Los playoffs de las Grandes Ligas ya están aquí, como de costumbre engalanando el mes de octubre, y veo con bastante preocupación como esta ciudad cada día se aleja del equipo local y se acerca a los clubes históricos, Yankees, Mets, Cardenales, Dodgers, entre otros, así como a las franquicias que tienen peloteros latinos que representan a esas culturas que tenemos en Miami.
Así de triste es la realidad del béisbol en esta ciudad con un equipo que no va para ningún lado y que cada día se hunde más en el corazón de los fanáticos de la pelota, ávidos de tener una franquicia que gane o que, al menos, compita.
Octubre es sinónimo de pelota en Estados Unidos y con la excepción de 1997 y 2003, aquí en el sur de Florida no hemos vivido experiencias mágicas para recordar. Así de pobre es nuestra historia de béisbol por estas tierras llenas de fans que aman este deporte y lo disfrutan de especial manera este mes que estamos viviendo.
El fenómeno que estamos viviendo es el de esos mismos fans que ahora siguen a los Mets por el cubano Yoenis Céspedes, a los Dodgers por Yasiel Puig y a los Astros de Houston por el venezolano José Altuve.
Esa es una realidad que lleva fraguándose desde hace varios años y que se ha acentuado con el fracaso continuado de los Marlins de captar el amor de su propia gente aquí en su patio.
Ojo, no es que haya pocos seguidores de los peces. De hecho hay muchos. Pero ni de cerca tienen la misma fanaticada que otras franquicias como el siempre exitoso Heat y los históricos aunque golpeados Dolphins.
Esa desidia y falta de emoción tan evidentes en el ambiente beisbolero nuestro me causan un profundo dolor por el amor que siento por nuestra ciudad, por esa ciudad que en poco más de medio siglo se ha erigido como uno los polos deportivos de Estados Unidos y una de las que tiene los cuatro deportes principales (MLB, NFL, NBA Y NHL), contando a los Panthers de Florida Panthers que juegan en Broward.
Si el fracaso de estos Marlins se mantiene, pues tendremos que seguir sufriendo que la gente se siga yendo en masa a otros equipos por las razones más sencillas, como el origen de las estrellas de esas franquicias o, lo que puede ser aun peor, que los más jóvenes crezcan y sus héroes beisboleros no sean los de aquí sino los de afuera.
Esa realidad, dolorosa y agotadora (porque el tiempo sigue pasando), nos obliga a adaptarnos a la misma y a vivir con el hecho de que cuando los Mets, Dodgers o Yankees llegan a jugar al Marlins Park, sus fans son mayoría en las gradas y es, precisamente, en esos partidos en que el estadio luce medianamente lleno.
¿Tiene solución esto?
No lo sé, pero lo que sí sé es que mientras no cambie el rumbo de los Marlins, el equipo será como una especie de extranjero en su propio patio. Así de dura es la realidad del conjunto de nuestra ciudad, el cual año tras año fracasa en el terreno y solo trae anuncios de despidos, contrataciones, mánagers que llegan mientras otros se van y mucha esperanza para el futuro.
Esa es la verdad de los Marlins. Mucha esperanza y poco presente. Por eso es que octubre nunca tiene un sabor a Miami y por eso es que los fans abandonan en masa a un equipo que ganó con mucho dinero gastado en 1997 y que sorprendió a los poderosos Mulos del Bronx un 26 de octubre del 2003 en el mismísimo Yankee Stadium.
Repito, hoy en día, octubre no lleva nada de lo nuestro si no es por los peloteros de nuestros países y algunos locales que brillan en los equipos que sí llegan al baile.
Ya al fan de Miami no le importa mucho si sus estrellas están o no en los Marlins.
Y eso, para mí, es muy dramático y doloroso.