó si celebrarían la Nochebuena y el 31 de diciembre. Catorce dijeron que el dinero no les alcanza para celebraciones de ningún tipo. El 24, tres cenarían arroz blanco, frijoles negros, bistec de puerco y ensalada de tomates, pero el 31 no festejarían nada. Gracias a familiares en Miami, tres iban a poder realizar una Nochebuena como dios manda y hacer una fiesta el 31.
“¿Qué cosa? ¿Nochebuena? ¿Fiesta de fin año?, se pregunta una estudiante universitaria y ella misma se responde: "El dominó se trancó. Si no tienes parientes en la yuma, un ‘jevito’ extranjero o un negocio que te permita buscarte un baro largo, tus padres no pueden pagar la libra de carne cerdo a mil pesos, un turrón a casi 3 mil pesos y un kilogramo de uvas importadas de California cuesta 4,200 pesos. Y después dicen que hay bloqueo. Si no quieres calentarte la cabeza, lo mejor es no pensar en fechas que siempre se celebraron en Cuba. Si no hay apagón, la opción es sentarte a ver una película o un serial de Netflix. Y si tu familia puede comprar un paquete de pollo de dos kilogramos (2 mil y pico de pesos), date por satisfecho. Este gobierno ha borrado nuestras tradiciones y ha acabado con la alegría de los cubanos. Díaz-Canel y su banda de barrigones son una calamidad. Pero los verdaderos culpables son el difunto innombrable y su hermano, los dos han destrozado la isla”.
Nada que celebrar
Yosbel, herrero, lleva más de un año desempleado. "Trabajaba en una metalúrgica y por culpa de los apagones y el alto consumo energético la empresa tuvo que cerrar. Tengo que buscarme las balas (dinero) por la calle. Hago ventanas, sillones y mesitas de hierro. Pero las personas tienen que priorizar la comida. Si no me saco un número de la bolita o mi compadre que vive en Estados Unidos me manda un combo de alimentos, no celebraré navidades ni fin de año. Pienso comprar un rifle (botella de ron) y tomármelo con mis amigos. Lo de este gobierno no tiene calificativo”.
Gisela, 65 años, todavía no se ha recuperado del virus extraño que afectó a más de tres millones de cubanos. Camina con un bastón y dos meses después sigue con fuertes dolores en las articulaciones y no puede mover los dedos de las manos. “Los afectados por el virus nunca le perdonaremos al gobierno su indolencia por no haber sabido gestionar esta epidemia. Dejaron a la población abandonada. Cuando vieron que empezaron a fallecer personas, fue que se dignaron a recoger la basura en las calles y fumigar en algunas zonas. Un comportamiento delictivo. Debieran ser juzgados. No solo por su incapacidad para gestionar la crisis sanitaria, también por no encontrar soluciones a la interminable crisis económica. Su única meta es dolarizar el país. Es una vergüenza".
"Se han quitado la careta. Al Estado no le importa que haya producciones agropecuarias y pesqueras, que no falten viandas, vegetales, frutas, carnes, pescados. Tampoco le interesa la salud de los ciudadanos y el bienestar de las familias. Lo de ellos es hacer propaganda y decir mentiras. Armaron un espectáculo contra El Toque y la tasa del dólar en el mercado informal y ahora los bancos estatales lo compran a un precio cercano al que se vende en la calle. Le están echando combustible al fuego. Dentro de unos meses la inflación se volverá a disparar. Y los cubanos seremos más pobres. Si tuvieran dignidad, Díaz-Canel y sus ministros debieran dimitir”, opina Gisela.
Solo trabajo privado
Sheila sí puede celebrar las navidades y esperar el fin de año por todo lo alto. Es dueña de una peluquería y su padre le envía 200 dólares mensuales. Es una excepción. “La mejor decisión de mi vida fue pedir la baja como especialista en contabilidad, y con la ayuda financiera de mi familia en Estados Unidos, pude abrir un negocio. Cuando tú no dependes del Estado das un paso importante en tu emancipación. Con el dinero ganado honradamente, he podido reparar mi casa y la de mi familia. Cada día puedo desayunar, almorzar y comer. Vivir dignamente es hoy un lujo en Cuba. En 2025 mi negocio no ha marchado bien. El gobierno siempre encuentra la forma de satanizar el trabajo privado. Pero en diciembre voy a festejar. Ya compré lomo de cerdo importado de Estados Unidos, un pavo, tres paquetes de uvas, seis turrones, cerveza, vino y sidra. Mis familiares y mis amistades se merecen un poco de felicidad en medio de tanta manipulación política, escasez y apagones prolongados”.
El lame botas
Nueve de cada diez cubanos desaprueban la gestión de Díaz-Canel. Pablo, profesor jubilado, dice que “el puesto a dedo es un tipo tedioso, quiere aparentar empatía, pero provoca rechazo. Es un lame botas de sus superiores, un mediocre. No tiene carisma ni personalidad. Un mayoral que recibe órdenes de azotar a eso que llaman pueblo. En siete años de gobierno no ha puesto en marcha un proyecto político o una medida que beneficie a los cubanos”.
En la pantalla de 40 pulgadas de una empresa, Díaz-Canel aparece dando su discurso de clausura en la Asamblea Nacional. Una funcionaria se para y baja el volumen. La oficinista, que está comiendo unos espaguetis que trajo de su casa, le pide que cambie de canal: “Ese tipo es un saco de clavos”. El director de la empresa aclara que son órdenes de arriba escuchar el discurso. Díaz-Canel sigue su cansona perorata. De pronto se va la luz. Nunca un apagón fue tan celebrado.
