Es una creencia generalizada que el primer debate presidencial fue celebrado en 1960 entre el entonces senador demócrata John F. Kennedy y el vicepresidente Richard Nixon, pero esto no es del todo cierto.

De acuerdo a una referencia histórica de la página web del Senado estadounidense, el primer forcejeo verbal bipartidista y televisado en campaña electoral por la Casa Blanca se produjo cuatro años antes, cuando el candidato demócrata Adlai Stevenson desafió al presidente republicano Dwight Eisenhower, quien aspiraba a un segundo mandato.

Te puede interesar

La dinámica del momento hizo que los candidatos fueran representados por sustitutos que debatieron el temario ante los medios televisivos. Por los demócratas estuvo la exprimera dama e ícono del partido Eleanor Roosevelt y por los republicanos la senadora de Maine Margaret Chase Smith. Ambas brindaron al público una oportunidad única para presenciar por primera vez a dos damas inteligentes disputándose el cuadrilátero político.

Según la reseña legislativa digital “aunque Smith no estaba segura de sus habilidades para debatir, confiaba en poder ofrecer un argumento sólido en apoyo de Eisenhower. Por esa razón, insistió en una declaración final de dos minutos. Smith calculó cuidadosamente las opciones de su vestuario y peinado, buscando un contraste con el estilo más señorial de Roosevelt. También lo fue su conducta: contundente, pero educada; bien informada, pero sobria y respondiendo a las preguntas lo más brevemente posible en un tono uniforme”.

Eisenhower ganó la lección con 57.4% de los votos.

Si bien es cierto que los debates presidenciales no siempre electrizan al país, ni necesariamente cambian la intención del voto, John F. Kennedy resultó ganador en 1960 en parte debido a la confianza que proyectó ante las cámaras en comparación con el republicano Richard Nixon, a quien se le vio nervioso e inseguro. Kennedy ganó en una de las presidenciales más reñidas de la historia de Estados Unidos.

Sin embargo, este año los debates podrían ayudar a marcar la diferencia el 3 de noviembre, de cara a los desafíos derivados de la pandemia, el aumento de las protestas violentas en todo el país o la economía en crisis.

La incertidumbre ha aumentado ante el vacío dejado por el fallecimiento de la legendaria juez liberal de la Corte Suprema de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg, considerada una pionera en la lucha por la igualdad de género y admirada como símbolo de imparcialidad política, especialmente por la gente joven.

El presidente Donald Trump por su parte ha subido el tono de las apuestas al cuestionar el sistema de votación postal.

“Me gusta ver televisión y ver el momento cuando se anuncia ‘el ganador es’, ¿verdad? Puede que esto no lo escuchemos durante meses, porque esto es un desastre”, dijo el mandatario recientemente.

Una reciente encuesta, publicada por el Consejo de Asuntos Públicos en Washington, concluyó que la mayoría de los estadounidenses dudan sobre la imparcialidad del proceso de votación. “La preocupación por la integridad de las elecciones y el acceso al voto es generalizada. Y solo el 29% de los estadounidenses tiene fe en que las elecciones de 2020 se llevarán a cabo de manera honesta y transparente”.

Ahora el nombramiento de la jueza Amy Coney Barret, una favorita de los conservadores para ocupar la vacante dejada por Bader Ginsburg, ha aumentado los temores demócratas sobre si los resultados electorales pudieran terminar en manos de una Corte Suprema de mayoría conservadora.

El candidato demócrata Joe Biden ha tenido la delantera en las encuestas, pero ha habido fuertes indicios de que el Presidente está reduciendo la brecha.

Mientras tanto, el voto latino está tomando protagonismo para ambos lados. Trump y Biden están prácticamente empatados en Florida, donde el voto latino es un factor crucial, aunque la tendencia que preocupa a los demócratas es que Biden no esté atrayendo apoyo suficiente de este segmento.

Por lo pronto, Trump se anotó puntos con la comunidad venezolana de Florida, cuando señaló que Estados Unidos podría convertirse en “una Venezuela con esteroides” si él pierde en noviembre.

El país se encuentra en un punto de inflexión y ahora más que nunca se probará si son las acciones del pasado o las promesas de futuro las que contarán para elegir al ganador.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

Las Más Leídas