martes 10  de  marzo 2026
REPORTAJE

Navidades a la habanera, un modo desigual de celebrar la noche buena

Para la mayoría de los cubanos, que apenas tienen dinero para sobrevivir el día a día, es más fácil que en la Isla nieve que cenar pavo o puerco asado en Nochebuena

LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

En Tercera y 70, el otrora Diplomercado, en Miramar, al oeste de La Habana, los carritos atestados de compras circulan raudos, conducidos por clientes de bolsillos amplios que revisan en los estantes la procedencia y fecha de caducidad de los alimentos.

Los artículos Made in USA son los más apreciados. Tipos como Ernesto, que desde hace tres años se dedica a trasegar pacotillas en grandes volúmenes desde Ecuador, la Zona Franca de Colón en Panamá o Puerto Callao, en Perú, se pueden dar el lujo de comprar alimentos, aliños y confituras sin mirar el precio de las etiquetas.

“Mira a ver si ese pavo congelado es 'yuma'. Coge un 'paq' de Sprite y otro de Fanta, que a los niños les encanta. Echa pa’ca esas salchichas, que son de Baviera”, le dice a su esposa, quien antes de echar las cosas en el carrito, mira la fecha de vencimiento, examina las calorías y si han utilizado preservante químico en la elaboración del producto.

Tienen la pinta de una pareja de portada de una revista de la farándula. Con estilizadas figuras, visten a la moda y parecen felices. Y portan suficiente moneda dura como para pagar 179 pesos convertibles (alrededor de 200 dólares), el salario de ocho meses de un profesional, en alimentos y dulces destinados a las fiestas navideñas.

Luego de dejar tres cuc de propina a la cajera, en la confitería adquieren turrones españoles y chocolates suizos. “Ya compré vinos, cervezas y ron para celebrar la Navidad y el fin de año”, dice Ernesto.

A la salida del mercado, alquilan un auto, que por diez pesos convertibles los lleva hasta la puerta de su casa. Su caso pudiera parecer una excepción. Pero me temo que no.

Por estas fechas, los supermercados habaneros de alto estándar, con precios al nivel de Nueva York, están repletos de usuarios despreocupados que festinadamente se van de compras.

En la Isla se ha ido consolidando una clase media al margen del Estado. Cubanos que destinan más de 1.000 dólares al mes en adquirir comida, darse masajes a 50 cuc la hora en hoteles cinco estrellas y a cada rato cenan en paladares como Starbien, La Fontana o Café Laurent.

No son los típicos amanuenses que trabajan para el régimen, pero se pueden dar ciertos lujos con las migajas y regalías ofrecidos por el Estado verde olivo. Tampoco son artistas o deportistas de éxito.

Son personas que hacen dinero 'pinchando' duro 14 horas diarias en pequeños negocios privados en el portal de su casa. O 'mulas' que transportan mercancías por debajo de la mesa en el mercado negro.

Las navidades en Cuba tienen varios rostros (CORTESÍA)

También una parte de la fauna marginal y los ladrones estatales de cuello blanco festejan la Navidad por todo lo alto. Jineteras de alcurnia, expendedores de drogas y policías corruptos, en Nochebuena cenan cerdo o pavo asado y beben cerveza de marca o ron añejo.

En el interior del país, la realidad es diferente: se nota el ajetreo navideño, pero a menor escala. En la capital, gigantescos árboles repletos de luces se ven por la Habana Vieja, el Vedado y Miramar, tres de las zonas más turísticas.

Si usted se da una vuelta por el bar Sloppy Joe’s, muy cerca del hotel Sevilla, el Parque Central y el Paseo del Prado, notará que después de la cinco de la tarde no hay mesas desocupadas.

Y en la extensa barra de 18 metros de caoba negra no encuentra una banqueta libre. En el Sloppy, una cerveza local cuesta dos dólares y cincuenta centavos y el plato típico de la casa, un emparedado de 'ropa vieja' (hilachas de carne de res sazonada con tomate), ronda los cinco.  

Es difícil reservar una mesa para cenar el 24 de diciembre en restaurantes como Los Nardos, frente al Capitolio, o paladares como La Guarida, San Cristóbal, Doña Eutimia y Havana Gourmet. 

O en la paladar Villa Hernández, situada en una casona de principios del siglo XX, en la barriada de La Víbora, a un costado del Parque Córdoba, un parque en honor a Emilia de Córdoba y Rubio (1853-1920), considerada la primera mujer mambisa.  

“Ya tenemos todas las mesas reservadas desde el 23 y hasta el 31 de diciembre”, dice con orgullo el propietario de Villa Hernández.

Mientras unos cuantos cubanos pueden comprar en el antiguo Diplomercado, reservar en restaurantes y paladares de primera, celebrar la Nochebuena y esperar el 2016 como Dios manda, por miles se cuentan los que ni siquiera pueden hacer planes para esos días.

Lidia es una de esos miles. “Cuando me paguen en el trabajo veré si me alcanza para comprar una ración de puerco en un restaurante estatal y una botella de vino barato. Lo que compre, lo compartiré con mi esposo el 24. Después veremos alguna novela o película alquilada del Paquete”.

Según la prensa oficial, decenas de restaurantes ofertarán pollo, pavo y cerdo asado el 24 y 31 de diciembre. Aunque para José Manuel, jubilado de 75 años, la calidad deja mucho que desear.

“Pero es la única opción para los que tenemos poco dinero. El año pasado compré dos raciones de cerdo que daban asco, era pellejo y grasa na'má. Los viejos y los obreros somos los más jodidos. Nosotros no percibimos las reformas y los cambios económicos”, acota.

Otros, como Antonio, padre de cinco hijos, están peor. Reside en una choza con piso de cemento y sin servicio sanitario en un barrio marginal de San Miguel del Padrón, municipio al sureste de La Habana.

“Navidades para mí es tener cuatro pesos en el bolsillo. Eso de hacer comelatas y tomar cerveza de la buena, es cosa de gente rica o con suerte”, expresa con una sonrisa triste.

Para cubanos como Antonio, es más fácil que en la Isla nieve que cenar pavo asado en Nochebuena. 

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