jueves 5  de  marzo 2026
OPINIÓN

Nicolasito y Jack el Destripador

La referencia macabra del hijo del dictador no tiene por qué ser subestimada. Con su descripción, Nicolasito evidencia una ausencia total de empatía

Diario las Américas | IBÉYISE PACHECO
Por IBÉYISE PACHECO

Nicolás Maduro Guerra -en adelante Nicolasito- sonrió a la entrevistadora Margarita Oropeza ante las cámaras de Venevision y con desenfado afirmó: “Vamos por partes, dice Jack el Destripador”. El despliegue referencial lo utilizó en aras de detallar descriptivamente el momento político del país, así como las gestiones gubernamentales, bajo su mirada de analista-dirigente que parece asumir como si fuese una autoridad reconocida.

La alusión a un asesino serial que degollaba a sus víctimas, símbolo histórico del horror e impunidad, y utilizarlo para referirse al estilo de gobernar de este periodo temporal no lo veo casual.

A final de cuentas, una de las “obras” del chavismo ha sido desmembrar la vida de sus ciudadanos, cercenar al país igual que Jack el Destripador les quitaba la vida a sus víctimas.

La referencia macabra del hijo del dictador no tiene por qué ser subestimada. Con su descripción, Nicolasito evidencia una ausencia total de empatía -heredada obviamente de su padre- con tendencia a trivializar asuntos importantes que en muchas ocasiones han causado dolor en la población.

Recordemos que Jack el Destripador fue un asesino en serie que en 1888 operó en Londres, donde ejecutó despiadadamente a mujeres desasistidas.

La ligereza de Nicolasito, su ausencia de empatía, pueden ser comparadas con lo que Hannah Arendt definió como la banalidad del mal. Refería ella que no necesariamente se trataba de monstruos histéricos; suelen ser burócratas normales, incapaces de dimensionar el daño que ejecutan, lo cual los hace aún más peligrosos.

Se trata de una actitud reveladora de su desconexión moral que con desparpajo pretende normalizar la violencia. Lo hace, además, bajo la impunidad de sentirse con derecho a plantarse frente a una cámara de televisión a trivializar el dolor.

En paralelo, podría decirse que algo hay de cierto en el descuartizamiento. El cercenamiento como país se ha ejecutado en muchas facetas. Las familias, el salario, los derechos, la libertad, la esperanza…

Ese comportamiento pretendidamente gracioso desde el poder es despreciable. El chiste no es un chiste. Como no lo son los pobres hambrientos y enfermos, los ancianos abandonados, los injustamente presos torturados, la ausencia de democracia y del estado de derecho.

Lo de Nicolasito es cinismo.

Otro ángulo relevante sobre el peculiar personaje al que el hijo del dictador echa mano para explicar cómo quienes detentan el poder están haciendo las cosas en Venezuela es que las víctimas del asesino serial de Londres eran mujeres pobres, indefensas, tratadas por un sector como material de desecho.

Este desenfado de Nicolasito de comparar las gestiones supuestamente exitosas del actual gobierno interino con el “vamos por partes” de Jack el Destripador lo refiere ¿por ignorancia histórica? ¿por frivolidad? ¿cinismo?; o lo peor, por ausencia de empatía porque el dolor del prójimo le importa tan poco que lo utiliza como chiste.

No tengo por qué creer que lo de Nicolasito es un humor negro inocente. En todo caso, es imperdonable su superficialidad intelectual. Ya está bastante grandecito para la gracia. Si se siente adulto como para ocupar cargos públicos de relevancia, aprobar o desaprobar leyes en la Asamblea Nacional y decidir sobre recursos públicos, se supone que entonces debería tener capacidad de discernir sobre lo que dice ante las cámaras de televisión que agigantaron la desconexión empática de quien se siente empoderado por haber heredado el trono.

En realidad, no sé qué es más grave, si su ignorancia o su frivolidad. Banalizar sobre quienes sufren lo señala como un hombre peligroso que no siente empatía por los venezolanos, especialmente los más débiles.

Así que ese “vamos por partes”, para registrar los pasos de la actual realidad política en boca del hijo del dictador ahora preso en Nueva York, es un oscuro meme que no divierte y que, al contrario, revela su incapacidad de valorar el dolor colectivo.

Y algo igualmente grave: puede hacer una broma sobre un descuartizador porque el concepto de mutilación no le estremece.

La mediocridad del liderazgo de estos últimos años ha ido deformando el lenguaje de quienes detentan el poder. Pero más grave aún, el desprecio por lo demás es publicitado.

Es tiempo de volver a la decencia. Es urgente sacudir a los irrespetuosos. La pobreza no es un chiste, ni tampoco el dolor de millones de venezolanos. ¿O acaso Nicolasito se ríe de los miles de memes que corren por las redes sociales sobre su

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar