El miércoles pasado, aquí en Miami, tuvo lugar la tradicional sesión-almuerzo de fin de año del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba, en el Exilio, CNPCE. Una institución con 76 años de vida, muy activa, iniciada en 1942, en La Habana y trasladada en 1962, por fuerza de la circunstancia castrocomunista, a Tallahassee, Florida, como la National Journalist Association of Cuba in Exile. Donde no hay libertad, no hay periodistas, sino hagiógrafos de los desgobernantes.

Como la corporación gremial que es, el CNPCE, vela por vigencia efectiva de las pautas esenciales, para tal ejercicio profesional. Aquí, en Estados Unidos y en cualquier otra parte del Mundo, siempre existen los intentos de opresión contra la auténtica comunicación social. En la tiranías, típicas o clásicas, por llamarlas de alguna forma, clausuran los medios independientes o mandan a sus operadores al exilio, la cárcel o al cementerio. En las democracias formales, las agresiones contra la información libre adoptan mecanismos más sutiles. Pero igual de perniciosos a través de grupos de presión y hasta criminales, que pugnan por imponer líneas editoriales acordes con intereses contrarios al interés colectivo. Para prevenir y exigir los correctivos necesarios, ha estado alerta el CNPCE, todos estos años a través de su activismo en todo Estados Unidos, Venezuela, Nicaragua, España y otros países donde opera.

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Pero no solo por la libertad de prensa, vive y late el CNPCE. La verdadera razón de su existencia, su ethos, en sus tres cuartos de siglo, ha sido, es y será la libertad de Cuba. Algunos se asombran de su tenacidad. Otros se sorprenden, por su supervivencia. El secreto ha sido la continua reinvención del CNPCE. “La Patria es América” parafraseaba a Simón Bolívar, en el evento del miércoles pasado el poeta Luis Comte Agüero, decano honorario de la Institución. Filosofía que en el plano práctico, se ha traducido en la apertura del CNPCE a jóvenes comunicadores no solo de Cuba sino de todo el ámbito latinoamericano.

Lo mismo en lo que se refiere al empleo de las nuevas herramientas de comunicación social. En este mismo momento, el decano en ejercicio, del CNPCE Salvador Romaní, le da los toques finales a un ambicioso proyecto de presencia en medios radioeléctricos y en las llamadas redes sociales. Todo enmarcado en una llama inextinguible: El afán libertario de Cuba, pero también de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y cualquier otro confín sumido en la miseria, moral y material, que significa el comunismo.

@omarestacio

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