jueves 5  de  marzo 2026
OPINIÓN

Globalización o rebatiña de la gobernanza internacional

60 años se tomó la Relatoría de Naciones Unidas, creada especialmente para ello, lo que a varios grupos de activistas les tomó semanas: concluir que las misiones internacionales de médicos cubanos constituían esclavitud contemporánea

Diario las Américas | OMAR JESÚS ESTACIO
Por OMAR JESÚS ESTACIO

Si ya no estaba muerta, los bombardeos de las fuerzas conjuntas de EEUU, y de Israel contra la República Islámica de Irán, iniciados el 28 del mes pasado, parecen haberle rezado a la Organización de las Naciones Unidas, ONU, su responso definitivo.

Ya el 14 de ese mismo febrero, en la Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich, República Federal de Alemania, Marco Rubio, Secretario de Estado del gobierno presidido por el señor Trump, había insistido en la absoluta inutilidad del sistema de Naciones Unidas y sus entes colaterales.

A saber y eso para referirnos a los conflictos más recientes: El de la Franja de Gaza; el de la invasión de Ucrania por parte de la Rusia del envenenador de Vladimir Putin; en la operación “Resolución Absoluta” que culminó con la “extracción” del presidente ilegítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa la madrugada del pasado tres de enero.

La llamada "responsabilidad residual" de la comunidad de naciones, de la que tanto alardeaba el “Informe del Milenio 2000” presentado por el entonces, secretario general, Kofi Annan –contra quien pesaron, dicho sea muy de paso, serios indicios de corrupción en concierto con su propio hijo– que se activaría, cuando un Estado, no cumpliese su responsabilidad elemental, de proteger a sus ciudadanos. O cuando el propio Estado fuese el agente de crímenes y atrocidades contra su población, quedó en papel mojado.

La “Junta de Paz”, con prescindencia absoluta de los llamados organismos multilaterales, instalada el 19 del mes pasado, en Washington, D.C., cuyo propósito específico es el de gestionar la reconstrucción y la paz de la Franja de Gaza, ha conseguido un fondo inicial que se estima en 17.000 millones de dólares para sus gestiones.

El estimado de gastos de la Organización de las Naciones Unidas para el corriente 2026 es a muy duras penas de US$ 5.840 millones.

La diferencia abismal entre ambos presupuestos habla por sí sola.

Hasta los Estados más gamberros del planeta tienen la convicción de la irrelevancia de las resoluciones —condenatorias o absolutorias de sus crímenes aberrantes— del sistema constituido apenas concluida la Segunda Guerra Mundial. De allí lo remisos que se han vuelto a la hora de invertir sus dólares, para que los vagos de servicios como como la referida ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Penal Internacional, la Organización Panamericana de la Salud; para que los frotaesquinas de las numerosas ONG, que pululan alrededor de tales sistemas, la “pasen gordo” en los bares y restaurantes “queers” aledaños a las sedes de los entes multilaterales en referencia. Todavía se escucha, en los salones en los que se delibera para no concluir en nada, el “¡Hola, gordo!”, característico del llamado decano del servicio exterior de Venezuela, el muy crápula.

Hans Morgenthau fue de los primeros en fustigar la cesión parcial de las soberanías nacionales en tal clase de foros: “La política internacional, no se guía por la moral, ni por ideales universales, sino por el interés nacional definido como poder”.

Carl Schmitt, con todo lo antipático que nos resulte por sus coqueteos con el Tercer Reich, lo afirmaba: “El verdadero soberano internacional es el Estado, único capaz de apartarse del derecho y la Justicia sin desaparecer”.

Las cada vez más crecientes iniciativas de promover, ya sean arreglos de paz o convenios comerciales, fuera del ámbito de los entes multilaterales tradicionales encajan en el antiglobalismo en su vertiente “soberanista”, con epicentro en el Make America Great Again o MAGA a partir de enero de 2025.

60 años se tardó la Relatoría de las Naciones Unidas, creada especialmente para ello, lo que a varios grupos de activistas les tomó semanas: concluir pruebas a canto que las llamadas 'misiones' de médicos cubanos en el extranjero constituían esclavitud contemporánea, doliente y pestilente. El entramado de corrupción de fiscales, jefes y magistrados de la Corte Penal Internacional no ha sido capaz, en 22 años de '¿funcionamiento?', de levantarle, ni siquiera, un ticket por tragarse la luz roja de un semáforo a los chavistas, perpetradores de crímenes de lesa humanidad.

¿Hacerles reparaciones menores a los existentes organismos internacionales, buenos para nada o casi nada? ¿Repartir, muy orwelianos, la gobernanza internacional entre las naciones con mayor capacidad de fuego?

Parece que no hay lugar para términos medios.

@omarestacio

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