Hay un problema con Shohei Ohtani: hace historia con tanta frecuencia que ha comenzado a volverla costumbre.
Si bien los aficionados y expertos se empeñan en comparaciones, la realidad es que Shohei Ohtani, de los Dodgers, está labrando un camino único
Hay un problema con Shohei Ohtani: hace historia con tanta frecuencia que ha comenzado a volverla costumbre.
Su jonrón 300, alcanzado en apenas 1.102 juegos, lo convirtió en el quinto pelotero más rápido en llegar a esa cifra en la historia de las Grandes Ligas. El dato impresiona por sí solo. Más todavía cuando delante de él aparecen Aaron Judge, Ralph Kiner, Ryan Howard y Juan González. Es una lista reservada para bateadores extraordinarios.
Pero el récord es apenas la superficie. Lo realmente extraordinario es que Ohtani no construyó ese camino dedicándose exclusivamente a batear. Mientras los otros nombres del listado perfeccionaban un solo oficio, el japonés también cargaba con la responsabilidad de ser un lanzador estelar. Eso cambia por completo la dimensión de cualquier comparación.
Vivimos una época obsesionada con encontrar al próximo Babe Ruth o al nuevo Barry Bonds. Tal vez el error sea ese. Ohtani no está recorriendo un camino conocido. Está abriendo uno que nadie se había atrevido a recorrer en más de un siglo de béisbol moderno.
Su carrera avanza a ritmo de meteorito. No porque simplemente vaya rápido, sino porque todo lo que toca termina dejando huella. Un día firma el contrato más grande de la historia. Otro alcanza el 50-50. Después vuelve al montículo cuando muchos pensaban que no lo haría. Y ahora entra al exclusivo club de los 300 cuadrangulares antes que casi todos los grandes cañoneros que lo precedieron.
Lo más curioso es que cada nuevo récord parece durar menos que el anterior. Ohtani obliga al béisbol a mirar hacia adelante antes de terminar de comprender lo que acaba de suceder. Apenas se celebra una marca cuando ya está construyendo la siguiente.
Quizá ese sea el verdadero privilegio de esta generación. No estamos viendo únicamente a un extraordinario jugador de béisbol. Estamos siendo testigos de un deportista que cambió la conversación sobre lo que un pelotero puede hacer.
Durante décadas se enseñó que había que elegir entre lanzar o batear. Ohtani decidió no elegir.
Los 300 jonrones son otro capítulo, no el desenlace. Con apenas 32 años, todavía quedan demasiadas páginas por escribir. Y si algo ha demostrado hasta ahora es que la historia rara vez consigue alcanzarlo. Siempre va un paso detrás de él.
