Era diciembre 15 de 1999. Durante varios días caía una lluvia pertinaz sobre gran parte del territorio nacional, u201cel cielo encapotado anunciaba tempestad u201d... en realidad era mucho más que eso.
El finado Hugo Chávez anunciaba en cadena nacional, u201csi la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca u201d. La angustia de Chávez para ese momento no era cuántos damnificados, muertos o desaparecidos se producían a consecuencia del u201ctránsito de la montaña al mar u201d, su inquietud era la aprobación de una nueva Constitución, una nueva Carta Magna, impulsada por el propio teniente coronel.
Entraban las primeras horas de la noche y los venezolanos desconocíamos la verdadera situación de los estados afectados, los medios de comunicación empezarían tímidamente a reportar el evento que ha sido calificado u2013y con razón- la Tragedia de Vargas. Aunque afectó varias regiones del país y enlutó y marcó la vida de miles de venezolanos. Un día lleno de lágrimas y desesperanza... una tragedia premonitoria de lo que sería la historia reciente de Venezuela. n n Desde ese momento los venezolanos hemos sobrevivido u2013los que aún estamos aquí - de sobresalto en sobresalto. Se aprobó la nueva Constitución con más del 70% de los votos emitidos y con una abstención de más del 55%. Se nos prometió que con el librito azul Venezuela sería un mejor país, con inclusión y oportunidades para todos, un gobierno apegado a la justicia social, ético y moral donde se perseguiría implacablemente la corrupción y el delito. Para ello, se reorganizan los poderes públicos que pasaron de tres a cinco, creándose un poder electoral y otro moral. n n Hoy en día todos sabemos en lo que se convirtieron ambos y sus ejecutorias distan mucho de ser, uno garante de elecciones auténticas y transparentes y el otro, de mostrar, aparentar y exigir integridad. n n Se ejecutaron cambios para nuestra vida republicana e incluso se le cambió el nombre al país. Dejamos de ser República de Venezuela para llamarnos República Bolivariana de Venezuela u00bfQué más dejamos de ser? u00bfEn que nos convertimos? n n Ya no somos el pueblo generoso que el 15, 16, 17 y días subsiguientes de ese Diciembre del 99, salimos a ayudar a nuestros compatriotas afectados, a los coterráneos que lo habían perdido todo. Dejamos de ser el venezolano cordial y amistoso, reconocido por quienes venidos de otras tierras, se quedaron y echaron raíces en esta tierra. Ahora, desconocemos su trabajo denodado y productivo permitiendo u2013por acción u omisión- se les arrebate el fruto de años de labor y faena. n n En estos tiempos de revolución hemos asistido al despojo de tierras, fábricas, industrias, comercios y puestos de trabajos de miles de venezolanos. Hemos observado el saqueo de los dineros públicos de nuestra principal empresa, PDVSA, que se nos dijo u201cahora es de todos los venezolanos u201d.
Conocemos cómo se ha quebrado lo que se suponía sería u201cel milagro de Guayana u201d, y la justicia dejó de ser una dama ciega, lo que equivale a que ya no hay garantías para nadie. Cuando eso sucede, u201ccuando un pueblo desciende a esas infamias, está próximo a corromperse y aniquilarse u201c. n n Ahora permitimos que u201cmilicianos u201d escriban en nuestros brazos un número cuando formamos parte de las largas colas que debemos hacer para poder comprar un pollo o un pote de leche, en el mejor de los casos, porque en otros, nos dejamos tatuar la infamia para adquirir un plasma o una tosty arepa, aunque luego veamos una cadena cargada de insultos o no tengamos la harina para preparar las arepas. n n Así vamos... adecuándonos y/o acostumbrándonos a ser lo que un hombre que se autocalificaba de u201csoldado de la patria u201d soñó para usted mi querido amigo lector, para mí, para todos. En sobrevivientes de un deslave que arrojó piedras y barros enterrando a un pueblo bravío para convertirnos en una población que se alegra si consigue, pagando, algo que llevar a la casa que -por ahora- ocupa. n n Dios quiera, y como dice Juan Luis, no esté lejos el día en que llueva pero u201ccafé en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té, del cielo una jarrita de queso blanco, y al sur una montaña de berro y miel". n n Y nos volvamos a reconocer.