Es curioso como cuando desaparecen determinadas personas a las que jamás has conocido, puedes sentir su pérdida como si fuera un familiar o un amigo. nAsí lo experimenté hace unos días cuando me enteré de la noticia del fallecimiento de Robin Williams.
Este actor protagonizó varias películas de esas que te dejan una marquita para siempre en el corazón. Además, las circunstancias de su muerte se me hacen especialmente dolorosas u2013aparentemente se suicidó- pues yo perdí a un familiar muy cercano de la misma forma. nRecuerdo como si fuera ayer la tarde de hace 25 años en la que acudí a ver Dead Poets Society con un grupo de amigos en el madrileño cine Palafox.
Añoro la excitación y las ganas de comernos el mundo que aquel profesor de literatura de ficción provocó en nosotros. El u201ccarpe diem u201d que John Keating proponía a sus alumnos fue sin duda una excelente influencia para nosotros, un grupo de jóvenes que estábamos terminando nuestros estudios universitarios y que empezábamos a movernos en la jungla profesional.
Al menos para mí, la búsqueda de la felicidad a través de lo que hago ha sido siempre un objetivo. He tenido la fortuna de poder ejercer una profesión que amo y a la que nunca quise renunciar u2013como muchos me recomendaron- por motivos económicos o de seguridad. n
Neil Perry, el personaje interpretado por Robert Sean Leonard, sentía una mágica vocación por el mundo de la interpretación y así se lo hizo saber a su intransigente padre por consejo del profesor Keating. nEl joven Perry sintió la desaprobación de su progenitor como una barrera insalvable en su búsqueda de su felicidad y optó por tirar la toalla y quitarse la vida.
Esta semana no fue una ficción, al bueno de Williams se le acabaron las ganas de soñar y sonreír y también se rindió. El nudo en la garganta que experimenté hace 25 años cuando el estudiante tomaba la decisión fatal en la película, me regresó al conocer los detalles de las últimas horas de Robin Williams. nQue impotencia sentimos ante algo tan traumático como un suicidio.
Se escuchan tantos comentarios superficiales y a la ligera que hacen que el dolor se acreciente. Al golpe de perder de esa manera a alguien amado se une el comportamiento de mucha gente que se cree con capacidad de juzgar, un sistema legal u2013quizás necesario- que investiga una muerte pasando por encima del dolor de una familia, e incluso, vemos actitudes como las de algunos miembros de la Iglesia Católica que catalogan al que se fue por propia voluntad como un pecador. n
No hay nada que se pueda hacer para devolver la vida a alguien y es necesario no buscar en uno mismo culpabilidades sobre lo que podríamos haber dicho o hecho para impedir lo inevitable. n
La fortuna, en este caso, es que Robin Williams se ha ido pero nos ha dejado al profesor Keating u2013entre otros personajes- como inspiración. Seguiremos adelante en busca de nuestros sueños. Y por supuesto seguiremos gritando u201ccarpe diem u201d.