La reflexión es pertinente, ante la asistencia del Encargado de Negocios de El Vaticano a la “toma de posesión” de Nicolás Maduro el pasado 10 de enero. El gentío se alborota en las redes sociales y de forma muy comprensible, arremete contra Francisco I por tales beatificaciones ¡perdón! acompañamientos. Pero “La Santa Sede -justifica su caporedattore, Alessandro Gisoti- tiene como finalidad promover el bien común, tutelar la paz y garantizar el respeto de la dignidad humana”.

Lo que ocurre es que la Iglesia, más sabe por diabla, que por Iglesia. Por algo, las puertas del Infierno no han prevalecido en su contra a lo largo de estos 21 siglos. “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Hay quienes las tiran, pero esconden la mano.

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Días atrás, repasaba la conducta de Pío XII, ante el genocidio de Adolfo Hitler. Idéntica, a la adoptada por Bergoglio con el desgobierno paria de Maduro: Bien con Dios y bien con el Diablo, en esos dos casos específicos personificados por Hitler y Maduro, no menos genocida.

El cura Pacelli, se fotografiaba en la Sala Pontificia con el Führer, por un lado, y por el otro, les daba carta blanca a los sacerdotes de toda Europa, para que protegieran a los judíos perseguidos por los nazis. Hasta en la residencia papal de Castel Gandolfo, escondieron los párrocos de la localidad a quienes de otra forma hubiesen sido, calcinados en Auschiwitz, Treblinka, Belzec, Chelmo. Nadie, en su sano juicio, puede creer que tales amparos eran a espaldas de Pío XII, ni que este último desconocía, como se defendió después, lo que estaba ocurriendo en los hornos crematorios.

La misma receta vaticana aplicada a la tragedia de Venezuela. Mientras Francisco I, juega al ajedrez de la política con Maduro, le envía su Nuncio al primer besamanos o se hace el desentendido de los linchamientos en “La Tumba”, “Ramo Verde”, o desde el décimo piso de la sede central del SEBIN, solivianta a nuestra Conferencia Episcopal, para que se ponga respondona frente a las tropelías de la hiena cucuteña. Con lo dicho, tampoco pretendemos que nuestra feligresía no le reclame a Berglogio posición tan esquiva. Hay que reclamárselo, de manera acre, firme, incesante, aunque sin irrespetar a nadie. “Yo, conozco tus obras que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, te vomitaré de mi boca”. (Apocalipsis 3:15-19).

Restaría una advertencia final, a Su Santidad Francisco I: que a la caída de la narcosatrapía no les vaya a facilitar evasión a Maduro y sus compinches, como Pío XII, sí se prestó para las fugas, a la Argentina, de numerosos nazis perpetradores de crímenes atroces. A menos que se haya propuesto que todos los venezolanos, lo vomitemos desde lo más profundo de nuestros intestinos y acabemos excomulgados.

@omarestacio

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