En Italia se vive la era del Super Green Pass, que paulatinamente está llevando a un confinamiento obligado a los no vacunados, llamados popularmente Novax. Este pasaporte COVID-19 o “súper tarjeta verde” fue impuesto en diciembre, como un requisito obligatorio para frecuentar lugares cerrados como salas de restaurantes, teatros, gimnasios, congresos, museos o cualquier actividad de diversión; excluyéndose así a los no vacunados, que hasta entonces podían acceder a estos espacios simplemente presentando una PCR NEGATIVA al virus.

Luego, con la llegada del 2022, llegaron más restricciones contra los Novax: desde el lunes 09 de enero, el presidente del Consejo de Ministros Mario Draghi impuso que también era necesario estar vacunado o haberse curado del COVID – requisitos necesarios para obtener el Super Green Pass- para usar cualquier medio de transporte, asistir a fiestas privadas y para ir restaurantes al aire libre. Con esta medida, si no se tiene la vacuna, ni siquiera se puede tomar un café sentado en una terraza al abierto.

Te puede interesar

Pero no era suficiente, el pasado viernes 21 de enero, Draghi firmó un nuevo decreto que establece que a partir del 1º de febrero los Novax tampoco podrán entrar a comercios para adquirir bienes considerados no primarios, es decir no tendrán derecho al libre tránsito para la compra de bienes o servicios. Quien no esté vacunado sólo podrá comprar bienes de primera necesidad o ir al médico, y para ir al banco o entrar a una oficina de la administración pública deberán mostrar un PCR negativo. Incluso las personas de la tercera edad tendrán que hacerse una PCR al mes para poder retirar el dinero de su pensión en la Posta (el banco de la oficina de correos italiana).

¿Qué está sucediendo en Italia? El Super Green Pass se ha convertido en un mecanismo de control social al mejor estilo del Socialismo del Siglo XXI y los no vacunados son el enemigo interno que hay que vencer. Desde hace meses, los medios de comunicación italianos no hablan de otra cosa, los Novax “son negacionistas”, “son los culpables de la cuarta ola”, “acabarán en cuidados intensivos ocupando el lugar de los que realmente necesitan” y podría enumerar una larga lista de afirmaciones que se disparan a partir de testimonios evidentemente piloteados, sin ninguna base científica. Mientras que las redes sociales dan testimonio de numerosas protestas espontáneas contra las restricciones, pero que no son reseñadas por los grandes medios.

Al parecer, tener casi el 80% de la población vacunada no es suficiente para el gobierno Draghi. Esa minoría catalogada como Novax por los propios funcionarios del gobierno, aseguran que pone en riesgo a todo el país y debe ser perseguida por cualquier medio; aunque eso signifique vulnerar las garantías constitucionales, como el derecho al trabajo o las libertades personales.

Es la trampa de la cultura del odio, guión ya vivido en Venezuela en nombre de una ideología, el socialismo del siglo XXI: el plan incluye la creación del enemigo interno a denunciar, perseguir y derrotar con la lógica de la guerra, limitando toda libertad y utilizando sus propias estructuras civiles, lo que significa utilizar sectores de la población para tareas de inteligencia, para el enfrentamiento directo entre ciudadanos sin armas.

Así vemos en Italia a camareros o recepcionistas controlando quien tiene o no el Super Green Pass para permitir la entrada a un restaurante o a un edificio público. O, peor aún, en pocos días veremos vigilantes que sacarán de un hipermercado a algún no vacunado simplemente porque necesitaba comprarse algún objeto que no sea considerado por el gobierno como de primera necesidad.

Sin duda, existe un gran paralelismo ente el Super Green Pass de Mario Draghi y el Sistema Patria de Nicolás Maduro, en donde los venezolanos son obligados a inscribirse en una plataforma virtual para recibir el cobro del salario, las ayudas económicas y ser vacunados contra el virus COVID-19. En Italia se han atrevido a ir más allá, con el Super Green Pass se obliga a los ciudadanos a ponerse una vacuna para que puedan obtener el código QR que autoriza el acceso al trabajo o para poder circular libremente.

Primero Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro limitaron las libertades de los venezolanos en nombre de la lucha contra las desigualdades; Mario Dragui está limitando las libertades de los italianos en nombre de la lucha contra el COVID-19. Es evidente que lo que ocurre en Italia no es casual, pero para entender la gravedad de la situación hay que mirar más allá de la discusión entorno a las vacunas: hablo de la imposición de sistemas de control social y de la peligrosa prédica del odio/castigo de toda disidencia, deteriorando las relaciones sociales y destruyendo la convivencia incluso dentro de las familias. Esta es la atmósfera que se vive en Italia, una dictadura sanitaria.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Lo último

Encuesta

¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.79%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.68%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.54%
31593 votos

Las Más Leídas