Nada me infunde más temor que un pacifista armado, salvo un pacifista armado que se dice poeta. Porque el revolucionario pacifista está tan convencido de que tiene toda la razón, que termina encontrando razones para todo. Y eso incluye publicar un poemario, aliarse con Evo Morales o degollar a sus rivales. Y a menudo sus rivales eres tú.

Particularmente prefiero distraerme viendo un partido de fútbol o encestando cacahuetes en el bolso de señoras que se saltan la cola en la charcutería, pero si quieres ver cómo funciona una revolución socialista, mira Nicaragua. Mira Cuba. Mira Venezuela. Cuando los ciudadanos les dan la espalda, los agreden o los matan. Si solo nos centramos en el asunto aritmético, resulta una estrategia brillante para el éxito electoral. Incluso Maduro sería capaz de entenderlo si lo formulamos como un problema de Matemáticas: si tienes cien opositores y cien chavistas y pasas por la guillotina a cincuenta opositores, has ganado las próximas elecciones.

No obstante, la táctica presenta algunos inconvenientes si examinamos a fondo las razones de ser del sistema democrático. La libertad, la justicia, la mayoría, los derechos individuales y esas menudencias que los gobernantes de Venezuela, Cuba y Nicaragua temen tanto como una buena ducha.

El agravante de la actual situación en Nicaragua es que la dictadura socialista está formada por una pareja singular: el carnicero Ortega y su señora, a la sazón poetisa en la tierra de Rubén Darío, para sonrojo de Ruben y de Darío. Y tengo para mí que es la señora Murillo, poeta como se ha dicho, y guerrillera -lo de ex guerrillera no está tan confirmado-, la más peligrosa de la pareja, por cuanto no ha tenido reparo en ejercer siempre el terrorismo: primero en la oposición, ahora en el Gobierno, y siempre en la literatura.

De su pluma han brotado versos tan aterradores, que a su lado la sangrienta represión de su pueblo que está llevando a cabo parece un juego de niños. Los nicaragüenses fueron engañados por los camelos de la revolución que traería la paz, el progreso y la democracia y hoy están en una dictadura de corte comunista y salvaje, como los cubanos y los venezolanos, ante un estruendoso silencio internacional. Muchos se han desengañado en los últimos meses, tras los cientos de muertos que se suman a la siniestra estadística de los horrores compartidos entre comunistas y socialistas. Y otros lo vieron venir y abandonaron el sandinismo antes de que Ortega mostrara su verdadera cara. Todos ellos son hoy la oposición, la esperanza y la libertad.

Nada puede reprochársele a los opositores al régimen de Ortega y Murillo, salvo que no vieran antes el verdadero peligro de la segunda. Una mujer que escribe versos como "aún así te parí en esta tarde / con cuatrocientos cincuenta sobres con nombre y dirección / y una fila de incansable preguntones / sobándose la barriga complacidamente" es una mujer capacitada para cometer las peores monstruosidades, además de las que de ordinario inflige a sus lectores. Al fin, no por casualidad, la poetisa Murillo ostenta el récord del mundo de exclamación de alivio después de enhebrar unos versos. Pues cuando alumbró aquello de "quería escribirte un poema / de aquellos nuestros con palabras mezcladas (...) / pero ya ves que no pude" se escuchó en todo el mundo, solemne, unánime y atronador, el cántico de acción de gracias Gloria in excelsis Deo. El mismo cántico aliviado que sonará el día que Ortega publique su renuncia al poder y Murillo se vea obligada a elegir entre las armas o la poesía, y elija las armas.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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