En los albores de su segundo año, al frente del Gobierno, Donald Trump ha aprendido otra dura lección. Esta vez de la mano de aquellos a quienes consideraba amigos y aliados.

El reciente impasse surgido entre el Presidente y Steve Bannon, antiguo jefe de estrategia y exasesor de la Casa Blanca, muestra como la confianza puede ser un arma de doble filo, especialmente en la política.

Todo esto es gracias al nuevo libro titulado Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump, escrito por Michael Wolff, que ha puesto en pie de guerra la otrora cercana relación entre el mandatario y su ahora exconsejero.

Bannon, valiéndose de la posición privilegiada que tuvo en la Casa Blanca, cooperó con Wolf y le suministró opiniones y detalles explícitos, poco halagadores, sobre el entorno de Trump y sus intimidades.

No es de extrañar que la publicación haya provocado la ira del Presidente.

Supuestamente escrito sobre la base de testimonios anónimos, de más de 200 personas cercanas a la campaña y a la administración Trump, incluido Bannon, el relato presenta una versión sensacionalista del actual Jefe de Estado, poniendo especial atención en sus sorpresivos cambios de humor, que sugieren una personalidad inestable y lo hace incapaz de asumir las riendas del país.

Según el relato, esta situación se hace evidente desde el momento en que Trump comenzó a darse cuenta de que vencería a Hillary Clinton.

La imagen de un candidato, aparentemente horrorizado ante la idea de ganar las elecciones y convertirse en el próximo líder del mundo libre, es contraria a la percepción general que se tiene del magnate que llegó a la Casa Blanca.

Siempre pareció muy seguro de querer la presidencia más que cualquier otra cosa e incluso, cuando derrotó a Clinton, sus dos palabras favoritas fueron: "Yo gané".

Así que esta interpretación sobre Trump, cuando estaba a punto de cumplir sus sueños de poder, parece difícil de creer, pero en todo caso, el daño ya está hecho, agravado por la circunstancia de que las críticas provienen de fuentes cercanas al entorno presidencial.

Es difícil distinguir qué parte del libro hace honor a la verdad y qué contenido responde más a una sed de venganza que busca exagerar las debilidades de Trump.

Sin embargo, a pesar de su mea culpa tardía, la decisión de Bannon de “filtrar detalles” a Wolff, fue una clara señal de cómo la selección de un personal inadecuado puede comprometer seriamente la gestión de un presidente.

La deslealtad de Bannon es realmente impactante y habla más de su naturaleza que de la Trump, aunque fuera recientemente despedido por el Presidente, después de haber servido siete meses como su principal estratega.

Ya sea que las historias del libro sean creíbles o no, las revelaciones sirven para propiciar un clima de mayor confusión política y sembrar un manto de dudas sobre el equipo de confianza del presidente Trump.

Por su parte, Trump ha tratado de desestimar el impacto, calificando a Bannon como un asesor insignificante, aunque es bien sabido éste que tuvo un papel importante en su camino a la Casa Blanca.

La misma táctica fue utilizada con Mike Flynn, exasesor de seguridad nacional, cuando decidió cooperar con Robert Mueller, el fiscal especial que investiga las acusaciones de la supuesta conspiración rusa durante las pasadas elecciones presidenciales.

La influencia de Flynn también fue considerada en su momento como irrelevante.

Al parecer, lealtad y traición se han convertido en “sinónimos” dentro del Gobierno de Trump.

Los recientes hechos han demostrado que el Presidente no podrá confiar totalmente en nadie y eso es grave, no solo para él, sino para la seguridad de su gestión gubernamental.

Con la investigación de Mueller colgando sobre su cabeza, Trump está presidiendo un gobierno acosado por la sospecha, la ira y la duda.

El nuevo libro ha resaltado los peores aspectos del estilo presidencial y ha recalcado su falta de criterio por rodearse de gente que ha demostrado ser desleal y vengativa.

Éste no será el único libro de este tipo. Seguramente habrá otros, y Trump debe estar preguntándose quién será el próximo en atacarlo por escrito.

Todos los presidentes estadounidenses han tenido que enfrentarse a medios o a escritores hostiles, en algún momento de sus administraciones. Pero Trump realmente no ha tenido alivio ni pausa, desde que asumió el cargo hace casi un año, lo cual da cuenta de cómo un país dividido no puede funcionar bien.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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