jueves 30  de  julio 2026

Chaderton, un caradura

El embajador ante la OEA, Roy Chaderton, afirma que con la salida de Venezuela de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se desmonta"el aparato de desestabilización, de procesamiento selectivo y politizado del tema de los derechos humanos u201d.

Sostiene que no funcionó"para ocuparse, masivamente, como debió haberlo hecho, de la violación de los derechos humanos durante la IV República". nSe trata, por lo visto, de las declaraciones de un incorregible caradura. nSabe éste, pues sirve como director de política exterior durante el gobierno de Herrera (1979-1983) luego de trabajarle a CAP I en Bélgica y Nueva York (1974-1979), que en estos gobiernos es cuando apenas se ratifica el ingreso de nuestro país a la Convención Americana de DD.HH. y entra en vigor. Y se complace entonces al cooperar como diplomático en la elección del reconocido jurista venezolano Pedro Nikken, juez de la primera Corte y su Presidente. n

Por lo mismo, es al Gobierno de Lusinchi (1984-1989) al que le corresponde pasar por las"horcas caudinas" de la Convención u2013 la Comisión y la Corte Interamericanas, sitas en Washington y Costa Rica. Le meten el diente a la masacre de El Amparo y Venezuela nunca amenaza con desconocerlas.

Entre tanto Chaderton, caradura, disfruta como embajador ante el Reino de Noruega. nLlegado CAP II (1989-1993) le sirve con obsecuencia. Es su Director General de Política Internacional y luego embajador en Canadá, nada menos. Mientras tanto dichos órganos supranacionales se ocupan de responsabilizar al Gobierno del que participa por El Caracazo y las muertes en el Retén de Catia; y bajo instrucciones presidenciales, además, gestiona los votos en la OEA para que quien esto escribe sea electo Juez de la Corte de San José y suceda al fallecido constitucionalista Orlando Tovar Tamayo.
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Más tarde será CAP quien acuda a la Comisión que antes lo tiene bajo la mira, para protegerse de un Poder Judicial que juzga de parcializado y le derroca. Pero Chaderton sigue en ascenso. Actúa como Vice Canciller con Caldera II (1994-1999) y se muestra incómodo por la severidad de la propia Comisión en el manejo de los casos que afectan a los gobiernos de Lusinchi y CAP II. Pero no le incomoda la elección de don Alirio Abreu a la Corte, creador de nuestra Justicia de Paz. Y cuando la Comisión le pide explicaciones a Caldera por el caso personal de CAP o el de los banqueros prófugos, el caradura se atosiga, pero para sus adentros. nAsí las cosas, silencioso y distante como el"diente roto" del cuento de Pedro Emilio Coll, logra se le premie como embajador en Londres.

Desde allí habla mal y mal le cae el candidato Hugo Chávez, pues desde su meliflua pose lo desprecia. Le mira como a un u201cpata en el suelo u201d. nAlgo ocurre entre ambos, no obstante, en 1998, bajo la neblina británica. Emerge la traición y asesina a sus amistades de la IV.

Le filtra documentos de Estado al exgolpista y escupe la confianza de quien le forma (Caldera I, 1969-1973) destinándole a las embajadas de Polonia y Alemania. nLo cierto es que la República civil, desde mucho antes y en los períodos de Rómulo Betancourt (1945-1948/1959-1963) adhiere a las reglas de la OEA sobre derechos humanos y apoya a su órgano fundacional, la Comisión, que nos vigila desde entonces sin concesiones, como exigencia de nuestro compromiso y coherencia con los postulados de la democracia.

Rómulo Gallegos será su primer presidente y lo heredan, para honor de Venezuela, el jurista y antiguo magistrado de la Corte de La Haya, Andrés Aguilar Mawdsley; el sociólogo y abogado Marco Tulio Bruni Celli; y el constitucionalista Carlos Ayala Corao.

Todos a uno admirados por Chaderton, como se creía, quien con aguante digno de mejor causa ocultó su personalidad hasta que la revolución lo saca del closet. nChávez lo premia y le encomienda ser su embajador en Colombia y ante las FARC.

Sucesivamente le nombra Canciller de la República, embajador en Francia, en México, y en la OEA, hasta que lo hace elegir diputado del marxista PSUV luego de haberse predicado católico y copeyano durante casi 40 años. Y calla que la misma Comisión protege a su ahora protector fallecido, el 11 de abril; quien al caso es llamado al botón interamericano por tres situaciones emblemáticas durante su mandato: la destitución ilegal de jueces y el uso de éstos para perseguir a disidentes; la agresión a medios y periodistas; las ejecuciones extrajudiciales por la policía y el horror de nuestras cárceles. Son apenas 14 las sentencias que tienen por demandada a Venezuela, de las 261 dictadas por la Corte. Y es quizás, por ello, que Chaderton apoya nuestro retiro de la Corte, por haber omitido investigarlo. n u00a1Pobre Maduro, no sabe lo que le espera!
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El autor es jurista y escritor venezolano. Ejerció como Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. [email protected]

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