Líderes del mundo, sin importar si son aliados o enemigos de los Estados Unidos, deben estar preocupados y asombrados ante el maremágnum político que se ha desatado en Washington.

Y es que en esta ocasión, Donald Trump tiene razón al señalar que las investigaciones sobre los presuntos vínculos rusos con su equipo de campaña presidencial, sin duda, están vulnerando la seguridad nacional de los Estados Unidos y su posición en el mundo.

Sin embargo, y a pesar de que la confianza pública en el Gobierno sigue en mínimos históricos según el Pew Research Center, los 225 años de tradición democrática ininterrumpida, con sus consabidos pesos y contrapesos, apuntan a que no hay otra alternativa, en aras de la estabilidad política, más que descubrir exactamente cuál es la verdad entre tantas acusaciones.

Esto significará que durante meses o tal vez incluso más tiempo, el Gobierno de Trump tendrá que asumir las consecuencias derivadas de los cuestionamientos a su integridad y honestidad.

Durante el lapso que dure esta averiguación, el Gobierno estadounidense puede caer en un vacío político, al ser incapaz de lograr la aprobación de legislaciones claves por parte de un Congreso que es cada vez más cauteloso e incapaz de generar o fortalecer alianzas estratégicas globales, debido al escepticismo generalizado hacia Trump.

Lo que suceda en Washington siempre tiene repercusiones en el resto del mundo. Un líder fuerte, estable y de confianza en la Casa Blanca, es tan importante para los aliados y socios internacionales, como para el pueblo estadounidense.

La designación por parte del Departamento de Justicia de Robert Mueller, el ex director del FBI, para liderar la investigación sobre supuestas complicidades con Moscú, trajo cierta calma a la opinión pública.

Mueller es una figura ampliamente respetada y, sin duda, cuenta con la confianza bipartidista y la independencia necesaria para llevar a cabo sus responsabilidades con la misma dedicación que demostró antes, cuando sirvió como director del FBI durante 13 años.

Para el beneficio de todos, Trump deberá dejar a Mueller continuar con sus obligaciones y abstenerse de hacer comentarios sobre él en los próximos meses y tratar de seguir su programa de gobierno, enfocarse en impulsar sus políticas y construir nuevas relaciones cuando sea necesario.

Si Trump sigue obsesionado con lo que ha llamado una cacería de brujas en su contra, será un mandatario incapaz de gobernar, pues si las acusaciones sobre la conexión rusa han incrementado las divisiones en el país, Estados Unidos seguirá siendo una nación dividida hasta que Mueller y su equipo no completen su trabajo.

Si demuestran que no hubo connivencia con Moscú, la administración Trump tomará un renovado impulso que ayudará a refrescar el ánimo del Congreso y el país, aunque muchos de los partidarios del Presidente lo respalden tanto como antes y descarten cualquier sospecha de enlaces con Rusia.

Sin embargo, hasta que la investigación termine Trump tendrá que seguir luchando para mantener la estabilidad de su administración, mientras la espada de Damocles pende sobre su cabeza. Y aunque el mandatario considera que toda esa debacle es injusta y es parte de un complot político de sus enemigos, es fácil avizorar que se avecinan momentos difíciles para la Casa Blanca.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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