Antonio Arcaño Betancourt, “El Monarca del Danzón” como le llamaban a este músico ilustre e innovador, nació en el habanero barrio de Atarés un 29 de diciembre de 1911 y sus estudios musicales los comenzó con el maestro Armando Romeu, una de las tantas lumbreras de esa gloriosa familia.

Con la flauta tuvo el apoyo de su primo, el flautista Antonio Díaz Betancourt, que no sólo le guió en el instrumento, desde su niñez en los barrios de Regla y Guanabacoa, sino que le proporciona sus primeras experiencias laborales, al dejar que fuera Arcaño quien le sustituyera en algunos bailes.

Así pues, comenzó –como la mayoría de los músicos populares – a tocar donde pudiera; el cabaret “La Bombilla”, “La Panera de Monte Carlo”, la “Academia de Baile Galatea” y otros lugares bailables en la época, donde hizo contacto con varios músicos que lo influenciaron, como fue el caso de Francisco Delabert “Panchito Flauta Mágica” que fue una experiencia decisiva para su formación como danzonero.

Ya siendo Arcaño un flautista de experiencia, tras su trabajo en orquestas como la del compositor Armando Valdespí y la “Orquesta Gris”, de Armando Valdés Torres, a finales de 1935, el cantante Fernando Collazo le sugiere que ocupe el cargo de director musical de su orquesta “Maravilla del Siglo” desde donde toma impulso para crear su propia orquesta en noviembre de 1937: “La Maravilla de Arcaño”.

Utilizando la famosa habanera “La Paloma” de Sebastián Yradier como tema, la agrupación ganó fama y presencia, lo que le dio oportunidad a Arcaño para seguir un camino de promoción, incluida la radial e innovaciones que fueron realmente novedosas en su época.

En esta primera etapa de la orquesta cantaron voces ilustres como Miguelito Cuní, Miguelito García, René Márquez, René Álvarez, Gerardo Pedroso, Rafael Ortiz (Mañungo), pero ya en los primeros años de la década del 40, Arcaño cambia el concepto y el nombre, pasando a ser “Arcaño y sus Maravillas” y ¡deja de utilizar cantantes! para ser una orquesta puramente instrumental, dándole el nombre de orquesta radiofónica, debido a sus presentaciones en radio.

Arcaño, nutriendo sus filas de una excelente agrupación que tocaba en la Academia de Baile Sport Antillano, logró reunir a varios músicos de primerísima línea que interpretaban danzones y su maestría y talento los podía llevar a un sonido innovador, además de compositores como Israel López “Cachao”, Orestes López, Antonio Sánchez Reyes “Musiquita”, Enrique Jorrín, Félix Reina, José Esteban Urfé, Miguel Tachit y Dora Herrera.

El ingenio creador y la calidad de lectura a primera vista de sus integrantes, permitió a Arcaño satisfacer la demanda de la radio y pronto estuvo en los primeros planos de popularidad y bajo el lema “Un as en cada instrumento y una maravilla en su conjunto”, logró formar una súper charanga con violines de lujo como Elio Valdés, Antonio Sánchez, Enrique Jorrín, Salvador Muñoz, Félix Reyna, Fausto Muñoz y Pedro Hernández; Raúl Valdés y Miguel Valdés, viola; Orestes López, Rodolfo O’Farrill y Rodríguez, cello; Gustavo Tamayo y Julio Pedroso, güiro; Jesús López, piano; Israel López “Cachao”, contrabajo, y Eliseo Pozo “El Colorao”, en la tumbadora, que fue una total innovación en este tipo de orquesta y completó la base rítmica que demandaba el danzón de nuevo ritmo, sello de la orquesta nacido en 1938, incorporando síncopa, acentuación y otros elementos del son, aunque la acción intergenérica entre son y danzón ya se venía manifestando.

“El Colorao” era primo del legendario Chano Pozo y Antonio Arcaño lo incorpora porque ve al Conjunto de Arsenio Rodríguez tocar sones con tumbadora o conga incluida, por lo que le pidió prestado a Quique Travieso, el hermano y tumbador de Arsenio para uno de sus danzones y al comprobar lo bien que sonaba, incorporó a Pozo a la orquesta.

Tomaron como tema el último trío del danzón “Arcaño y sus Maravillas” de Antonio Sánchez “Musiquita” y ya la orquesta fue una de las principales atracciones de la legendaria emisora radial “Mil Diez”, a la que pertenecieron como artistas exclusivos. El intenso trabajo en la Mil Diez desarrolló el concepto experimental de Arcaño y sus excelentes creadores, y además de acoplar al estilo del “danzón de nuevo ritmo” que ya distingue la orquesta, obras del repertorio clásico mundial, introducen sonidos novedosos para la época utilizando celesta, campanólogo y órgano.

Muchas piezas inmortales formaron parte de versiones para danzón de nuevo ritmo, estandarte de Arcaño y así se registraron versiones como Los Bombines basada en el Concierto núm. 1 para piano y orquesta de Piotr Ilich Tchaikovski, en versión de Antonio Sánchez Reyes; de José Esteban Urfé, María Eugenia (Concierto en la menor 'para piano y orquesta de Edward Grieg); de Orestes López, Rapsodia en azul (Rhapsody in Blue, de George Gershwin); de Israel López; Canta, contrabajo (Canción triste, de Serguei Koussevitzky); de Dora Herrera, Siempre te he querido (Preludio en do sostenido menor, de Serguei Rachmaninov); de Miguel Tachit, La viuda alegre («Vals» de La viuda alegre, de Franz Lehar). No fueron ajenos a estos creadores de danzones los temas de los filmes de la época, de los cuales hicieron –siempre llevados al danzón- excelentes versiones; sin embargo, en todos los casos, en el último trío o montuno utilizaban la célula rítmica sincopada que Arcaño bautizó como nuevo ritmo.

Lejos de molestarse o crear animosidad con su émulo en fama y carrera por imponer un sonido de moda: Arsenio Rodríguez “El Ciego Maravilloso”, Arcaño supo explotar esa rivalidad en el gusto popular e incluso actuó en repetidas ocasiones de acuerdo con Arsenio, como manager para contratar su orquesta para distintos bailes y acontecimientos musicales.

Claro está, que con el surgimiento del mambo - del cual tanto Arcaño como Arsenio, reclamaron derechos paternales - y posteriormente del chachachá, triunfa la Orquesta América, de Ninón Mondéjar, no sin el reclamo y separación de la orquesta de Enrique Jorrín como padre de la criatura, que forma la suya propia. AV partir de ese momento empiezan a tomar un protagonismo muy fuerte en el formato charanga los cantantes y a Arcaño le resulta difícil mantener el impacto de su orquesta que al estar conformada por un grupo de músicos numeroso, no podía competir en movilidad y precio con otras charangas que iban subiendo como la espuma con los números cantados de moda y ofreció su última actuación, un baile en el pueblo de Alquízar en 1958, tras veintiún años de carrera con orquesta propia.

Terminaba así el recorrido de una agrupación que puede calificarse como indispensable en la historia musical cubana. La moda en la música tomaba hacia otros rumbos y otras expresiones sonoras, lo cual es comprensible y se ha repetido en más de una ocasión, pero lo que no resulta claro del todo, es que Arcaño se retira con ¡47 años! En plenitud de facultades y no volvió a armar una orquesta.

Ya después de 1959, Antonio Arcaño se dedicó a dar clases en sindicatos, escuelas de instructores de arte y música, formando e informando a futuros músicos en el mundo del danzón.

También resultó un valioso colaborador para el inmenso Odilio Urfé, ese cubano al que todos los que amamos la música le debemos tanto, el creador desde 1949 del Centro de Investigaciones Folclóricas, colaborando también con la EGREM, la empresa de grabaciones, pero ¿por qué un hombre con tanta iniciativa, talento y experiencia no armó de nuevo una agrupación?

Es cierto que el danzón ya había declinado, y los chachachás y sones charangueros estaban al tope con Aragón, Estrellas Cubanas, Melodías del 40, Estrellas de Chocolate, Sublime y tantas otras, pero en los años 60 todavía se escuchaban danzones, principalmente interpretados por esas mismas orquestas de moda y para Arcaño era más que posible armar una charanga, ya no radiofónica al estilo de los 40, sin cantantes, pero de seguro tenía todavía muchas cosas que aportar.

Fue útil, eso sí y quizás se conformó con eso, pero es innegable que tuvo que ser duro ver cómo se iba perdiendo de la memoria popular, uno de los trances más difíciles de asimilar por un artista de renombre, acostumbrado hasta el hecho conmovedor de que alguna madre te ofrezca a un pequeño para un beso, o una anciana te desee bendiciones en la calle y que hasta un grupo jugando dominó bajo un farol en plena calle te ofrezca un trago de ron en signo de admiración y amistad, o sea, esas pequeñas grandes cosas que hacen del oficio de artista uno de los más bellos del mundo. Por eso Maestro Arcaño, quiero ofrecerle este modesto recordatorio, que espero se multiplique en más información sobre su vida y obra, merecedora de que los músicos del futuro la tengan presente, como testimonio de admiración a su talento y a lo mucho que nos aportó.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que fue justa la sentencia de 18 años de cárcel por narcotráfico para los sobrinos de la pareja presidencial de Venezuela?

Justa
Muy suave, debieron ser más años
Exagerada
ver resultados

Las Más Leídas