Por Carlos Omobono

Ante todo, celebro tu libertad. Y estas líneas nacen luego de haber leído tu cruda entrevista, la que te hiciera el colega Antonio Heredia.

En primer lugar, hubo un detalle que me cautivó: a pesar de que finalmente eres un hombre libre, de 30 años de edad, te sabes hijo, e hijo ejemplar… al momento que estando tu madre en la habitación donde se realizaba la entrevista, y ante las ineludibles preguntas que Heredia tenía que hacer, narra el propio periodista que haces una larga pausa mientras miras de reojo hacia tu madre, que está sentada a unos metros de ti, junto a la ventana, esperas que ella abandone la habitación, y luego con las manos cogidas a la espalda, sigues narrando sobre las viles y sofisticadas torturas de las que eras víctima por parte de la canalla descomposición humana que es el SEBIN, que te tenía encarcelado, a mi juicio: secuestrado.

Más que un gesto hacia tu mami, es un acto de amor. Aunque estuvieras convencido en prisión, por razones de fuerza mayor, de que tenías que renunciar a todo, a lo más importante, incluso al amor a la familia, al final, Lorent, ellos perdieron. No pudieron quitarte el amor más sagrado, el amor que tú y tu madre se tienen.

Luego, en tus muchas necesidades de irte desprendiendo de todo, acotas que empezaste a leer los discursos de Pepe Mujica [el expresidente de Uruguay], quien igualmente estuvo 13 años preso en una cárcel llamada precisamente La Tumba, y haces tuya una frase suya: "Descubrí qué tan duro grita la hormiga"…

Pero ese caballero con cara de abuelito bueno, que habla de hormiguitas, era amigo y sostenedor de quien dio origen a tu desgracia y a la de tantos millones de venezolanos: Hugo Chávez.

Son dos comunistas, con caras ambivalentes, como lo era aquel funcionario que, mientras torturaba, riéndose, a un hombre que pedía (inútilmente) clemencia, tú llamaste desde los barrotes de tu celda vecina, a viva voz; "Y el funcionario apareció. Con una naturalidad absoluta. Llevaba la gota de sudor en la frente. Jadeaba. Tenía una sonrisa en la cara. Me preguntó, amable: '¿Cómo estás, Lorent? ¿Qué necesitas?' Y me hundí. La gota, su respiración agitada de tanto golpear, y esa sonrisa... Era un funcionario al que yo había creído incapaz de hacer algo así, distinto a los demás. ¿Cómo podía ser tan cruel con otro hombre y tan amable conmigo? ¿Cómo digerir eso?". En la Divina Comedia de Dante hay una frase que reza: “He visto cosas que vosotros, humanos, no pudieras ni siquiera imaginar”. Tú las viste, las viviste. Pero tú eres y seguirás siendo tu causa. Trata de soltar todo aquél infierno (aunque no sea nada fácil), porque no estuviste, ni estás solo: mano a mano contigo estamos millones de venezolanos, dentro y fuera de nuestro país. No pudieron asesinar la esperanza, así como trataste de hacerlo tú, por aquello de sufrir menos. Confiesas, también, que no quieres venganza, y eso ¡te enaltece!

Tú y nosotros pensamos que hay un país entero por reconstruir. Y que hay que sancionar a los criminales.

Vamos juntos, Saleh. Aquellos que seguimos firmes, y aquellos venezolanos que se sienten derrotados. Tú eres el ejemplo para seguir adelante, aunque no creas lo que te está pasando. Ellos perdieron, están perdidos… ganamos nosotros: los exiliados y el pueblo pacífico. Los demócratas, los que gritamos tan duro como una hormiga, somos un ejército de hormigas, en el mundo, junto a otros gobiernos del hemisferio, que exigimos la rendición del régimen venezolano.

Abrazo solidario.

Desde Milano, Italia

@CarlosOmobono

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que el reconteo de votos en Florida despejará las dudas sobre el ganador en el senado y la gobernación?

Las Más Leídas