Kevin Martínez, de 9 años, está feliz. Acaba de terminar con magníficas notas su 5to grado en una escuela de Hialeah. Recuerdo que hace un año, recién llegado de Cuba, visitó mi casa con su padre. Entonces lo noté algo ansioso y preocupado sobre cómo lidiar con el inglés. Ahora le pregunté cómo le había ido con el idioma. “¡Pasé para ESOL 2!”, y me regaló una sonrisa inmensa.

El ESOL, que toma las siglas de English for Speakers of Other Languages, es el programa básico de enseñanza para estudiantes de otras lenguas. Se imparte en cuatro niveles y, una vez que el estudiante ha alcanzado un nivel aceptable de dominio del idioma, se incorpora a las clases regulares. Otros instrumentos educativos, utilizados en el aula, confluyen en el objetivo de asegurar el aprendizaje.

El caso de Kevin demuestra la importancia de dedicar recursos suficientes a la atención escolar integral para estudiantes de inglés, sobre todo, inmigrantes. Sin embargo, no todos lo ven así.

Me cuentan de una directora de escuela, por cierto, foreign born, quien sostiene que ella aprendió el idioma sin esa muleta y que “para nadar hay que tirarse al agua”. Al parecer, olvidó que los procesos de aprendizaje ni son idénticos ni las experiencias personales generalizables. Cada niño trae de su país de origen niveles de instrucción, hábitos culturales y actitudes y aptitudes diferentes.

Mi hija —ahora estudiante de Medicina en New York— me confesó recientemente que durante sus primeras semanas en la escuela primaria Silver Bluff, en Miami, lloró muchísimo, pues no entendía absolutamente nada. ¿Se imaginan pasar todo el día recibiendo clases en una lengua que les resulte incomprensible?

La adaptación a un nuevo país es un proceso difícil incluso para los adultos. Para los infantes lo es mucho más. Ya se sabe que, a la vuelta de los años, los segundos aprenderán el inglés: unos con más rapidez; otros con mayores destrezas. Pero todos lo dominarán, como condición de su avance profesional y humano.

Apoyo psicológico

Las clases de ESOL no solo facilitan el tránsito desde el punto de vista lingüístico y gnoseológico, sino que constituyen un formidable apoyo psicológico. Digamos que garantizan un aprendizaje del idioma “sin dolor”, o, al menos, con dolor atenuado. Sin lágrimas.

Hoy asistí a una de esas clases en Miami Springs Elementary. Había ocho niños de 5to grado que acaban de terminar ESOL 1. Son de Cuba, Brasil, Puerto Rico y Venezuela. Bajo la dirección de la maestra se presentaron y me hicieron preguntas sencillas; leyeron con fluidez un texto, fueron a la pizarra y llenaron correctamente los espacios en blanco. Y se rieron y alborotaron como celebrando sus avances en ese idioma que cada vez será más suyo. Fue muy estimulante.It’s the real thing!

Los estudiantes que aprenden inglés (English Learners, EL) son el subgrupo que crece con mayor rapidez en el país y representan casi el 10 por ciento de toda la matrícula de las escuelas públicas. Esos alumnos —más de 5 millones en los 50 estados y territorios— hablan más de 150 idiomas de todo el mundo. Más del 70 por ciento de ellos lo hace en español.

En la actualidad, se cuentan 72,000 EL en Miami-Dade. Según el Departamento de Educación de la Florida, el distrito escolar se destaca por sus notables resultados en niveles de conocimiento del idioma.

No todo brilla en ESOL

Con todo, aún se puede hacer más. Existen escuelas donde apenas se presta atención al programa ESOL y a muchos docentes que ocupan formalmente la plaza se les asignan otras tareas. Además, se sabe que los maestros de aula están demasiado cargados de trabajo y estadísticas para atender personalmente, como sería recomendable, a alumnos con bajo aprovechamiento. Cabe mencionar que aún falta el monitoreo necesario para conocer el desarrollo de los estudiantes una vez que dejan de estar en el programa.

La preparación de los educadores es otro problema. Hace un año, un artículo de Diana Quintero y Michael Hansen, del Brown Center on Education Policy, en Washington, alertaba de que “los maestros no están suficientemente preparados para este creciente segmento de la población estudiantil”, y que el apoyo federal y estatal resultaba pobre. (English learners and the growing need for qualified teachers).

Pues bien, varios programas, entre ellos ESOL, pudieran afectarse de progresar las intenciones de la Florida para seguir evadiendo el cumplimiento de las regulaciones de “Cada estudiante triunfa”, ESSA (por sus siglas en inglés), la principal ley de educación para las escuelas públicas en el país, marco que establece el gobierno federal para los estados.

Lamentablemente, Tallahassee se muestra remisa a cumplir los requisitos estipulados para proteger a minorías. Por ejemplo, quiere impedir, contra toda lógica, que se evalúe el progreso en conocimientos generales (estudios sociales, ciencias, matemáticas) utilizando el idioma nativo del educando. Para quienes dan sus primeros pasos en un nuevo idioma, ello deviene en una fuente innecesaria de frustración.

Asimismo, cuando se trata de rendir cuentas, el estado pretende descartar el desempeño de los estudiantes de inglés. De igual modo, se rehúsa a incluir los resultados del resto de las asignaturas. El propósito es claro: presentar una imagen más favorable, escondiendo cifras comprometedoras.

Malas noticias

Por si fuera poco, el Departamento de Educación de la Florida ha reiterado que una de sus metas es lograr que los English Learners alcancen “su nivel de competencia en el menor tiempo posible”. Ya existe la preocupación —entre maestros, funcionarios de educación y líderes de organizaciones civiles— de que acelerar tal proceso puede abrillantar los informes, pero a costa de perjudicar el aprendizaje del idioma y lesionar los resultados académicos en el futuro.

Para empeorar las cosas, la reorganización en curso del Departamento de Educación del país pudiera traer aparejada la eliminación de la Oficina de Adquisición del Idioma Inglés (OELA, por sus siglas en inglés), lo cual repercutiría negativamente en las aulas donde se enseña la lengua a inmigrantes de primera y segunda generación.

Mari Corugedo, directora estatal de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés), estima que tanto la jefa del departamento de Educación, Pam Stewart, como el gobernador Rick Scott, “son responsables de dejar sin protección a grupos vulnerables, entre ellos, los estudiantes de inglés”. La también maestra de ESOL no cree que el Departamento de Educación se avenga a modificar su plan, salvo que reciba la indicación desde Washington.

Exigencias a Tallahassee

Nadie asegura que el “úkase” llegará, pero la presión para que ocurra ha sido enorme. Ya desde septiembre de 2017 casi 100 organizaciones exigieron una revisión del plan estatal. Durante 2018 numerosas alcaldías de los condados Miami-Dade y Broward aprobaron resoluciones solicitando lo mismo. Y por estos días congresistas demócratas han apelado a la secretaria de Educación Betsy DeVos para que ejecute la ley ESSA y obligue a los estados a cumplirla cabalmente.

Y los reclamos no cesan. La convención estatal de LULAC Florida, que se llevará a cabo del 15 al 16 de junio en Miami, abordará este tema junto a otras cuestiones como el aprendizaje del inglés en inmigrantes adolescentes, la educación de la primera infancia, el bilingüismo y la enseñanza del español. Los interesados en asistir —la entrada es gratuita— pueden pulsar aquí.

Mientras tanto, la familia de Kevin, como tantas familias hispanas, ignoran el intríngulis de la burocracia en Tallahassee y Washington y las intensas batallas que se libran para garantizar una educación de calidad para todos, un principio de la democracia americana.

El fin de curso, con la alegría de los buenos resultados, aviva la esperanza. Las lágrimas quedan atrás.

Periodista, profesor de Nova Southeastern University
emilscj@gmail.com
www.sehablaespanolblog.wordpress.com

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