El siglo XXI está marcado por la existencia de “dos Américas”, la democrática y la dictatorial. La pandemia del coronavirus ha generado condiciones de miedo, estrés y desconfianza, con cuarentenas y encierros colectivos que han creado crisis sociales y económicas que devienen en crisis políticas.

La calamidad mundial está siendo aprovechada por el castrochavismo -integrado por las dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua y sus asociados- para conspirar e intervenir en los países democráticos de las Américas con el propósito de desestabilizar, debilitar y si es posible derrocar a sus gobiernos.

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En los últimos años, los estados controlados por el castrochavismo se deterioraron en crisis que hace prever su pronto final con el retorno a la libertad y la democracia. Afrontan condiciones extremas en Cuba con un nuevo periodo especial, una crisis humanitaria en Venezuela y con un presidente legítimo reconocido por casi 60 países, y Nicaragua en una crisis general. Todos, con el crimen institucionalizado como forma de detentar ilegítimamente el poder.

La nueva política exterior de los Estados Unidos respecto a las violaciones de derechos humanos, narcotráfico y terrorismo, marca una vital diferencia con las sanciones de diversa índole y grado a los regímenes castrochavistas, que son acompañadas por otros países. Las dictaduras perdieron Ecuador con de la salida de Rafael Correa y quedaron debilitados en Bolivia con la renuncia y fuga de Evo Morales que acotó su principal eslabón de narcotráfico. Se alentaron con la llegada de López Obrador en México y se fortalecieron con la retoma del kirchnerismo con Fernández/Kirchner en Argentina. Perdieron Uruguay y sufrieron gran derrota en la Organización de Estados Americanos con la reelección del Secretario General Almagro.

El castrochavismo optó por el uso de la violencia, y a mediados de 2019 puso en ejecución la desestabilización los gobiernos democráticos de la región con operaciones como el golpe de estado de Octubre en Ecuador, la desestabilización de Chile, la reactivación de las FARC y conspiraciones en Colombia, la desestabilización en Brasil. Estos actos fueron anunciados en reuniones del “foro de Sao Paolo” de La Habana y Caracas y luego reivindicadas por el dictador Nicolás Maduro y Diosdado Cabello calificándolas de “brisita bolivariana”.

La “Convención de Palermo” para la lucha contra la delincuencia organizada trasnacional se aplicó en marzo en tribunales de Nueva York y Florida, puso en captura a Maduro y miembros del régimen de Venezuela, con recompensas de 15 a 10 millones de dólares por su captura y con efectos en curso para sus socios en Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina, México. A los pocos días Estados Unidos anunció el inicio de la operación antinarcóticos “Orión V” en el mar Caribe y en el Pacífico oriental con 17 que incluyen Colombia, Brasil, España, Francia y Bélgica.

En este escenario la pandemia del COVID-19 y sus graves efectos psicológicos, sociales y económicos en los pueblos de las Américas, pasaron a ser utilizados por las dictaduras del castrochavismo y sus aliados como “oportunidades” para acelerar la conspiración e intervención contra las democracias como lo prueban hechos en Ecuador, Chile, Bolivia, Brasil y Colombia.

En las protestas violentas en Estados Unidos, medios de prensa, como Infobae, el Diario las Américas, El Nuevo Herald y otros, han informado que “el FBI detuvo a un grupo de venezolanos y cubanos que pagaban para causar caos en las protestas en EEUU”, que “militante chavista participó en marcha…. en Florida”, que “la izquierda radical latinoamericana infiltra protestas en EEUU”, que “Rodríguez Zapatero exhortó poner a EEUU en situación imposible”, que “ Apuntan a Maduro por el caos” y más. El secretario de Estado Mike Pompeo “denunció que China intenta aprovechar políticamente a muerte de George Floyd”.

Vivimos un momento de nueva agresión de las dictaduras contra las democracias aprovechando las condiciones de la situación de crisis mundial. Es el eje de confrontación del siglo XXI, el de las “dos Américas”, que solo cambiará cuando la región retorne a la libertad y la democracia cesando los regímenes de oprobio, usurpación y narcoestados. No es un ataque político, es el crimen organizado que detenta el poder político, es el castrochavismo dirigido desde Cuba y operado desde Venezuela expandiendo violencia.

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