En los últimos días, como nos tienen acostumbrados los diversos sectores de oposición en Venezuela en su afán de autodestruirse políticamente, presenciamos otro debate de agresiones destempladas, dirigidas y perfectamente organizada, por las supuestas mentes lucidas del “liderazgo opositor” en Caracas, España, Nueva York y Miami, dirigiendo sus baterías ahora a hacia la presidencia del Dr. Omar Barboza y a todos los diputados directivos de la legítima Asamblea Nacional. ¡Inaudito!...

La “piedra de tranca” o “let motiv” de la disidencia es producto de una supuesta o no doble nacionalidad del presidente del Tribunal Supremo de Justicia, en el exilio, Dr. Miguel Ángel Martin, a quien un colega abogado, Amador José Valles Méndez, “quien en carta dirigida la directiva de la AN, con fecha 10 de julio, publicada en el diario venezolano El Universal, alerta que teniendo este Magistrado Martin doble nacionalidad venezolano-español “carecen de legalidad” sus actuaciones y finaliza manifestando que “no cumple con los requisitos para el cargo al que fue designado”. Tiene la palabra el Dr. Martin para responder esta interrogante y disipar cualquier duda al respecto.

Lo más grave no es el enfrentamiento público desmoralizante, sino el supuesto trasfondo de esas reacciones acaloradas y violentas en algunos personeros de la “inquisición opositora”. Para nadie es un secreto que existe una tendencia cada vez más creciente entre algunos líderes opositores de buscar la solución definitiva, no en territorio venezolano, sino fuera de él, como por ejemplo la llamada “invasión humanitaria”, apoyada por fuerzas militares de USA y de otros países. La otra es el llamado nombramiento de un “gobierno de transición nacional" en el exilio, presidido por alguien, con una diferencia sustancial, que no represente a la voluntad de los partidos políticos que hacen vida parlamentaria en la AN legítima, sino más bien a los “ciudadanos de a pie”.” El “Gallo Tapao” ya tiene nombre.

Según las especulaciones e informaciones recibidas, los ataques dirigidos a la directiva de la Asamblea Nacional legítima, en este caso específico, es pretender imponer precisamente a la figura del actual presidente del TSJ, cuestionado por varios colegas de profesión, como “presidente del gobierno nacional de transición”, en vez de la figura del presidente, independientemente de la persona que esté en el ejercicio de esa privilegiada posición constitucional, de la Asamblea Nacional legítima, a los fines de evitar que ocupe la sucesión natural institucional, como correspondería por tradición histórica y jurisprudencia anterior, ya que no existe esa figura en la actual Constitución Bolivariana, como lo era en el pasado.

Este juego maquiavélico es secundado por quienes están conscientes que sus nombres no estarían “ranqueados” dentro de los parámetros constitucionales, jurídicos y políticos, exigidos por los miembros de la comunidad internacional y de las organizaciones regionales que apoyan y lideran el rescate de la democracia en libertad en Venezuela, como el caso de la OEA y su secretario general, embajador Luis Almagro. Nadie aprobará o facilitará una resolución institucional que vaya contra los principios constitucionales, valores éticos y soberanía de los países.

Si en teoría una decisión de tanta importancia en la política hemisférica se tomara, no tengo duda de que el presidente de la Asamblea Nacional genuina tendría la primera opción por una razón fundamental, la soberanía del voto popular en elecciones abiertas y democráticas eligió directamente a sus diputados en comicios libres, y debido a ello, la Constitución Nacional Bolivariana los faculta para cumplir sus responsabilidades institucionales. En el caso de la otra teoría su debilidad es precisamente que carecen de estas cualidades y son designados por la plenaria de la Asamblea por delegación constitucional.

Necesitamos una oposición seria, unida, transparente, solidaria, democrática, sin vínculos con intereses económicos que la mediaticen, pero fundamentalmente institucional, que nos se preste a maniobras y campañas mediáticas negativas en contra de sus aliados políticos naturales.

Como una posición estratégica y de honor, debemos defender y proteger a nuestra Asamblea Nacional, único sostén democrático que tenemos dentro de la dictadura férrea impuesta por Maduro al país.

Los ataques y desplantes contra la Asamblea Nacional, tratando de descalificarla, son un arma a favor del régimen, quienes ya han anunciado a través del “Zar Diosdado” estar prestos a convocar un referendo para desconocer su existencia e imponer una nueva correlación de fuerza por el fraude y la componenda, es decir, una nueva AN Bolivariana a su servicio. ¿Es lo que quieren los “inquisidores del trapiche opositor”? ¡Recojan su “Gallo Tapao!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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