El fútbol une a los pueblos de América. Soy cubano y aun cuando no podemos vanagloriarnos de ser excelentes jugadores, la pasión por este deporte ha crecido en las últimas décadas en la isla caribeña.

Esa pasión futbolística hace que, por estos días, solo respire fútbol, y junto a todos los latinos de la comunidad miamense, cuente los minutos para que el árbitro argentino Néstor Pitana lance el pitazo que de inicio a la Copa del Mundo Rusia 2018.

Desde una lógica matemática que asombra a los expertos, los fanáticos realizan análisis sobre el equipo que levantará la Copa. Clásicos como Brasil, Alemania, Francia, Argentina, una España devenida multicampeona o hasta la selección cafetera, Colombia, que pudiera dar la gran sorpresa, se barajan como triunfadores.

Una de las noticias más relevantes en las últimas horas, implica a la selección que, si juega a la altura de sus megaestrellas, puede ser campeona: España, con la mejor defensa del mundo, según mi opinión, que incluye a Carvajal, Sergio Ramos, Piqué, Jordan Alba y una mezcla de veteranía y nuevas figuras bien balanceada. Los titulares se centran en la expulsión de Julen Lopetegui como Director Técnico de la selección, a solo un día del inicio del mundial.

El detonante fue el anuncio por parte del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, en un momento inoportuno, de que Lopetegui será el reemplazo de Zinadine Zidane al frente de la selección merengue. Los estadios rusos no verán sobre su grama al hombre que guió a los ibéricos en una clasificatoria impresionante, dejando a un lado a Italia, una de las ausencias rememoradas desde la nostalgia en esta Copa del Mundo, recayendo en Fernando Hierro la responsabilidad de guiar a la selección ibérica.

Pero en medio de estas noticias, una atrapó mi mirada: México, Estados Unidos y Canadá serán la sede de la Copa del Mundo en el 2026. Norteamérica unida en el acontecimiento deportivo, junto a los Juegos Olímpicos, más seguido a nivel mundial.

La decisión convierte a México en el primer país en ser anfitrión de tres Copas del Mundo, para Estados Unidos será su segundo mundial y Canadá debuta en estas lides. Ya se habla de la ciudad de Nueva York como sede del partido final.

Fue triple mi alegría. Por vivir en el continente americano, en este país, y por avizorar la posibilidad de ser testigo presencial del partido final de esa Copa del Mundo, justo en la ciudad que me acogió al llegar a esta gran nación.

Atesoro como uno de los momentos trascendentes de mi vida periodística, haber comentado para la radio y la televisión la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. Una de las más espectaculares en la historia del fútbol.

Aún perviven en mi memoria acontecimientos imborrables. En ella confluyeron una constelación de estrellas y sucesos pocas veces vistos en la historia. Fue la Copa de Romario de Souza Faria, el hombre que llegó del Barcelona para salvar a Brasil y llevarlo hasta la clasificación del mundial cuando parecía lejana, de un Maradona cuyo dictamen de doping ensombreció el camino de Argentina, del rumano Haig, protagonista de la eliminación del once albiceleste, de Bebeto celebrando el nacimiento de su hijo como mejor sabía hacerlo, a ritmo de zamba y gol. Cómo olvidar que fue ese el mundial donde, por vez primera, después de la Caída del Muro de Berlín, las dos Alemanias participaron unidas, o la tela desplegada en uno de los terrenos que aseguraba: “Gracias y perdón Bilardo”, como modo de restañar las reiteradas críticas lanzadas contra Carlos Salvador Bilardo, técnico argentino, a quien sus hinchas terminaron reverenciando, tras reiteradas críticas, o la entrada del equipo brasileño al Rose Bowl de Los Angeles, el 17 de julio de 1994, a disputar la final de esa Copa frente a Italia, rindiendo homenaje a Ayrton Senna, campeón de Fórmula 1, fallecido en un accidente automovilístico en mayo de ese año, con una inmensa pancarta que sentenciaba: “Senna, aceleramos juntos”.

Este 14 de junio, cuando el balón eche a rodar con el inicio del partido entre Rusia y Arabia Saudí en el estado Luzhnikí, en Moscú, el mundo estará en vilo, pendiente de la suerte de las treinta y dos selecciones que toman parte. Desde ese día hasta el 15 de julio, fecha de la final, los principales titulares girarán sobre los temas relacionados con el más universal de los deportes. Los conflictos internacionales perderán preeminencia informativa, al tiempo que, sonrisas y llantos invadirán la vida de millones de personas, donde muchos, como los cubanos, no necesitamos que nuestro país esté presente para tener nuestro equipo en el mundial.

La comunidad latina en los Estados Unidos estará de fiesta. En Rusia 2018 están Brasil, Uruguay, Argentina, Colombia, México, Costa Rica, Panamá. Los grandes ausentes de la Copa: Italia, Holanda, Chile, Camerún, Estados Unidos y Paraguay.

En horas se desatan las pasiones del deporte, para muchos, más bello del mundo. Brasil, Argentina y Colombia son las grandes esperanzas de un continente con suficientes razones para festejar, no sólo por los siete equipos que lo representan, sino porque sabe que, por vez primera en la historia, Estados Unidos, México y Canadá se unirán para desarrollar la Copa del Mundo 2026. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró al inicio de esta semana que durante los días de ese mundial no habrá restricción para la circulación de personas en el país.

Las ideas, los océanos, las opiniones, pueden separar a la gente, pero el fútbol nos une a través de un lenguaje común. La gran pregunta: ¿Quién ganará esta Copa del Mundo? Solo el tiempo tendrá la respuesta, pues como aseguró Sepp Herberger, entrenador de la selección alemana: “La pelota es redonda, el juego dura noventa minutos, todo lo demás es solo teoría”.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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