Esta semana iniciamos nuestro análisis político, en DIARIO LAS AMÉRICAS, recorriendo los senderos virtuales de algunas posturas controversiales, entre algunos miembros de la dirigencia opositora nacional, a raíz de una serie de hechos positivos ocurridos a nivel internacional, especialmente la resolución aprobada por mayoría de 19 delegados, en el seno de la Organización de Estados Americanos, OEA, desconociendo institucionalmente las elecciones fraudulentas y amañadas de la dictadura madurista.

A ello debemos agregar también el informe aprobatorio de solicitud de la OEA ante la Corte Penal Internacional para la apertura de una profunda investigación a los fines de establecer y calificar al régimen de Nicolás Maduro como autor de “delitos de lesa humanidad”, lo cual viene a dorar la perla a diversas personalidades opositoras.

El marcado fortalecimiento de las tesis de sanciones económicas y a funcionarios de la dictadura venezolana, liderada por Estados Unidos, Canadá, Unión Europea y los cancilleres del Grupo de Lima, presagian un final mucho más cercano de la tiranía de Maduro. Estas claras posiciones han causado mucha alegría entre los venezolanos y también han ayudado a apresurar el paso para algunas aspiraciones personales, grupales y de algunos sectores políticos.

Ya está en boga quién será “el sucesor” de Maduro y, por lo tanto, la puesta en marcha de diversas soterradas campañas personales y grupales en la búsqueda de la posibilidad real de ser el candidato presidencial, siempre y cuando se logre una negociación directa con el régimen, mediante las presiones, de aceptar ir a unas nuevas elecciones, con un nuevo CNE, con la participación de veedores internacionales de la OEA, la Unión Europea y los países latinoamericanos. Es solo una quimera, que en política es factible siempre de lograr. La política no tiene frontera y muchas veces límite alguno en su creatividad.

Lo risible es que las propuestas personales no son abordadas en forma directa, con un sentido amplio, tolerante y respetuoso de la gama variada de posibles aspirantes, con suficientes méritos políticos, académicos y profesionales. Hay algunos que sueñan con ser urgido por una decisión institucional del TSJ en exilio, otros más directos plantean la designación ya, por vía ejecutiva, de una “Junta Cívico Militar de Transición”, donde la posible mayoría de sus miembros sean de la llamada “resistencia”. Otros, que sea la Asamblea Nacional la que decida.

Todo al margen de las realidades políticas actuales, pecando de un amplio “narcisismo “ y falso protagonismo, como una forma de hacer política mediática. Hay quienes juegan a la política del descarte automático, usando el argumento de moda ODEBRECTH para desprestigiar a inocentes, mientras más suman a sus listas personales, posibles contrincantes, acusándolos de “corruptos”, “colaboracionistas” y otros epítetos de mala espina, piensan a que al final ellos quedarán “impúdicos y transparente” ante el electorado. ¡Que tristeza!

En lo personal tengo claro que el destino de la oposición venezolana debe pasar por la consolidación de una estrategia común, convergente, de amplia participación de todos los sectores políticos, sociales y económicos, sin exclusión de nadie, y que la selección definitiva de nuestro candidato presidencial tendrá que ser primero producto de un consenso nacional sobre un determinado nombre, y la otra, realizar unas primarias amplias y convergentes, asegurando que nuestro aspirante y futuro presidente sea electo con los votos favorables de todos los venezolanos amantes de la libertad, la democracia y el progreso, tal como lo anunciara el Dr. Omar Barboza, presidente de la Asamblea Nacional, en conferencia de prensa. ¡Es la hora de la grandeza de la patria!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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